Duras como peñas: "Rompió una pierna, bajó, se la entablillaron y siguió"

Kris Montero, guardesa de Collado Jermoso, realiza un repaso de las que ella considera que son verdaderas referentes en la montaña y en Picos de Europa, mujeres olvidadas que resultaron fundamentales

31/05/2026
 Actualizado a 31/05/2026
Kris Montero haciendo de porteadora a caballo para subir víveres y lo necesario para la vida diaria hasta Collado Jermoso | ARCHIVO ISIDORO R. CUBILLAS
Kris Montero haciendo de porteadora a caballo para subir víveres y lo necesario para la vida diaria hasta Collado Jermoso | ARCHIVO ISIDORO R. CUBILLAS

Las mujeres olvidadas de la montaña, especialmente de Picos de Europa, han sido las grandes protagonistas de las Jornadas de Montaña celebradas en León. Con el nombre de Las Cainejas (María Isabel Pérez y Teófila Gao Pérez) en primer plano, también se ha querido ir más allá, a otras mujeres aún más anónimas. Y para ello se eligió como primera ponente a Kris Montero, guardesa en el Refugio de Collado Jermoso, y una mujer que se ha convertido de alguna manera en un referente de lo apuntado. Ha hecho del refugio y Picos su vida, allí cría a sus dos hijas junto a su pareja. «Collado Jermoso es para nosotros un estilo de vida, aunque estemos solo unos 6 meses arriba, el resto del año estamos un poco con el corazón allí». 

Sin embargo, Montero no quiso ser ella la protagonista de su ponencia sino otras pioneras que me han precedido en distintos oficios, mujeres a las que definió con la expresión “duras como peñas”, de las que ofreció algunas pinceladas de su vida y de los trabajos que han desarrollado en Picos, una presencia que muchas veces va más allá de sus oficios; y lo ilustró con un ejemplo, el de las pastoras, de las que aseguró que “eran verdaderos faros en mitad de los montes, ya que muchos de los que los atravesaban eran los únicos informantes, y buenos que encontraban en su camino”. También recordó la colaboración de gente como Isidoro R. Cubillas o Ana Isabel Martínez de Paz, «que llevan años trabajando en este campo de recuperar la historia de las mujeres olvidadas en Picos».

collado jermoso kris
Kris Montero, la guardesa del refugio de Collado Jermoso que recuperó la biografía de otras muchas mujeres olvidadas de Picos de Europa. | SAÚL ARÉN 

Habló Kris Montero, fundamentalmente, de tres grupos de mujeres, lugareñas de Picos, tanto de la vertiente asturiana como la leonesa: Las ya citadas pastoras, las porteadoras y las guardesas. 

Y fue desgranando nombres, muy desconocidas lejos de los ambientes de montaña, pero queridas y valoradas en su ámbito. Las guardesas, el oficio de Kris, tuvo un antecedente en lo que serían las posaderas, que convertían sus ‘fondas’ en verdaderos refugios para quienes llegaban a ellos, “que encontraban allí no solo cobijo, también información, fundamental en aquellos años históricos de la Montaña”.

Fue desgranado nombres como los de Norina, vinculada a un apellido mítico en la montaña, los Remis. Hija del patriarca y leyenda de la montaña, José Remis, su hijo era el marido de Norina, al alma de la majada que estaba debajo de Vegarredonda, en La Rondiella. Destacó de ella el carácter de esta mujer, que llevaba toda la infraestructura de la casa. Kris Montero leyó una emotiva carta de una de las nietas de Norina que le hablaba del carácter fuerte y afable de aquella mujer de hierro, que segaba y lavaba a mano; que cada 15 días tenía que subir la molienda, que embarazada subía la hierba verde… pero siempre había un café para todo el que pasara por allí, y cobijo y conversación”.

-    Fue la mejor güela que pudimos tener; concluía el recuerdo.

Otra leyenda de la Montaña era Rosa la de Bulnes, aunque esta mujer había nacido realmente en Caín pero se casó en Bulnes muy joven, se fue a vivir a Bulnes y nunca más regresó a Caín. Era una verdadera leyenda por su fortaleza y su prodigiosa memoria, daba cuenta a los que llegaban de todo lo que ocurría, entablaba amistad y conversación con todos, especialmente se hizo amiga del gran Pedro Udaondo, otra leyenda de la montaña. Cuando Udaondo falleció, en Picos, Rosa le escribió un poema que no estaba recogido en ninguna parte pues realmente no lo escribió, lo sabía de memoria, un buen amigo común, Isidoro R. Cubillas, se lo grabó y fue él quien lo llevó a una fotografía que se ha convertido en testimonio de aquella amistad. 

Imagen 1 Rosalía Guerra entre Julián Aguinagalde y Pedro Udaondo Poema
Rosalia (Rosa), Guerra entre Julián Aguinagalde y Pedro Udaondo, a quien dedicó el poema que aparece en la fotografía. |  ARCHIVO ISIDORO R. CUBILLAS

En el apartado de la hostelería, por así decirlo, merece un recuerdo siempre otra leyenda de la cocina de alta montaña, y alta escuela, Guillermina Mier Campillo, de Bulnes, que llegó al siglo de vida. Montó el negocio con su nombre, Casa Guillermina, en Bulnes junto a su marido, Rafael, fallecido varios antes que ella y de quien aseguraba: «Fuimos muy felices. Era muy buen hombre y muy buen pastor, no hubo otro igual».

Apartado especial merecen las porteadoras, mujeres que se alquilaron para subir material para levantar refugios como Collado Jermoso, en el que ahora está Kris Montero. Recordó la actual guardesa que una de las ventajas de contar con los lugareños para levantar los refugios, como Collado Jermoso en 1942, “es que están bien colocados; es decir, donde están protegidos, no como cuando se hacen sobre plano”.

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Guillermina Mier Campillo. |  ARCHIVO ISIDORO R. CUBILLAS

También que entre aquellas porteadoras, que subían en zapatillas de esparto, “había muchas viudas que necesitaban el dinero que les daban, pero además seguían haciendo las faenas de casa. Habló de Avelina, Heliodora o Evangelina, que subían cargas de 40, 50 y hasta una viga de 80 kilos, “y les pagaban 0,25 pesetas por kilo”;  que “eran mujeres muy menudas, pero muy bravas. Algunas se quedaban sin pelo, de la mezcla del sudor y el cemento. Una de ellas rompió una pierna, bajó con ella rota, se la entablillaron y siguió con u trabajo”.

Cerró la ponencia recordando a referentes más cercanos para ella, mujeres que también trabajan en la alta montaña, crían a sus hijos… y, en el caso de Kris Montero, es autora de cuentos infantiles en los que trasmite esta pasión por la montaña 
 

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