Manuel Alfonso González afronta una de las etapas más difíciles de su vida, pero ni siquiera los problemas de salud que le han llevado a someterse a un trasplante de hígado y a estar pendiente de una nueva intervención han conseguido apartarle de su compromiso con la política y con su tierra. Hijo de Francisco Alfonso, primer presidente del Consejo Comarcal del Bierzo, este histórico socialista de Páramo del Sil ocupa el tercer puesto de la candidatura conjunta del PSOE y Frente Común al Senado para las elecciones generales del 29 de noviembre. Consciente de que no podrá participar en la campaña como le gustaría, mantiene intactas sus ganas de seguir trabajando por León y especialmente por unas cuencas mineras que, a su juicio, todavía esperan buena parte de las alternativas prometidas. En esta entrevista habla con franqueza de su enfermedad, de la solidaridad que le ha permitido seguir adelante, del futuro del socialismo berciano y de una transición energética que defiende, pero sobre la que lanza serias advertencias.
– Lo primero es preguntarle cómo se encuentra. Ha pasado por un trasplante de hígado y ahora está pendiente de una nueva intervención. ¿Cómo está viviendo este proceso y de dónde saca las fuerzas para seguir pendiente de la actualidad política en unas circunstancias tan complicadas?
– Dentro de lo que es una recuperación de este tipo, que es lenta, me encuentro muy bien y con muchas ganas y ánimo. Un trasplante te pone delante de una realidad en la que valoras que es lo esencial. Estoy aquí hoy gracias a la generosidad de una persona y de una familia que, en el peor momento de su vida, dijo sí a la donación. Y gracias también a unos profesionales de la sanidad pública que son de lo mejor que tiene este país, no pude estar en mejores manos que en el equipo de trasplantes del Hospital Río Hortega. Cuando se complicaron las cosas, echaron el resto por eso a ellos se lo debo todo y no me voy a cansar de decirlo. Aprovecho, si me lo permites, para pedir una cosa: que la gente hable en casa de la donación de órganos. Es el mejor regalo y una de las mayores muestras de generosidad que se puede hacer. Ahora toca esperar a la siguiente intervención con paciencia, que es lo que más cuesta, pero aprendiendo a convivir con este proceso intentando continuar con el día a día. ¿De dónde saco las fuerzas? De mi familia, que está a mi lado cada día, mi hermana Elena que estuvo conmigo mientras estuve ingresado y en todo el proceso y no sé cómo le voy a agradecer todo y mis sobrinos Sara y David, mis faros. También del cariño y apoyo que me ha llegado de tanta gente y de mi tierra. En estos procesos es importante la fuerza física, pero tan importante o más es la fuerza mental y haber recibido tantas muestras de cariño han influido muy positivamente en querer seguir adelante, sinceramente en ocasiones me he visto desbordado y no sé si merecedor de tanto. Dicho lo cual, para mi seguir la actualidad no es una obligación, es casi una terapia. Leer la prensa, hablar por teléfono con los compañeros o saber qué pasa en el Bierzo, en León me mantiene la cabeza ocupada y las ganas intactas.
– Su candidatura al Senado llega en un momento especialmente difícil en lo personal. No podrá participar en la campaña electoral como le gustaría, pero tampoco se puede decir que esté a poula, como dicen en su tierra. ¿Qué significa para usted esta candidatura y qué le ha llevado a aceptar este nuevo reto?
– Es verdad que a poula no estoy, aunque el cuerpo a veces me lo pida porque físicamente aún me queda bastante. No pensaba en ningún momento repetir en la candidatura, cuando me lo propusieron lo pensé y lo consulté, claro. Pero al final fueron muchos los ánimos y los apoyos y la verdad que, cuando la política corre por tus venas, cuesta decir que no cuando se trata del Bierzo y de León. Personalmente no lo veo como un premio personal ni como optar a un sillón. Mis compañeros me están ayudando mucho, me trasmiten tranquilidad y me dicen que he participado en decenas de campañas electorales trabajando y aportando sin pedir nada a cambio por lo que en este momento ellos contribuirán en todo aquello a lo que yo no pueda llegar. Allá donde voy tengo la suerte de tener compañeros y compañeras que muchos, con los años, se han convertido en amigos. Para mí, el PSOE es más que un partido, es mi ‘familia’ y mi candidatura la veo como una forma de seguir siendo útil a la gente con la que llevo toda la vida. Es cierto que no podré hacer la campaña que me gustaría, recorriendo pueblo por pueblo, además esta, que será una campaña de cercanía, pero haré todo la que pueda: más teléfono, más redes y más conversaciones. Tengo detrás un equipo magnífico y unos compañeros de lista que van a llegar donde yo no llegue. Si algo me ha enseñado este año es que no hace falta estar al cien por cien para aportar. Basta con tener claro para qué estás y tener voluntad. Dentro de lo que médicamente pueda, participaré en todo y de hecho ya lo estoy haciendo.
– Su padre, Francisco Alfonso, fue el primer presidente del Consejo Comarcal y usted lleva muchos años vinculado al PSOE y a la vida pública de su comarca. ¿Qué ha cambiado en el socialismo berciano durante todo este tiempo?
– Cierto, soy hijo del primer presidente del Consejo Comarcal y alcalde de Páramo del Sil y viví acompañándole en aquellas primeras reuniones y plenos. En la primera foto que se hicieron todos los consejeros delante de la iglesia de San Pedro el día que se constituyó el Consejo Comarcal, allí estaba yo detrás al lado del fotógrafo. He de decir que para él aquello era mucho más que un cargo. Era la prueba de que el Bierzo tenía identidad propia y voz para defenderse. Me crié oyendo hablar de política en la mesa de casa, pero de política de verdad, la de los pueblos, la de arreglar cosas. ¿Qué ha cambiado? Mucho. Durante años, el socialismo berciano peleó por mantener la industria, la minería y el nivel económico que teníamos. Hoy peleamos por lo que viene después: restaurar el territorio, traer industria nueva y lograr que los jóvenes no tengan que irse. La pelea es distinta, pero la gente es la misma, muchos, herederos de aquel socialismo que representaron tantas figuras históricas en León y en el Bierzo. Lo que no deberíamos cambiar nunca los socialistas es el contacto directo. En nuestra provincia la política se hace en la plaza, en el bar y en el día a día de tu pueblo o ciudad. El día que un partido deja de volver a los pueblos, los pueblos dejan de creer en él. Por eso me gusta tanto la idea de esta campaña: volver a donde estuvimos ya y rendir cuentas.
– El PSOE concurre a estas elecciones generales del 29 de noviembre con el reto de conservar su representación en una provincia donde la despoblación, las infraestructuras y la pérdida de oportunidades siguen siendo problemas fundamentales. ¿Con qué argumentos cree que deben pedir los socialistas el voto a los leoneses?
– Con hechos, no con promesas. Hay argumentos con inversiones concretas en la provincia y muchas otras comprometidas o en vías de ejecución como la A-76, Emperador, restauraciones de cielos abiertos, proyectos alternativos, proyectos de regadío y un largo etcétera que si me pongo a detallar ocuparía buena parte de la entrevista. Pero también es cierto que queda mucho por hacer, y lo sabemos mejor que nadie, necesitamos de esa confianza que es el voto para finalizar todos estos proyectos y conseguir llevar a cabo los que están pendientes. Pero hay que decir también lo que está en juego con la llegada de la derecha y la ultraderecha, un retroceso en derechos, libertades y estado de bienestar. Lo están anunciando ya con los recortes y derogaciones planteadas que van desde las pensiones, el SMI hasta reformar el aborto o asuntos que ha costado mucho conseguir como la igualdad. En el caso particular del Senado, el PP tiene mayoría absoluta y la ha usado para bloquear, y un Senado que bloquea no le sirve a León. Nosotros pedimos el voto para una cámara que trabaje por los territorios, y sobre todo por los que se están quedando vacíos.
– Uno de los movimientos más llamativos de estas elecciones ha sido el acuerdo entre el PSOE y Frente Amplio para una candidatura conjunta al Senado. Usted ocupa el tercer puesto de esa lista. ¿Cómo valora personalmente este acuerdo? ¿Cree que puede fortalecer las posibilidades electorales del socialismo o que también entraña riesgos?
– Lo valoro bien, y lo digo convencido. Durante años, el voto progresista al Senado se ha repartido entre varias papeletas y al final se ha perdido. Con el sistema electoral que tenemos, eso le regala escaños al PP. Unirnos es una cuestión de aritmética, pero también de responsabilidad: la gente nos pedía que dejáramos de restarnos. ¿Riesgos? Claro que los hay. Hay que explicarlo bien para que nadie sienta que su voto se diluye. En la candidatura Senado de Progreso cada fuerza mantiene su identidad y sus ideas. Lo que compartimos es el objetivo de que el Senado deje de ser una cámara de bloqueo al servicio de la derecha y ultraderecha. En cuanto a mi puesto, el tercero es un puesto de equipo. No estoy aquí para pelear sitios, sino para sumar. He desarrollado mi trabajo y mi labor política siempre lejos de grandes cargos públicos, aunque para mi haber sido concejal en mi pueblo o ser miembro de la Junta Vecinal es el mayor orgullo, por lo que puedo ser menos conocido que otros candidatos o candidatas, pero si mi nombre ayuda a que alguien de la Provincia se acerque a votar, ya habrá merecido la pena.
– Si finalmente llega al Senado, ¿cuáles serían sus prioridades para León y, particularmente, para El Bierzo? ¿Qué proyectos considera que llevan demasiado tiempo pendientes y deberían convertirse en compromisos irrenunciables del próximo Gobierno?
– Personalmente, creo que una de las prioridades debe ser las infraestructuras pendientes como llave para atraer industria y combatir la despoblación. Considero que se debe seguir avanzando en el nudo del manzanal como prioridad para articular la provincia y que el Bierzo y León estén mucho más cerca, continuar con la A-76 entre Ponferrada y Ourense, donde presupuesto para el proyecto, pero falta lo más importante que es adjudicar la obra. También me gustaría que se retomase el estudio de la autovía a Asturias por la Espina. Particularmente, como paramés me gustaría ver funcionando el Ponfeblino. Es una reivindicación histórica de toda la cuenca del Sil, y en Páramo la sentimos como propia. Ahora hay que ponerlo en marcha de verdad, con trenes circulando y un plan para atraer visitantes. Y luego está lo que no sale en los grandes titulares pero decide si un pueblo vive o se muere: que haya médico y cobertura, transporte para los núcleos rurales, y una casa para que una pareja joven pueda quedarse o nuestros mayores no tengan que irse. El Senado es la cámara territorial, y desde ahí quiero que esas cosas, vivienda, servicios públicos, despoblación, se traten como lo que son, asuntos de Estado.
– Usted conoce muy bien las comarcas que durante décadas vivieron de la minería y que ahora buscan un futuro diferente. ¿Cómo valora la transición energética que se ha llevado a cabo? ¿Cree que las alternativas económicas y laborales están llegando realmente a territorios como Páramo del Sil o que todavía existe una deuda pendiente con sus habitantes?
– Se ha hecho mucho y hay que reconocerlo. Grandes restauraciones como la Gran Corta de Fabero, la reciente aprobación de la de Sorbeda del Sil o las escombreras de Torre, que ya no son una herida... Muchos proyectos concretos en diversidad de municipios e infinidad de ayudas y gente trabajando en ello. Pero sería deshonesto decir que la deuda está saldada. Por ejemplo, sin irme de mi municipio, en Páramo del Sil cerró la central térmica de Anllares, y lo que quedó a cambio fue muy poco, casi nada en empleo, ninguna de las promesas y aún hay compañeros de la bolsa minera sin recolocar. Muchos vecinos tienen la sensación de que las alternativas llegan antes a las cabeceras de comarca que a los pueblos y sí que hay un sentir general de necesitar un vuelco mayor en estos territorios. Si que se han fijado en nosotros, últimamente de forma muy intensa ya que no paran de presentar proyectos en nuestros montes, las empresas energéticas para la instalación de parques eólicos principalmente. En este sentido si me gusta ser claro, transición energética, sí, pero con el territorio, no contra él. Los montes de los pueblos no pueden llenarse de proyectos que otros deciden desde fuera sin preguntar a sus dueños, que son los vecinos, con proyectos que son pan para hoy y hambre para mañana. Con los recursos naturales que tenemos, el agua que será el oro del siglo XXI, no podemos hipotecar el futuro de los que vienen detrás y reducir nuestros montes y pueblos a meras colonias energéticas. La energía limpia, donde sea racional implantarla, tiene que dejar aquí riqueza y empleo, no solo líneas y molinos.
– Además de su trayectoria política, siempre ha mantenido una estrecha relación con la cultura y ha impulsado numerosas actividades en su comarca. ¿Qué papel cree que puede desempeñar la cultura para mantener vivos los pueblos y combatir esa sensación de abandono que existe en buena parte del medio rural leonés?
– Un papel enorme. Los pueblos no se mueren solo cuando se va el empleo. Se mueren cuando dejan de tener vida en común: cuando cierra el bar, la tienda, cuando ya no hay fiestas y se pierde la tradición oral de nuestros mayores. La cultura es lo que hace que alguien quiera volver en verano, y a veces quedarse. En la provincia de León tenemos un patrimonio cultural y etnográfico impresionante: la memoria de la mina y de los pueblos, la montaña, el magosto, el filandón. Para mí, recuperar esa memoria no es nostalgia, es darle a la gente orgullo de ser de aquí, y el orgullo es lo primero que se pierde cuando uno siente que su pueblo no le importa a nadie. Ahora que tanto se habla de patriotismo, pocas cosas hay más patriotas que conocer y defender nuestra amplísima cultura y folclore. Por eso siempre he creído que la cultura en el medio rural no es un lujo, sino una necesidad. Yo en ello sigo, en la actualidad estoy colaborando junto al autor, Víctor del Reguero, en un libro sobre la guerra civil y posguerra en Páramo del Sil que va a llevar muchas sorpresas y que esperamos esté listo a mediados del año que viene. En todos estos proyectos e iniciativas son las administraciones las tienen que apoyar a las asociaciones, a los clubes y a los vecinos y vecinas que mantienen viva la cultura, muchas veces sin un euro y a base de voluntad y trabajo.
– Ha dedicado buena parte de su vida a defender su tierra y ahora afronta una batalla personal mucho más importante que cualquier elección. Cuando piensa en el futuro, ¿qué le ilusiona más, recuperar plenamente su salud, volver a disfrutar de la vida cotidiana en Páramo del Sil o tener la oportunidad de seguir trabajando políticamente por su comarca?
– No puedo elegir, porque las tres cosas van juntas. Lo primero es recuperarme, claro, porque sin salud no hay nada y todavía me queda un último asalto. Pero lo que me da ánimo para recuperarme es precisamente lo otro. Volver a sentarme en la plaza del pueblo, poder estar con mi madre, salir al monte, tomar un café con los vecinos sin prisa, esa vida cotidiana que uno no valora hasta que no la tiene. Si además tengo la oportunidad de seguir trabajando por esta tierra, mejor que mejor. No sé estar quieto ni hacerlo de otra manera y es una forma de devolver todo lo que me han dado. Quiero terminar dando las gracias a La Nueva Crónica por esta entrevista, que contribuye a que la gente conozca a sus posibles representantes en las próximas elecciones, más allá de la frialdad de una papeleta, la verdad que es un placer que se acuerden de uno, máxime cuando no encabezamos las candidaturas. También quisiera dar las gracias a toda la gente que me ha escrito, que me ha llamado y que ha preguntado por mí en estos meses. No se imaginan lo que ayuda y anima. Y repito lo del principio: hablen de la donación de órganos. Yo estoy aquí gracias a eso.
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