Hilde Pérez dirige el Centro de Computación de Castilla y León y analiza las líneas de trabajo que se están desarrollando y los retos de futuro que se plantean tras la próxima apertura de su nueva sede.
– Ha cumplido recientemente dos años como directora de Scayle, ¿qué balance hace de este periodo?
– En estos dos años hemos logrado avances significativos. Hemos incrementado por 10 nuestra capacidad de cómputo y de almacenamiento. También hemos aumentado la capacidad de RedCayle, que es la red académica y científica en Castilla y León. Hemos fortalecido nuestro equipo con profesionales altamente cualificados, incorporando 12 nuevas plazas. Asimismo, en estos dos años hemos creado tres nuevos servicios en el centro: BioScayle, un servicio de biocomputación para el apoyo de la industria biofarmacéutica y la medicina personalizada. Un laboratorio cuántico, QuaSAR_Lab, donde reunimos en el mismo espacio distintas tecnologías para la emulación y la comunicación cuántica y, por último, nuestro recientemente creado servicio de inteligencia artificial, para el apoyo de la administración y el tejido empresarial de nuestro territorio.
– ¿En qué punto está actualmente Castilla y León en materia de supercomputación respecto a otras comunidades?
– Castilla y León ocupa una posición muy destacada en el panorama nacional de supercomputación. Seguimos ocupando el segundo puesto en capacidad de cálculo, dentro de la Red Española de Supercomputación, con el Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona al frente. Sin embargo, lo que nos diferencia frente a otros centros en otras comunidades, es el carácter transversal de Scayle con un buen posicionamiento en tecnologías frontera. Hemos conseguido integrar en un mismo centro la supercomputación con avances pioneros en tecnologías cuánticas, biocomputación o inteligencia artificial. Y todo ello con la distinción de ser el centro de supercomputación en España con la certificación más alta en seguridad nacional. Esta visión integral nos sitúa a la cabeza en múltiples frentes, combinando madurez operativa y una alineación perfecta con las prioridades regionales y nacionales.
– ¿Qué sectores están aprovechando más las capacidades de Scayle?
– Hasta ahora, el principal uso de Scayle estaba orientado principalmente a los sectores académico y científico. Sin embargo, con la irrupción de la inteligencia artificial, cada vez son más las empresas, sobre todo pequeñas y medianas empresas, las que se acercan al centro solicitando servicios de IA, almacenamiento o virtualización. Y no solo las empresas sino también entidades de la administración pública como Patrimonio Natural, el Instituto Geográfico Nacional o la UME. Del mismo modo, se ha ampliado el catálogo de servicios de Scayle ofreciendo servicios de secuenciación genómica y cálculo intensivo, dando apoyo al tejido de biofarma de nuestro territorio, la ganadería y la agricultura.
– Las obras de la nueva sede de Scayle están casi listas a falta de la migración, que se culminará en 2027. ¿Qué supondrá este salto para la capacidad tecnológica y científica de Castilla y León?
– La obra está prácticamente finalizada y representará un importante avance en sostenibilidad, eficiencia y capacidad operativa, con la migración prevista entre finales de 2026 y principios de 2027. Ha supuesto una inversión importante por parte de la Junta de Castilla y León, no solo con la construcción del edificio, sino por el acondicionamiento de los Centros de Proceso de Datos para el alojamiento de nuestra infraestructura. Este edificio está pensado y preparado para continuar la expansión del centro en capacidades y servicios. Nos dará una gran visibilidad y facilitará espacios para colaboración y formación, potenciando el desarrollo científico y tecnológico de Castilla y León de manera más efectiva.
– ¿Cómo cambia el papel de Scayle dentro del ecosistema innovador nacional con esta ampliación?
– Con la ampliación, Scayle se consolida como un nodo clave en el ecosistema nacional, en colaboración con la Red Española de Supercomputación. Evoluciona hacia un rol más estratégico en proyectos tractores europeos de seguridad y defensa, IA, datos y cuántica, fomentando la transferencia tecnológica.
– El enlace cuántico entre Scayle e Incibe es pionero en España. ¿Qué aplicaciones reales puede tener en el futuro?
– El enlace cuántico es importante porque permite enviar información de una forma mucho más segura que con las comunicaciones tradicionales. En la práctica, esto significa que puede servir para proteger datos muy sensibles. Su utilidad futura está en que no será solo una demostración tecnológica, sino una herramienta real para cuidar comunicaciones críticas. Por ejemplo, podría usarse para asegurar el intercambio de claves de cifrado entre centros de datos, proteger información científica valiosa o crear servicios avanzados de ciberseguridad para empresas e instituciones. Además, este tipo de enlace abre la puerta a construir una especie de red cuántica más amplia en el futuro. Es decir, no se trata solo de conectar dos centros, sino de sentar las bases para una infraestructura de comunicaciones ultraseguras en Castilla y León y, más adelante, en toda España.
– Uno de los nuevos proyectos de Scayle es acercar la inteligencia artificial a las pymes. ¿Qué demanda puede existir?
– Existe una demanda creciente entre las pymes por soluciones de inteligencia artificial útiles, asequibles y adaptadas a la normativa europea. Muchas empresas ven la IA como una oportunidad real para ser más productivas, pero no pueden abordarlas solas por su alto coste y complejidad técnica. En ese contexto, Scayle puede actuar como facilitador, ofreciendo acceso a supercomputación, formación, pruebas de concepto y apoyo directo a través de EuroCC3, Digis3 o AI Factory, para que la inteligencia artificial deje de ser una tecnología reservada a grandes empresas y se convierta en una herramienta accesible para el tejido pyme.
– ¿Qué importancia tiene BioScayle para el desarrollo del polo biofarmacéutico?
– BioScayle es una pieza estratégica para el desarrollo del polo biofarmacéutico de Castilla y León porque conecta la investigación biomédica con capacidad real de cálculo, análisis genómico y tratamiento de grandes volúmenes de datos. Eso nos permite dar un soporte tecnológico que muchas empresas no pueden asumir. Además, Scayle está ampliando su red de alianzas con otros polos del sector, como el clúster de empresas bío de Asturias, con el que se va a firmar un acuerdo para reforzar la cooperación en ciencias de la vida. Esto demuestra que BioScayle no solo tiene impacto regional, sino que puede convertirse en una plataforma de colaboración interterritorial para impulsar innovación, transferencia de conocimiento y competitividad empresarial.
– Uno de los objetivos de Scayle es formar talento tecnológico. ¿Existe suficiente personal especializado?
– Hay talento, pero no suficiente para responder a toda la demanda del mercado. En áreas como la inteligencia artificial, el dato o la supercomputación sigue habiendo escasez de perfiles especializados, y muchas empresas tienen dificultades para encontrar profesionales con la formación adecuada. Por eso, uno de los grandes retos de Scayle no es solo atraer talento, sino también formarlo y ayudar a que las empresas y los profesionales de la región puedan incorporarse a estas tecnologías.
– ¿Qué perfiles profesionales serán más demandados en los próximos años?
– En los próximos años, harán falta sobre todo personas con conocimientos en inteligencia artificial, análisis de datos y ciberseguridad, capaces de llevar la tecnología a la práctica dentro de las empresas, ayudando a que realmente se genere valor. Y cada vez serán más valiosos los profesionales con perfiles híbridos o transversales, que combinen formación técnica con otras disciplinas y tengan facilidad para adaptarse a los cambios.
– ¿Dónde le gustaría ver a Scayle dentro de una década?
– Consolidado como un centro de referencia nacional e internacional, que siguiera creciendo como una infraestructura abierta, capaz de atraer talento, generar proyectos de alto impacto y convertir Castilla y León en un territorio puntero en tecnología avanzada. En diez años nos gustaría ver a Scayle no solo más grande y reconocido, sino también más conectado con el tejido productivo y más útil para resolver retos reales de la sociedad.