Hay zonas de la montaña leonesa en las que todavía es posible caminar durante horas sin cruzarse con nadie. El pico Gilbo, sin embargo, ofrece desde hace años una imagen muy diferente. Su silueta sobre las aguas del embalse de Riaño se ha convertido en una de las estampas más reconocibles de la provincia y atrae a un elevado número de senderistas, especialmente durante los fines de semana y las jornadas con buen tiempo.
Conocido como el ‘Cervino leonés’ por su perfil piramidal, el Gilbo concentra una afluencia que contrasta con la escasa presencia de visitantes en otras cumbres cercanas y en numerosos rincones de la montaña leonesa. Su popularidad se percibe antes incluso de comenzar la ruta, ya que la zona habitual de estacionamiento junto al embalse reúne vehículos desde primera hora y puede quedarse sin espacio en los días más concurridos.
Desde allí comienza un recorrido que, pese a no ser especialmente largo, presenta un desnivel considerable y varios tramos en los que es necesario ayudarse con las manos. El principal punto de concentración se encuentra en la parte final, donde la estrecha cresta obliga a extremar las precauciones. La coincidencia de personas que ascienden y descienden genera esperas y embudos en una zona expuesta, con piedra suelta y pasos de trepada de grado II que no siempre resultan evidentes en las imágenes difundidas a través de las redes sociales.

Precisamente, la panorámica que se contempla desde la cima ha convertido al Gilbo en un reclamo habitual en Instagram, TikTok y otras plataformas. Las fotografías del embalse rodeado por las montañas, comparadas habitualmente con la estampa de los fiordos noruegos, han contribuido a reforzar su popularidad, aunque muchas veces dejan en un segundo plano las dificultades reales de la ascensión.
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