«Si mi padre viera la colección de bicicletas que tengo revienta de felicidad, estoy seguro». Lo dice convencido Óscar Paniagua, uno de los mayores coleccionistas que ha convertido su hobby en algo más, en una forma de homenajear a su padre. «Era un gran aficionado a la bicicleta, mucho, mi hermano mayor me contaba que iba en su Vespa a las carreras, a ver la Vuelta en Pajares, fue juez de carrera en otras locales, como la del Pavo y aquellas que había. Pero nunca pudo tener una bicicleta porque tenía cinco hijos, era un ferroviario que trabajaba en los talleres de Renfe y nunca pudo llegar a tener una bicicleta de carrera; lo más cerca fue una que se hizo, de aquellas de varillas... Me gusta pensar que haría si viera la colección que tengo».
Y a Óscar parecen volarle los pensamientos viendo la felicidad de su padre. «Ya hace 25 años que me metí a hacerme con bicicletas y cada día es más fuerte la pasión... allí donde me dicen que hay una voy; he llegado a ir a una chabola de narcos, para entendernos, me llaman muchas veces porque ya sabes que hay una red de contactos. El mundo de los coleccionistas».
Ciertamente tiene un punto de locura, o mejor de pasión. «Yo los días que hay rastro, no solo el de León, también los de Astorga o Ponferrada, al amanecer ya estoy en pie, para aparcar y llegar los primeros, que no se te escape nada».

- ¿Cuántas bicicletas tienes ya en tú colección?
- Entre setenta u ochenta, no lo se con exactitud pues las voy apilando.
- ¿Todas del rastro?
- No, muchas sí, pero busco en todas partes, también con las nuevas tecnologías, en Todocolección, en Wallapop... donde sea, ya te digo.
- ¿Y las perras que te cuesta?
- ¿Esto lo va a leer mi mujer? Es que euro que tengo, euro que pienso en dedicar a esta afición. Es cierto que todos los coleccionistas tenemos un punto de locura... o dos.
Entre las joyas de su colección le cuesta elegir, pues todas tienen su historia. Pero sí nos cuenta cuál son las más antiguas. «La más antigua debe ser una Areli del año 1922, aunque tengo otra que era del Ejército suizo que me han dicho que es de 1917;solo me falta el fusil, pero ya estoy en la pista de lograrlo».
A Óscar no le gusta restaurar las piezas, cambiarlas, prefiere ser fiel «a cómo eran en la realidad. Lo único que hago es limpiarlas bien, engrasarlas, a poder ser que anden y que sean lo más fieles posibles a su estado real.

Una parte pequeña de esa colección la ha llevado Óscar Paniagua hasta el antiguo cuartel de Garrafe de Torío, para que ‘acompañe’ y sea una actividad más de esa VI edición de la prueba ciclista que lleva el nombre de Senén Blanco, la gran referencia del ciclismo leonés que era natural de esta localidad que ha querido honrar su recuerdo con esta carrera y actividades como la muestra de Paniagua, que incluye además de las bicicletas vintage otros accesorios y maillots. «Esta muestra, que ya es un clásico del evento, ofrece a los asistentes la oportunidad de disfrutar de piezas históricas del ciclismo, enriqueciendo la experiencia del público asistente», señalan desde la organización, al mando de la que se encuentra el activo Chema, quien recuerda que por esta carrera «han pasado en ediciones anteriores grandes promesas como Benjamín Noval, que se incorporará al equipo profesional Ineos el próximo año, o Pablo Torres, actual corredor del UAE Team».
También colabora en ella y en la muestra el propio hijo de Senén, que ha llevado una bicicleta de su padre, el maillot de campeón del mundo de veteranos y algunas fotografías y recuerdos de quien escribió muchas páginas de gloria para el ciclismo leonés.
