Mientras para muchos jóvenes el verano es sinónimo de vacaciones, viajes, fiestas, ir al pueblo, otros aprovechan estos meses para incorporarse al mercado laboral, ganar su primer sueldo y empezar a ser algo más independientes. Es el caso de Valentín Lyubomirov y Guillermo Méndez, dos jóvenes leoneses de 19 y 20 años que pasan buena parte de estos meses trabajando,uno como socorrista y otro como monitor de natación. en las piscinas de Villanueva del Condado, un pueblo en el municipio de Vegas del Condado, de poco mas de mil habitantes.
Valentín tiene 19 años, pero acumula ya varios veranos de experiencia. Se sacó el título de socorrista con solo 15 y comenzó a trabajar al año siguiente, con 16. La idea surgió en parte por insistencia de su madre, que le animaba a continuar formándose y acumulando titulaciones, aunque también ayudó su afición por la natación. "A mí me gustaba nadar un montón, se dio la oportunidad y la verdad que estoy encantado" Durante el resto del año estudia, tras terminar Bachillerato, Valentín comenzó a preparar las oposiciones a Policía y actualmente concentra su actividad laboral en los meses de verano. Lejos de vivirlo como una renuncia a sus vacaciones, asegura que trabajar le permite mantener una rutina y aprovechar mejor los días. "Es una forma diferente y más entretenida de pasar el verano, tener una rutina y ganarte tu propio sueldo", señala.
Y desmonta también una de las ideas que pueden echar atrás a otros jóvenes: que trabajar en verano significa perderse todos los planes. "Me da tiempo a hacer de todo, a quedar con los amigos. Los trabajos de verano están bien organizados y muchos jefes suelen ser flexibles", cuenta. Además, su grupo de amigos conoce sus horarios y trata de adaptar los planes para que puedan coincidir todos. «Mis amigos ya saben qué días trabajamos e intentamos organizar los planes buenos siempre que podamos todos».
Más allá del dinero, Valentín reconoce que comenzar a trabajar tan joven le ha obligado a asumir responsabilidades. Pasar horas vigilando una piscina implica estar pendiente constantemente de lo que ocurre dentro y fuera del agua, tratar con usuarios de todas las edades y, en ocasiones, intervenir.
"Te ayuda a madurar un poco, estar de cara al público, relacionarte con la gente y estar más pendiente"
Su experiencia le ha dejado también algún susto. Antes de llegar a las piscinas de Villanueva trabajó en un parque acuático, donde tuvo que intervenir en varios incidentes dentro del agua. "Tuve que rescatar a gente de varios ahogamientos, por suerte no llegaron a gran cosa", recuerda. Ya en Villanueva, durante unos cursillos, tuvo que sacar del agua a una mujer mayor después de que se le soltara el cinturón que utilizaba para mantenerse flotando.
Aunque desde fuera pueda parecer un trabajo tranquilo, insiste en que la responsabilidad nunca desaparece. "Te pasas ocho horas debajo de una sombrilla y hay que estar pendiente. Como tal no es un trabajo exigente físicamente, pero estar varias horas aquí conlleva su responsabilidad", asegura el joven.
Valentín tiene claro que prefiere guardar buena parte de lo que gana durante estos meses. "Trabajo para ahorrar, para no depender tanto de mi madre, si quiero algún capricho, no tener que estar pidiéndole dinero todo el día", cuenta.
"Te sientes orgulloso de tener tus cosas y valorar el esfuerzo que haces"
A pocos metros de él trabaja Guillermo, que tiene 20 años y este es su primer verano como monitor de natación. Había trabajado anteriormente como monitor de sala en gimnasios mientras cursaba una FP de Acondicionamiento Físico y se sacaba los títulos de socorrista y monitor, pero nunca había utilizado el verano para trabajar.
Su primera intención era precisamente ocupar una plaza de socorrista, aunque cuando llegó ya estaban cubiertas. Tener también la titulación de monitor le abrió otra puerta y la decisión de aceptar fue sencilla. "Era un tiempo donde no solía hacer mucho y venir por las mañanas dos horas y ganar un dinero en verano era algo que me iba a venir bien", reconoce. Además, su pueblo es San Cipriano del Condado, por lo que desplazarse hasta las piscinas no le supone un gran esfuerzo ya que se sitúa a tan solo tres minutos en coche de Villanueva.
Su jornada se concentra en apenas dos horas y está dividida en tres cursillos con perfiles muy diferentes. Primero trabaja con mujeres mayores, después con niños de entre 10 y 15 años y, finalmente, con los más pequeños, de entre seis y diez años. Las clases también cambian dependiendo del grupo. "Con las señoras hago ejercicios más relajados, aquagym - que les encanta- o algún baile; con los niños medianos realizo ejercicios para que sepan nadar bien y con los pequeños buscamos que pierdan el miedo al agua y aprendan a nadar", explica. Trabajar con niños es precisamente una de las partes que más le está enseñando, pero también una de las más complicadas, "Sobre todo con los de entre 10 y 15 años, lo más difícil es que te atiendan, porque están a lo suyo y hablan entre ellos", reconoce entre risas.

Como Valentín, tampoco siente que trabajar le haya robado el verano. Termina su jornada por la mañana y conserva el resto del día y los fines de semana para hacer sus propios planes. "Después tengo toda la tarde libre, puedo ir a León o salir con mis amigos del pueblo"
Distinto es el caso del de su compañero, ya que el dinero que Guillermo gane estos meses ya tiene destino: "Mi objetivo era trabajar este verano para poder comprarme una bici al acabar", explica Guillermo, que es un gran aficionado al ciclismo.
La experiencia también le está sirviendo para desenvolverse mejor con personas de edades muy diferentes. "Me está enseñando a hablar con los niños, que antes a lo mejor me costaba un poco más, y también con las señoras", cuenta. No se imagina dedicándose a ello de forma permanente, pero sí repitiendo durante próximos veranos.
Y precisamente a quienes dudan entre trabajar o dedicar todo el verano a descansar, Guillermo les lanza un mensaje: "Hay muchos trabajos que solo te ocupan la mañana o la tarde y el resto del tiempo lo tienes libre, puedes disfrutar a la vez". Una forma de aprovechar unos meses en los que, como demuestran Valentín y Guillermo, trabajar y seguir disfrutando del verano no tienen por qué ser incompatibles.
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