El caso es que este año, entre las atracciones mecánicas instaladas en los antiguos desguaces de Clarés tampoco se cuenta la monumental noria, que el año pasado ya huyó a mitad de las fiestas rumbo a la Semana Negra de Gijón, más rentable y atractiva.
Un desaire para una de las instituciones fundamentales de cualquier festejo, la feria, ‘los caballitos’, que también sufrieron el destierro de su emplazamiento histórico de la orilla del Bernesga a la orilla del Torío durante los trabajos de construcción del estadio de fútbol. Pero allí al menos estuvo la noria, la misma que durante años ha venido a la capital y que no olvidó –probablemente mal advertido– el académico de la Lengua Salvador Gutiérrez en el pregón de las fiestas que profirió el pasado viernes desde el balcón de San Marcelo.
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