Mujeres anónimas que custodian la memoria de León

Anónimas de varios oficios protagonizan la entrega 222 de estos ‘lunes de Fernando Rubio’, el último de la temporada antes del merecido descanso estival

29/06/2026
 Actualizado a 29/06/2026
Estampa de mercado en la Plaza Mayor de León con el bullicio cotidiano del comercio tradicional y las vendedoras de la provincia a mediados de los 70. | FERNANDO RUBIO
Estampa de mercado en la Plaza Mayor de León con el bullicio cotidiano del comercio tradicional y las vendedoras de la provincia a mediados de los 70. | FERNANDO RUBIO

Recuerda Fernando, su memoria va mucho más allá de su archivo, que una tarde de octubre de 2021 hablamos de la idea de una mirada a los años 70 con el hilo conductor de su archivo, ya que había trabajado como fotoperiodista en León toda aquella década. Acababa de nacer El León de Fernando Rubio, pues suyas son las fotos, la mayoría de los recuerdos, esa mirada desapasionada que da la distancia y, sobre todo, el cariño y la nostalgia que caracteriza a aquellos que la vida les ha llevado lejos. «¿Cómo podíamos imaginar que aquella sencilla charla haya devenido en 222 entregas en las páginas de Culturas cada lunes?».

222 entregas, una cifra muy significativa para la última entrega de este quinto curso antes del descanso estival. Y Fernando, este semana elige él, ha acudido a su archivo para ilustrar un tema que, aventura, «te va a encantar». Acierta: «Las mujeres anónimas que custodian la memoria de León». Y su archivo vuelve a ser una caja de sorpresas, imágenes de mujeres leonesas de tal fuerza que, me va a perdonar Rubio, pero quedarán reducidas las opiniones para que hablen las imágenes; esta reunión «de rostros invisibles de los años 70. Un inventario humano que brota de un fondo de más de 120.000 negativos históricos».

Pionera del agro, una mujer abre camino al volante del tractor. | FERNANDO RUBIO
Pionera del agro, una mujer abre camino al volante del tractor. | FERNANDO RUBIO

Por estas 222 citas han transitado «los líderes de la Transición Española, creadores, monumentos emblemáticos, el fragor de nuestros deportes autóctonos, la quietud de los paisajes de montaña e incluso la crudeza de crónicas dramáticas de incendios y accidentes. Sin embargo, para el broche final el objetivo ha esquivado conscientemente las tribunas oficiales y los nombres ilustres», explica Fernando, un tipo cargado de humanidad que ha preferido y buscado «que el protagonismo absoluto para esta cita especial recaiga sobre el alma silenciosa y cotidiana de nuestra tierra: una galería de mujeres anónimas de orígenes diversos. Mujeres de etnia gitana en sus momentos de descanso y cuidado filial, religiosas contemplando la solemnidad de la Semana Santa, artesanas del telar, comerciantes del mercado tradicional y tractoristas y trabajadoras del campo...»; ellas se convierten en el rostro de un homenaje colectivo, que va más allá de ellas, va por tantas leonesas anónimas... pero muy ejemplares aunque que rara vez firmaban los grandes titulares de los años 70, pero que sí representan la verdadera base social sobre la que se construyó el León presente».

Ha tenido Fernando que realizar lo que él llama una titánica labor de arqueología gráfica personal. «El archivo general alberga más de 120.000 negativos y diapositivas acumulados durante décadas de fotorreportaje. De ese vasto océano analógico, este cronista ha logrado digitalizar ya 90.000 imágenes, salvándolas del deterioro del tiempo. La punta de lanza de este tesoro documental se ha volcado con regularidad en Facebook desde mayo de 2021, superando las 800 publicaciones que integran más de 4.000 fotografías y estos 222 lunes que superan con creces las mil imágenes. El formidable impacto en redes demuestra que los lectores leoneses no buscan la nostalgia vacía, sino la vibración real de un pasado común que se identifica en la mirada de sus gentes y en los detalles cotidianos de sus antiguos oficios». Así llegamos a esta entrega que, deliberadamente, rompe cualquier barrera de clase u origen. «Conviven en perfecta sintonía el bullicio del mercado con sus aves de corral en primer plano, las miradas concentradas de las monjas siguiendo una procesión de Semana Santa, el impactante plano cenital de dos mujeres gitanas descansando junto a sus cestillos de mimbre en la acera mientras atienden a un niño, la precisión de la tejedora frente al telar, la insólita estampa de una mujer abriendo surcos a los mandos de un tractor o la lucha diaria de las campesinas y las madres de nuestra provincia». Un álbum que recrea y representa «aquel León de los años 70, que era diverso, complejo y marcadamente humano. Registrar esas realidades periféricas no fue un trabajo secundario durante la Transición; fue la captura de la identidad pura de la provincia: historias que van más allá de los números».

Alfarera, la fuerza de la tierra representada en esta mujer del pueblo del barro, Jiménez de Jamuz. fernando rubio
Alfarera, la fuerza de la tierra representada en esta mujer del pueblo del barro, Jiménez de Jamuz. | FERNANDO RUBIO

Val más allá de los números, pero Fernando —que tengo la impresión de que responde a la definición de Publio Terencio Africano de ‘Soy humano; nada humano me es ajeno»— también juega con los números y repara en que «curiosamente, las reglas de la numerología tradicional señalan que los dígitos de la entrega 222 confluyen en una raíz común: 2 + 2 + 2 = 6. El seis es el número que abandona el individualismo para representar el hogar, la comunidad protectora y el arraigo a la tierra. No existe mejor paralelismo para este mosaico de final de temporada que estas mujeres que sostuvieron a las familias de nuestra provincia».

Señala nuestro fotógrafo que «el agradecimiento es absoluto hacia los lectores del papel y los seguidores digitales» y acude, él dice que se apropia, a una frase de Helmut Newton dijo: «Un fotógrafo sin revista es como un agricultor sin campo», pero recordando la costumbre agrícola de que «hay que poner el terreno en barbecho para que coja más fuerza para futuras cosechas. Ese momento ha llegado».

Manos de arraigo, la tejedora en el telar, en Val de San Lorenzo, preservando la economía de la tierra. | FERNANDO RUBIO
Manos de arraigo, la tejedora en el telar, en Val de San Lorenzo, preservando la economía de la tierra. | FERNANDO RUBIO

Pues eso: «Un fuerte abrazo y que paséis un verano alegre y feliz».

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