Los colegios de ingenieros industriales de León y Valladolid alertaron esta semana de que las Zonas de Bajas Emisiones pueden generar un efecto indeseado: desplazar la contaminación y el ruido del centro histórico hacia la periferia y los barrios, concentrando el problema en zonas «no previstas».
El decano del Colegio de León, Antonio Fernández, y el exdecano Agustín Nogal trasladaron esta posición en una reunión con sus homólogos vallisoletanos en la que reclamaron que la implantación de ZBE «responda a criterios técnicos y datos objetivos», con un estudio previo multidisciplinar y un seguimiento posterior que mida si los parámetros que se quieren corregir mejoran realmente.
El aviso llega en un momento especialmente oportuno para León. La ZBE municipal ha sobrevivido a recursos judiciales, resoluciones del TSJCyL y una larga polémica política que duró varios años, y arrancó sin los estudios técnicos previos que los ingenieros reclaman ahora. El modelo finalmente aprobado por el Ayuntamiento solo activa restricciones en caso de alerta histórica por contaminación, algo que nunca se ha producido en la ciudad.

Los ingenieros consideran «indispensable» el uso de tecnología de ‘Smart Cities’ con sensores IoT para monitorizar en tiempo real la calidad del aire, el ruido y los flujos de tráfico, así como la actualización de los mapas de ruido en todas las áreas afectadas para comparar antes y después de la declaración de ZBE. Sin esos datos, argumentan, es imposible saber si la medida funciona o si simplemente traslada el problema de calle.