"No es razonable que en pleno siglo XXI el oeste peninsular siga teniendo peores conexiones"

El joven extremeño Juan Javier Sánchez defendió la reapertura de la Vía de la Plata, de Plasencia a Astorga, en el Parlamento Europeo

27/07/2026
 Actualizado a 27/07/2026
El joven extremeño Juan Javier Sánchez. | L.N.C.
El joven extremeño Juan Javier Sánchez. | L.N.C.

A sus apenas 22 años, el extremeño Juan Javier Sánchez no dudó en alzar su voz el pasado 16 de julio ante la comisión de peticiones del Parlamento Europeo para solicitar la reapertura de la Vía de la Plata para que el oeste peninsular tenga conexiones ferroviarias "dignas". Una postura firme y clara que este joven, estudiante de biotecnología en la Universidad de Extremadura y director de coordinación territorial de Voces Libres, analiza en esta entrevista.

- Con solo 22 años ha llevado la reivindicación de la Vía de la Plata hasta el Parlamento Europeo. ¿Cómo nació su implicación en esta causa?

- Pues soy un joven que ha crecido viendo cómo muchos amigos tenían que marcharse fuera para estudiar, trabajar o simplemente buscar oportunidades que aquí no encontraban. Siempre me preguntaba por qué una región con tanto potencial seguía estando tan aislada. Cuando empecé a informarme sobre la Vía de la Plata entendí que no era solo un proyecto ferroviario. Era una cuestión de igualdad. No es razonable que en pleno siglo XXI el oeste peninsular siga teniendo peores conexiones que otros territorios y que eso condicione nuestro desarrollo económico y las oportunidades de toda una generación. A partir de ahí decidí implicarme. Empecé a hablar con expertos, empresarios, asociaciones y plataformas ciudadanas, a leer informes y a intentar comprender qué había detrás de décadas de promesas incumplidas. Cuanto más descubría, más convencido estaba de que esta reivindicación merecía llegar también a Europa. Poder defenderla en el Parlamento Europeo con solo 22 años ha sido un enorme orgullo, pero también una gran responsabilidad. No fui allí en nombre propio, sino para dar voz a una reivindicación que llevan haciendo durante muchos años miles de ciudadanos. Si algo espero haber demostrado es que la juventud no debe ser un obstáculo para defender aquello en lo que uno cree. Al contrario, somos quienes más nos jugamos el futuro de nuestra tierra y, precisamente por eso, tenemos la responsabilidad de implicarnos para cambiar las cosas.

- ¿Qué sintió al intervenir ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo? ¿Le sorprendió la respuesta de los eurodiputados?

- Nervios por la gran responsabilidad que suponía representar a tanta gente y especialmente a tantos jóvenes, pero a la vez orgullo por eso mismo. Me sorprendió especialmente la ausencia de los eurodiputados de la izquierda. Ninguno de ellos intervino para defender los intereses y las oportunidades en el oeste español. Aquí se abren dos opciones. O bien estaban ya de vacaciones o bien el tema no les interesaba. Espero que sea lo primero. Pero, sin duda, los ciudadanos deben tomar nota de quienes si estaban en este momento histórico y quienes prefirieron rendirse a los intereses partidistas por encima de los de los ciudadanos y se ausentaron del pleno.

- Para quien no conozca el asunto, ¿qué supondría exactamente la reapertura de la Vía de la Plata y qué territorios se beneficiarían?

- La Vía de la Plata es un corredor fundamental para todo el oeste en su conjunto, para Extremadura y Castilla y León en especial. Es una oportunidad de conectar tierras despobladas y de no tener simplemente una vía de escape hacia Madrid. Es una oportunidad de fijar población mediante un tren de pasajeros y de mercancías. Y, por otra parte, abrir un corredor militar para no saturar los ya existentes es también una oportunidad de país y a nivel global después de la lección aprendida tras la guerra en ucrania.

- León es uno de los grandes perjudicados por el cierre de esta línea ferroviaria. ¿Qué consecuencias ha tenido durante estas cuatro décadas para la provincia y para el oeste de España?

- León ha pagado un precio muy alto por el cierre de la Ruta de la Plata. Durante cuarenta años, la provincia ha quedado desconectada ferroviariamente del oeste peninsular y del sur de España. Hoy, para viajar o transportar mercancías entre León, Extremadura o Andalucía por tren, en la mayoría de los casos hay que pasar por Madrid, lo que supone más kilómetros, más tiempo y mayores costes logísticos. Pero el problema va mucho más allá del transporte. La desaparición de este corredor ha restado competitividad a las empresas, ha limitado la atracción de nuevas inversiones y ha contribuido al aislamiento de numerosas comarcas del oeste español, precisamente las más afectadas por la despoblación y el envejecimiento. Además, España perdió un eje ferroviario estratégico de casi mil kilómetros que vertebraba el país de norte a sur sin necesidad de pasar por el centro peninsular. Mientras otros países europeos han reforzado sus corredores transversales para mejorar la cohesión territorial y el transporte de mercancías, el oeste español ha permanecido durante décadas sin esa infraestructura esencial. La reapertura de la Ruta de la Plata no es una reivindicación localista de León, Extremadura o Salamanca; es una cuestión de equilibrio territorial y de competitividad nacional. Significa devolver oportunidades a millones de ciudadanos, ofrecer una alternativa sostenible para pasajeros y mercancías y construir un modelo de infraestructuras más equilibrado, en el que el desarrollo no dependa exclusivamente del eje radial con Madrid.

- ¿Qué argumentos presentó en Bruselas para convencer a las instituciones europeas de que este proyecto merece ser recuperado?

- Presenté un planteamiento basado en criterios europeos, no únicamente regionales. Defendí que la recuperación de la Ruta de la Plata es una infraestructura estratégica para la Unión porque refuerza la cohesión económica, social y territorial prevista en el artículo 174 del Tratado de Funcionamiento de la UE, mejora la competitividad y reduce los cuellos de botella logísticos, tal y como plantea el Informe Draghi, y contribuye a completar el mercado único, en línea con las recomendaciones del Informe Letta. También destaqué su papel en la transición ecológica al favorecer el trasvase del transporte de mercancías de la carretera al ferrocarril, reduciendo emisiones y dependencia energética, así como su importancia para la movilidad militar y la resiliencia de la red europea en el actual contexto geopolítico. Además, subrayé que la propia Comisión Europea reconoce que este corredor forma parte de la Red Transeuropea de Transporte (TEN-T) y que el principal obstáculo para su desarrollo no es Bruselas, sino la falta de prioridad que le ha otorgado el Gobierno de España, al ser el Estado miembro quien decide el calendario y las inversiones para su ejecución.

- El Gobierno suele argumentar que el coste de la reapertura sería muy elevado. ¿Qué responde a quienes consideran que no es una inversión rentable?

- Reducir este debate al coste de la reapertura es un error. Las grandes infraestructuras de transporte no se planifican únicamente por la demanda actual, sino por los beneficios que generan durante décadas. La metodología de evaluación de la Comisión Europea considera aspectos como la cohesión territorial, la reducción de emisiones, el ahorro en costes logísticos, la resiliencia de la red y el impacto sobre el desarrollo económico. Si aplicáramos exclusivamente un criterio de rentabilidad inmediata, difícilmente se habrían construido muchas de las grandes infraestructuras que hoy vertebran Europa. La verdadera pregunta no es cuánto cuesta reabrir la Ruta de la Plata, sino cuánto nos está costando llevar cuarenta años con ella cerrada. El aislamiento del oeste de España ha supuesto pérdida de competitividad, despoblación, mayores costes logísticos para las empresas, más tráfico por carretera, más emisiones y menos oportunidades de inversión. Todo eso también tiene un coste, aunque no aparezca en un presupuesto. Además, el Gobierno suele presentar la reapertura como un gasto, mientras que otras grandes inversiones ferroviarias en España se han considerado estratégicas sin aplicar el mismo nivel de exigencia. Si creemos en la cohesión territorial, en la transición ecológica, en la competitividad que reclama el Informe Draghi y en la necesidad de reforzar la resiliencia y la movilidad militar de Europa, la Ruta de la Plata deja de ser un coste para convertirse en una inversión estratégica para España y para la Unión Europea. Lo realmente difícil de justificar no es su reapertura, sino que el principal corredor ferroviario del oeste peninsular lleve más de cuarenta años cerrado mientras se habla de cohesión, descarbonización y autonomía estratégica.

- ¿Cree que España ha apostado demasiado por el AVE mientras dejaba abandonadas líneas convencionales estratégicas como esta?

- Creo que España ha cometido el error de ligar el progreso únicamente con la alta velocidad. Y no lo digo porque esté en contra del AVE; al contrario, creo que ha sido una gran inversión para muchos territorios. El problema es que, mientras se inauguraban nuevas líneas de alta velocidad, otras infraestructuras esenciales se iban cerrando en silencio. Los extremeños y los castellanos y leoneses lo hemos vivido en primera persona. Hemos visto cómo se cerraba un corredor estratégico como la Ruta de la Plata mientras nos decían que ya llegaría el momento. Han pasado casi cuarenta años y ese momento nunca ha llegado. Yo no planteo un debate entre AVE o ferrocarril convencional. Creo que España necesita ambas cosas. La alta velocidad conecta grandes ciudades, pero la red convencional vertebra el territorio, mueve mercancías, conecta zonas rurales y ofrece oportunidades a provincias que, de otro modo, quedan fuera del desarrollo. Por eso creo que ha llegado el momento de corregir ese desequilibrio. No se trata de mirar al pasado, sino de entender que la Europa de hoy necesita una red ferroviaria más completa, más resiliente y útil para las personas y para las empresas. Recuperar la Ruta de la Plata no es deshacer una apuesta por el AVE; es completar un modelo ferroviario que nunca debió dejar atrás a una parte de España.

- ¿Ha encontrado más apoyo entre las instituciones europeas que entre las administraciones españolas? ¿Qué sensación se llevó tras su intervención?

- Sinceramente, sí. En Bruselas encontré una escucha mucho más abierta de la que he encontrado en muchas administraciones españolas. Los eurodiputados, independientemente de su grupo político, entendieron que esta no es una reivindicación partidista, sino un proyecto que encaja plenamente con las prioridades de la Unión Europea. Quiero agradecer especialmente el respaldo de la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, que ha situado la recuperación de la Ruta de la Plata entre las prioridades de la región. También el compromiso de Antonio García Salas y de la Plataforma Corredor Oeste–Ruta de la Plata, que llevan años manteniendo viva esta reivindicación con un enorme trabajo técnico, institucional y de divulgación. Si hoy este proyecto ha llegado al Parlamento Europeo, es en gran parte gracias a la perseverancia de quienes nunca dejaron que cayera en el olvido. Del mismo modo, valoro profundamente el apoyo de los eurodiputados Margarita de la Pisa, Elena Nevado y del representante de SALF, que, desde sensibilidades políticas distintas, entendieron que esta causa trasciende las siglas. Cuando se trata de defender la cohesión territorial, la competitividad y el futuro del oeste de España, creo que es positivo comprobar que pueden encontrarse puntos de encuentro. En cambio, echo en falta una mayor implicación del Gobierno de España. La propia Comisión Europea ha dejado claro que el desarrollo de este corredor depende de la voluntad y de las prioridades del Estado miembro. Por eso creo que ya no hay margen para seguir aplazando una infraestructura que Europa considera estratégica y que lleva casi cuarenta años esperando una decisión política. Salí de la comisión con una sensación muy positiva. Vi que los argumentos fueron escuchados y comprendidos, y confirmé que la Ruta de la Plata ha dejado de ser una reivindicación exclusivamente del oeste español para convertirse en un proyecto de interés europeo. Ahora solo falta que el Gobierno de España esté a la altura de esa visión y convierta esa oportunidad en una realidad.

- Después de este paso por el Parlamento Europeo, ¿cuáles son los siguientes objetivos de la plataforma o del movimiento que impulsa esta reivindicación? ¿Hay motivos para ser optimistas?

- Creo que sí hay motivos para ser optimistas. Haber llevado esta reivindicación al Parlamento Europeo ya supone un cambio importante, porque ha permitido situar la Ruta de la Plata en el debate donde realmente le corresponde: el de las grandes infraestructuras estratégicas para Europa. Ahora toca aprovechar ese impulso para seguir generando consenso y mantener la presión institucional. Los próximos pasos pasan por continuar trabajando de la mano de la Plataforma Corredor Oeste–Ruta de la Plata y por seguir implicando a administraciones, empresas, universidades y sociedad civil. Cuanto mayor sea el consenso, más difícil será que este proyecto vuelva a quedar relegado. Soy optimista porque veo que cada vez hay más personas e instituciones que entienden que esta no es una reivindicación de una comunidad autónoma, sino una cuestión de equilibrio territorial y de futuro para España y para Europa. Pero también soy consciente de que aún queda lo más importante: transformar ese respaldo en decisiones políticas concretas. El objetivo no es que se hable más de la Ruta de la Plata; el objetivo es que vuelvan a circular trenes por ella.

- Si tuviera delante al ministro de Transportes durante un minuto, ¿qué le diría para convencerle de que la reapertura de la Vía de la Plata no es una reivindicación del pasado, sino una inversión de futuro?

- Le diría que se desinstale X durante un rato y se ponga a trabajar. España no necesita un ministro que dedique el día a la confrontación en redes sociales, sino uno que planifique las infraestructuras que van a marcar el futuro del país. Mientras él acumula tuits, el oeste de España sigue acumulando décadas de abandono. La Ruta de la Plata no necesita más excusas ni más propaganda; necesita decisiones. Si de verdad cree en la cohesión territorial y en un ferrocarril útil para el siglo XXI, que lo demuestre con hechos y no con publicaciones en redes sociales.

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