"La historia es cíclica, quienes antes emigraron hoy acogen"

El Homenaje al Emigrante Leonés supuso un reconocimiento póstumo a Vidal Díaz Fernández y a la familia Maraña Alonso

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20/06/2026
 Actualizado a 20/06/2026
IV Homenaje al emigrante leonés |FERNANDO OTERO
IV Homenaje al emigrante leonés |FERNANDO OTERO

La Fundación Cepa González Díez y el Museo de la Emigración Leonesa celebraron ayer el IV Homenaje al Emigrante Leonés, una cita llena de emoción en la que se pone de relieve el peliplo de todos aquellos leoneses que a lo largo de la historia han tenido que abandonar su tierra en busca de nuevas oportunidades.

Este año se hace un reconocimiento póstumo a Vidal Díaz Fernández (que recogieron sus hijos Ernesto y José Pedro Díaz Trincado), y a la familia Maraña Alonso (que recogieron sus hijos Donato y Rosa Nieves Maraña Alonso). Los protagonistas del acto estuvieron arropados por autoridades y representantes de entidades sociales y culturales. 

Francisco Maraña Alonso y Saturnina Alonso Diez fueron un matrimonio leonés que emigró en 1949 desde Maraña, en la Montaña Oriental Leonesa, hacia Ciudad de México, donde vivieron 36 años, hasta su regreso definitivo a León a finales de 1985. Francisco era el menor de doce hermanos. Quedó huérfano de padre a los dos años y de madre a los once, por lo que sus hermanos mayores lo ingresaron en el Seminario Menor de los PP. Carmelitas Descalzos en Calahorra (La Rioja), donde cursó sus estudios primarios. Saturnina, nacida en Cofiñal, era la menor de seis hermanos, y quedó huérfana de madre a los pocos días de nacer, motivo por el cual fue criada por sus abuelos que vivían en Maraña, donde pasó su infancia, adolescencia y juventud.

Tras finalizar sus carreras de Magisterio en la Escuela Normal de León y de Derecho en Oviedo, Francisco decidió emigrar a México en 1949, donde habían emigrado sus hermanos mayores. Con dinero prestado, compró su billete de avión desde Madrid.

Los inicios en el país fueron muy difíciles. Trabajó temporalmente como contable en la Cervecería Modelo y posteriormente como pasante de un prestigioso abogado y diputado nacional mexicano, quien le abrió las puertas de la práctica jurídica mexicana. 

En 1953, Francisco y Saturnina se casaron por poderes: él, desde México y ella en el antiguo templo de La Virgen del Camino, representados recíprocamente por apoderados a más de 9.000 kilómetros de distancia. Dos meses después, Saturnina se reúne con él en México y comienzan su vida en común. Tuvieron cuatro hijos.

A Francisco pronto se le consideró el abogado de la colonia española en México, especializado tanto en temas migratorios como en otros temas de la Agrupación Leonesa de México, de la que fue miembro destacado. Colaboró en el Primer Hermanamiento de la provincia y ciudad de León (España) con el Estado mexicano de Puebla y su capital Puebla de Los Ángeles, dado que este Estado acogió a muchos de los emigrantes leoneses a México desde finales del siglo XIX.

Tras el trágico terremoto de México del 19 de septiembre de 1985, el matrimonio regresó definitivamente a León, donde fallecieron hace más de veinte años. Hoy sus hijos recuerdan su ejemplo de amor, cultura y entrega incondicional. 

Por su parte, Vidal Díaz Fernándeznació en Torre de Babia (León) el 20 de agosto de 1930. Como tantos jóvenes leoneses de su generación, creció entre el trabajo, los valores de la montaña leonesa y las duras condiciones de una España que ofrecía pocas oportunidades. De niño fue pastor y conoció la trashumancia, experiencia que marcaría para siempre su carácter sencillo, trabajador y resistente.

Llegó a la Ciudad de México en los años cincuenta, formando parte de aquella gran generación de leoneses que cruzaron el Atlántico en busca de un futuro mejor. Sus primeros pasos profesionales los dio junto a su primo Constantino Díaz en Casa Díaz, empresa dedicada a las máquinas de coser. Posteriormente, participó en la construcción del Hotel Emporio de Veracruz. Tras regresar a Casa Díaz, decidió emprender por cuenta propia y creó una cadena de vidrierías que durante años fue una referencia en la Ciudad de México. Más adelante trabajó en Marian, Galletas de Calidad, junto a Felipe Muñiz Fernández, también leonés, y posteriormente en Industrial Marinera Mexicana con el también leonés Leopoldo González. Ya en una etapa más avanzada de su vida participó, junto con un sobrino, en BPM de México, una de las primeras empresas dedicadas al mundo de la informática en el país.

Fue un hombre profundamente comprometido con sus raíces. Desde el primer día formó parte de la Agrupación Leonesa de México, primero como bailarín y posteriormente como directivo. Sus hijos crecieron participando también en la Agrupación, manteniendo vivo el vínculo con León y con las tradiciones de sus antepasados. Asimismo, desempeñó importantes responsabilidades en el Casino Español de México, donde ejerció durante años como tesorero y colaborador activo de la comunidad española. 

En México encontró también al amor de su vida. Se casó en 1958 con Dolores Trincado,conocida cariñosamente como Lolita. Ella había sido Princesa del Centro Gallego y Reina de Covadonga, reconocimiento que distinguía a las jóvenes representantes de la comunidad española en México. Tuvieron tres hijos: Vidal, José Pedro y Ernesto que, gracias al esfuerzo de sus padres, pudieron acceder a estudios superiores y construir sus propios caminos. Vidal inculcó a sus hijos el amor por León, por España y por México. Gracias a esa enseñanza, dos de ellos viven hoy en España, manteniendo vivo el puente que él ayudó a construir entre ambos países. Vidal falleció el 26 de junio de 2016. Hoy sus hijos recuerdan cómo les inculcó el amor por sus dos patrias y destacan su nobleza, su honestidad, su generosidad y el amor incondicional que entregó a los demás.

Los homenajeados recibieron una placa conmemorativa presidida por la Virgen del Camino, que ha acompañado a tantos emigrantes en su viaje y en sus recuerdos fuera de nuestra tierra.

En el acto estuvieron presentes la directora de la Fundación Cepa González Díez y del Museo de la Emigración Leonesa, Nuria Alonso, el presidente de la Diputación de León, Gerardo Álvarez Courel, el primer teniente de alcalde de León, Vicente Canuria, y el gerente territorial de Servicios Sociales, Juan Antonio Orozco. El homenaje estuvo amenizado por el Orfeón Leonés, que interpretó ‘La golondrina’, canción popular mexicana que, en su letra, recuerda a aquel emigrante que tiene que abandonar su patria, y el himno por antonomasia de la montaña leonesa ‘Viva la montaña’. 

La directora de la Fundación Cepa y el Museo de la Emigración Leonesa, Nuria Alonso, recordó que esta cita es una emotiva manera de poner en valor, rescatar de la memoria y rendir homenaje a tantas historias de emigración, sacrificio y amor a la familia y a la tierra.

Alonso recordó que «la historia es cíclica. Quienes antes emigraron hoy quizá son país de acogida» y que la búsqueda de oportunidades fuera de la tierra de origen es un fenómeno «tan antiguo como la propia historia de la humanidad». Además, señaló que esa búsqueda de una vida mejor «es un proceso lleno de desafíos. Quien emigra ha de cargar su mochila de sacrificio, de ilusión y también de respeto. Respeto a la patria que le brinda una nueva oportunidad, a sus tradiciones, a sus códigos de conducta y a tantas cosas pequeñas que definen a un pueblo y a quien lo habita. Sólo así la emigración se convierte en un proceso pleno, como el de muchos leoneses que a lo largo de la historia buscaron fuera lo que aquí no se les pudo brindar. Hoy su corazón y el de sus descendientes se reparte entre dos patrias. Ese es el acierto», expresó Alonso antes de concluir el acto con el tradicional himno a León

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