12 de octubre de 1994 y 1995. Madrid. Paseo de la Castellana. Unidad Ala 35 de Getafe. Avión CN235. Allí estaba José Vicente Nieto Guerrero, un ponferradino nacido en 1958 que llegó a ser coronel del Ejército del Aire y participó en dos ocasiones en el tradicional desfile de la Hispanidad tripulando la referida aeronave. Eso sí, por raro que pueda parecer, 30 años después recuerda esas vivencias como "una misión más".
Se lo tomaba "como una más" porque hacían miles de horas de vuelo al año y poco se diferenciaba el desfile del resto de misiones, aunque no oculta su "orgullo por haber formado parte de ello y, sobre todo, porque todo saliese bien: "El desfile demuestra la preparación de todas las unidades y es importante que todo salga bien por eso mismo". Es el ‘día D’ para todos los militares, una jornada en la que se pone en valor a aquellos que se juegan la vida y se da fe del potencial que tiene España a nivel militar, que no es ni poco ni pequeño.
Aunque el desfile para el gran público se da cita en la Castellana, para el sector aéreo, recuerda José, empieza "a las afueras de Madrid haciendo óvalos en el aire mientras esperamos a que nos llamen para entrar". Cada unidad en su base, la suya estaba ubicada en Getafe. Y en un acto donde la coordinación lo es todo, en el aire la cosa se multiplica por tres: "Somos muchos aviones y tiene que estar todo muy coordinado con la torre de control porque cada uno va a diferente velocidad y altura", a lo que se sumaba que cada unidad venía desde un punto distinto y tenía que estar todo perfectamente cuadriculado para que no ocurriese ningún accidente.
"Un caos organizado"
"Es un caos organizado, como un ballet", dice. Y en su explicación se entiende a lo que se refiere: "Mientras esperamos a salir todo es un desbarauste, dependemos de la hora a la que llegue la autoridad que presida el desfile y según eso la torre de control, en la que hay un controlador aéreo también militar que está normalmente ubicado en un edificio alto cercano a la tribuna, va comunicado al líder de cada formación a qué hora debemos entrar". Y prosigue: "En el ballet ves que todos los bailarines van por su lado, pero todo sale bien; lo que no ves es lo que hay por detrás que la gente está corriendo de un lado a otro. Eso es lo que pasa en el desfile". Aún así, "al entrar a Madrid milagrosamente todo se arregla", sentencia entre risas.
«Antes de entrar en la Castellana todo es un desbarajuste, pero al entrar se arregla milagrosamente»
Lo de que todo está cronometrado es literal. El leonés tenía que tener en cuenta hasta los ajustes más minuciosos para cuadrar bien su hora de llegada al destino y para ello se servía, incluso, de saber si el viento lo tenía de cola o de frente: "Estaba y está todo controlado, incluidas hasta esas cosas que son menores".
Ruta visual
La ruta desde Getafe, recuerda, "era muy visual". Entre que la tecnología de los aviones no era la de ahora y tampoco era un recorrido extremadamente complejo, se servían de referencias para llegar al punto central del recorrido: "En esos años aún no estaban las cuatro torres famosas de Madrid, pero sí las KIO inclinadas y las usábamos como referencias". "Yo tenía de referencia también a las carreteras de Toledo y Andalucía, que convergen en Madrid y sabía que tenía que ir entre las dos", añade.
"Por entonces no estaban aún las cuatro torres y yo mis referencias en el aire eran las KIO inclinadas"
Sin embargo, no recuerda José el momento exacto de volar por la Castellana en ninguno de los dos años, pues la visión que se tiene en ese preciso momento es "reducida" y tenía que estar pendiente de ir "ajustado al primer avión de la formación". "Si no eres el líder tienes que estar pendiente de mantener siempre la distancia con el avión de delante y tampoco puedes hacer movimientos fuertes porque destrozas la formación por detrás", explica detenidamente mientras incide que en esos minutos que dura el desfile "ves aviones y helicópteros por todas partes".
Pero para que todo salga a la perfección y dado lo complicado que es el tema de organizar a tantos aviones en tan poco tiempo, los ensayos que se realizan en los días previos no escasean: "Sí que se hacían entrenamientos antes de ese desfile, pero la mayoría solo lo hacían los líderes de las formaciones y como mucho dos o tres aviones de cada una de ellas. El desfile al completo solo se ensayaba una vez". Muestra inequívoca de la preparación de todos y cada uno de los interantes de las Fuerzas Armadas españolas es que "el 99,99% de las veces sale bien, pero si eres muy purista y sabes lo que hay te puedes fijar en que un avión o una unidad se ha separado más de lo normal y retrasa a los que vienen después".
«No me acuedo de volar por la Castellana, no ves nada, solo ves aviones y helicópteros a tu alrededor»
Diferencias con lo de ahora
Tres décadas después, José pone el foco en la tecnología de las aeronaves como lo único que diferencia a los desfiles actuales de los que hizo él. A lo largo de la conversación, en sus palabras se destila una alabable profesionalidad y amplio conocimiento, así como una perfecta satisfacción por el trabajo realizado o, como se diría en su argot, "por los servicios realizados por la Patria".
Ya jubilado, reconoce que los actos por el Día de la Hispanidad los ve por la televisión, aunque "si hace buen día se ven los aviones ir hacia el centro por encima de mi casa y sí que salimos a verlos".