Oliscar y achusmar

La última de La Nueva Crónica

14/05/2026
 Actualizado a 14/05/2026
Imagen contraCudillero
Imagen contraCudillero

No sé si no me estaré metiendo en un jardín con lo de oliscar y achusmar mientras están por estas tierras los señores académicos de la lengua; desde luego el corrector que está metido dentro del portátil no hace más que poner rayas rojas para que me fije porque él no lo tiene claro. Claro que, pese a su nombre, es menos de fiar que la autoría de los libros de Ana Rosa, ayer me mandó a la familia Truco para Turquía porque me los hizo Turcos y la semana pasada convirtió a la buena de la rusa de Brimeda, una mujer generosa que amaba a los animales, en matagatas cuando solo quería concederle la condición de maragata, que tanta ilusión le hacía. Eso nos pasa por hacerle caso a una máquina cuando tienes al lado un vecino que habla como los ángeles, Zapico por ejemplo.

Él es el que primero lamentó que estuviéramos entrando en una sociedad de achusmar y  oliscar donde nadie nos llama. Le alteraba aquella tranquilidad tan suya al conversar esos programas que se pusieron de moda –y ahí siguen Tele 5 mediante– que consisten en mirar durante horas para unos que no hacen nada, pero lo hacen delante de todo el mundo. Lo malo es que rematan la faena con gran éxito de audiencia.
Nos lo tenemos que mirar, de verdad.

Por eso, uno de los mejores reclamos es invitar a achusmar, oliscar, el antiguo meter las narices en todo. Porque saben que si las metes... entras, que es de lo que se trata. 
Ya lo hacía el gran Kaniska, que se ponía a la puerta del bar donde iba a actuar y te comentaba al pasar: "No te imaginas lo que va a pasar ahí dentro".

Y llenaba el bar. 

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