Rowland Mountalá: "En Boñar jamás me sentí ni negro ni extranjero"

El trotamundos africano que recaló en León, inmigrante sin papeles hasta que llegó a Adrados, ahora se va a Estados Unidos porque "aquí no encuentro trabajo y tengo que cuidar por el futuro de mi hijo y mandar dinero a mi madre"

Fulgencio Fernández
06/09/2015
 Actualizado a 14/09/2019
El joven luchador africano por las calles de Boñar cuando se rodó el programa de Televisión Española ‘Destino España’, en el protagonizó un capítulo.
El joven luchador africano por las calles de Boñar cuando se rodó el programa de Televisión Española ‘Destino España’, en el protagonizó un capítulo.
Es un tipo entrañable, sonriente siempre contra todo pronóstico, trotamundos de los de buscarse el pan desde niño, acuchillado por ‘los buenos’, sin papeles por el mundo, hasta que los encontró en León, en Boñar, en Adrados. Lleva ocho años aquí, "los más felices de mi vida, me he sentido querido, muy querido, aquí jamás me he sentido ni negro ni extranjero, por eso cada vez que veo a alguien en problemas le pregunto si puedo ayudar, pero...".

Siempre hay un pero para tipos como él, un africano que con solo 15 años marchó a buscar mejor vida y desde el primer día supo lo duro que era sobrevivir. "Para huir de Ghana tuvimos que atravesar el desierto de Libia, éramos un grupo de 50 y sólo llegamos vivos 30. Entre los muertos estaba mi mejor amigo, pero no te podías detener a ayudarlo, te lo decían muy claro, si parabas morías tu también, había que seguir".

Huímos de Ghana por el desierto de Libia y de 50 que íbamos murieron 30, entre ellos mi mejor amigo Y siguió. A más de cuarenta grados, sólo pensando en llegar. Tanto que "no me di cuenta mientras caminaba que se me cayeron todas las uñas de los pies. Notaba dolor pero había que seguir y al descalzarme...".

Seguir como fuera. "Se nos acabó el agua. Orinábamos en unas botellas, lo dejábamos al sol para que se evaporara ‘lo malo’ y lo bebíamos, ¿qué remedio? O eso o morir, yo era casi un niño pero era muy fuerte y pude llegar, lleno de heridas, con los pies hinchados".

Lo cuenta con una sonrisa. Es increíble pese a que entre aquel desierto de Libia y las calles de Boñar hay una larga travesía, una peripecia terrible en muchos casos, un mundo casi siempre hostil para un africano que no tuvo papeles hasta el año 2008, cuando se casó con una leonesa y tuvo un hijo, Daniel. Recita de memoria los países que recorrió, recuerda las veces que se aprovecharon de él sabiendo que era un ilegal, un africano sin papeles. "De Ghana salí a Níger, de allí a Libia, pasé después a Túnez, Egipto..." y cuando escuchaba hablar de paraísos él no dudaba en buscarlos. "Me fui a Hong Kong sin tener un duro, a Bejing, a Qatar. Es cierto que son países ricos, pero yo era un inmigrante ilegal y el idioma me alejaba mucho de la gente, por eso me planteé dar el salto a Europa". Y lo dio.

Estuve en lugares donde no entendía nada:Hong Kong, Beijing, Qatar... y sin papeles, fue duro Y Europa fue para él la de las luces y las sombras, pero con más sombras. "En Francia no me dejaron entrar en un bar por negro, otra vez estuve trabajando, descargando en el muelle, y cogí un taxi al salir, en Marsella. Al llegar le dije al taxista que cuánto era y saqué el dinero para pagar, vio que llevaba mucho, acababa de cobrar, y sacó una navaja y me dijo: ‘Dámelo todo, negro’. Como quise escapar fue y me acuchilló en un costado y me dejó allí tirado, si no es por unos amigos africanos me muero allí desangrado".

Y, entre sonrisas, cuenta y cuenta. Anécdotas de todo tipo, duras la mayoría, pero Rowland las remata con una carcajada,mueve los brazos, choca las manos...

- ¿Y España?

- Vine al Sur, a la recogida del recogida del molocotón;y se ríe al pronunciarlo porque sabe que lo ha dicho mal, pero se le resiste melocotón, pese a lo bien que se le dan los idiomas, que habla varios.

Allí en el sur conoció a una leonesa, que trabajaba en Madrid. Se fue a Madrid pero ella añoraba sus raíces, Adrados, y a Rowland cualquier destino le parece bueno si merece la pena, que era el caso. Así acabó en Adrados, así bautizó allí a su hijoDaniel, en un libro de bautismo donde hacía 53 años que no se inscribía a nadie y, curiosamente, la última era la abuela de Daniel, su suegra entonces.


De la felicidad a volver a empezar


Llegó la felicidad para él. Se sumó a todo, entrenaba a los niños a fútbol sala, comenzó a practicar lucha leonesa y se ganó al público con su fuerza, su sonrisa franca, su nobleza en la pugna, pero...

Siempre hay un pero en la vida de este chaval que tenía trabajo, que mandaba dinero a casa a su madre y a sus cinco hermanos. Un accidente de coche, terrible... "Trabajaba de portero en una discoteca y regresaba a León, me dormí, me salí en una curva... Me salvaron la vida los de la ambulancia", a los que visita con frecuencia, es un tipo muy agradecido, mucho.

Mi sueño era quedar aquí pero a finales de mes haré las maletas, a Daniel no le puede faltar nada, ya pasé yo bastante La recuperación fue muy larga, llegó al paro, se busca la vida donde puede, como puede... "Echo curriculums por todas las ciudades y ni me contestan, sólo de un gimnasio y era para una semana". De nuevo busca los paraísos, ya tiene pasaporte, es español, leonés... Y se va a Estados Unidos. "Me hicieron una prueba en el Ejército y me quieren. Todavía soy joven y estoy fuerte, se varios idiomas de Europa y algunos de África y eso les parece muy interesante. Mi sueño era quedar aquí pero a finales de mes haré las maletas, a Daniel no le puede faltar nada, ya pasé yo bastante".
Lo más leído