La mujer que se enamoró de un río y se "casó" con él

Manuela Rejas, la primera mujer con carnet de maga en España y afincada en Veguellina en las últimas décadas de su vida, es la protagonista de un libro que recupera una vida a veces dura

29/10/2023
 Actualizado a 29/10/2023
Manuela Rejas en las cercanías del río leonés que la enamoró y decidió quedarse a vivir cerca de él, el Órbigo, allí pasó los últimos años de su vida.
Manuela Rejas en las cercanías del río leonés que la enamoró y decidió quedarse a vivir cerca de él, el Órbigo, allí pasó los últimos años de su vida.

Manuela Rejas vuelve a estar de actualidad, nunca debería dejar de estarlo un personaje tan extraordinario e irrepetible, cuya vida va más allá de uno de los detalles de su trayectoria, como fue el hecho de ser la primera mujer en tener el carnet de ilusionista o maga. Este hecho la llevó a los libros de ‘récords o anecdotarios’ pero también abrió la puerta para descubrir los detalles de la biografía de una gran luchadora, una mujer generosa y solidaria que llegó a León por casualidad –para acompañar a una hija con una enfermedad respiratoria- y se quedó en Veguellina con una explicación que es pura poesía: «Me enamoré del Órbigo». Y a orillas de ese río vivió las dos últimas décadas de su vida y en las aguas de ese río viven sus cenizas pues «se casó» con el Órbigo. Ella había nacido en un pequeño pueblo de la provincia de Madrid, Moralzarzal, el 14  de diciembre de 1924 y del que se fue cuando sólo tenía 11 años, aunque allí ya había conocido la magia del circo cuando, recordaba con frecuencia, esperaba nerviosa la llegada de «los titiriteros» que recorrían los pueblos.  

Escribía que cada vez que se recuerda a Manuela se abren  puertas para conocer nuevos detalles de su vida, que ella supo reconocer dura –porque lo había sido– y apasionante –porque ella hizo magia para lograrlo– pues siempre se  condujo fiel al lema de su profesión: «Sea cual sea tú público... el circo es hacer felices a los demás». 

Lo llevó a rajatabla y era muy complicado arrancarle las penas de una complicada vida, que las tuvo y muchas, ya desde su nacimiento cuando fue una niña prácticamente repudiada por su padre, que esperaba un niño. Y, sin embargo, ella solventaba este pasaje contando que «mi primer truco de magia fue nacer niña cuando se esperaba un niño». 

Repudiada por su padre, vivió la dura posguerra pero con el lema del circo: "Hacer felices a los demás"

Tal vez fuera una metáfora de su vida el anuncio de las dificultades añadidas para ejercer su profesión de maga o ilusionista siendo mujer en aquella España de posguerra. De ahí el mérito aún mayor  de su insistencia en acudir día tras día al Sindicato del Espectáculo para lograr su carnet de ilusionista; pues le insistían en que se inscribiera de ayudante con su padre u otros artistas hombres del circo. Pero Manuela no cedió. 

La última ventana que se ha abierto a la apasionante vida de Manuela Rejas es un libro que se está presentando estos días, de Mercedes G. Rojo, colaboradora habitual de esta sección de La Nueva Crónica en busca de caminos femeninos del arte. Es el volumen que desde hace seis años prepara para el Día de la Mujer y que este año dedica a la primera mujer ilusionista. Se titula ‘Manuela Rejas. La magia de la supervivencia’ y, además de su completo trabajo de recopilación e investigación recoge artículos de más de cincuenta autores, mujeres en su gran mayoría, que o conocieron a Manuela o glosan su figura. Un volumen de 378 páginas que nos ayudan a conocer nuevos pasajes de la mujer enamorada de un río que se quedó a su lado para hacer felices , por ejemplo, a muchos ancianos a los que iba a hacer espectáculos de magia a sus residencias.   

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En una reciente presentación en León se añadieron nuevos detalles de cómo era Manuela, su pasión por la magia, y así cuatro magos —Juan Mayoral y Violeta Zheng; Alberto Trapiello e Isa Revilla (Fantasía y Comodín)— revivieron su amistad con ella, recordaron cómo tenía sus puertas abiertas a la magia y los magos, como rejuvenecía cuando recuperaba los recuerdos y los sueños de aquella complicada vida de nuestra posguerra pero en la que ella nunca olvidó la máxima del circo, hacer felices.

De ahí que sus recuerdos biográficos los contara en forma de relatos de ficción aunque eran mucho más autobiografía.  

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