La Junta de Castilla y León ha autorizado el aprovechamiento del agua mineral natural procedente del sondeo denominado 'Jamuz', ubicado en la localidad de Quintanilla de Flórez, para la puesta en marcha de una embotelladora que promueve en el municipio de Quintana y Congosto la sociedad Sierra de Lobos, S.L., detrás de la que se encuentra el grupo Pascual, que prevé explotar esta planta a través de su marca de agua Bezoya.
Un proyecto donde según aparece publicado en el Boletín Oficial de Castilla y León, la sociedad Sierra de Lobos, S.L. acometeré una inversión de más de 21 millones de euros en su primera fase, donde contempla invertir 4,8 millones destinados a obra civil y 16,7 millones para las labores de equipamiento.
La resolución de la Dirección General de Energía y Minas señala también que la empresa tendrá un volumen máximo de envasado de 500.000 metros cúbicos al año, así como un caudal máximo instantáneo de 40 litros por segundo. Además, fija que el la autorización para la explotación del sondeo podrá ser realizar por el grupo Pascual durante el periodo en que se mantengan las características de la condición mineral natural del agua y se cumplan las condiciones de la autorización de aprovechamiento.
Un embotelladora con un fuerte rechazo vecinal que a pesar de las 708 alegaciones presentadas por personas físicas y jurídicas sale adelante porque la resolución refleja que el proyecto cumple la legalidad y las medidas medioambientales pertinentes ante diferentes organismos e instituciones.
Cabe destacar que el proyecto general de aprovechamiento presentado contempla tres fases de explotación, no obstante, en base al informe emitido por la CHD de fecha de fecha de 23 de mayo de 2022, se limitará la presente autorización a la primera fase, con un volumen máximo de envasado de 500.000 metros cúbicos a año.
Según proyecto, la instalación se compone de un pozo de sondeo para la extracción de agua mineral. El equipo de bombeo está situado a unos 64,70 metros de profundidad, mediante tuberías de acero inoxidable se transporta hasta los depósitos y filtros donde se libera el producto de posibles partículas en suspensión. Desde allí se reparte hasta las diferentes líneas de envasado.

