El jurado del premio 'Leonés del Año', concedido anualmente por Radio León, ha distinguido esta vez al editor, músico y librero Héctor Escobar, que se ha convertido durante los últimos años en uno de los grandes animadores culturales de la ciudad y la provincia. Este reconocimiento pone en valor una trayectoria prolongada, coherente y decisiva que se ha desarrollado desde múltiples ámbitos y siempre con unos objetivos comunes: acercar la cultura a la sociedad, fomentar la creación y sostener espacios de encuentro en torno al libro, la música y el pensamiento.
– Este reconocimiento como Leonés del Año llega por una trayectoria muy vinculada a la cultura. ¿Qué significa para usted recibir un premio otorgado precisamente en una tierra que tantas veces ha reivindicado la necesidad de apostar por la creación cultural?
– Lo primero, una sensación de sorpresa. Uno se puede imaginar cualquier cosa menos este reconocimiento. Es como que sales a la calle y te atropella un coche. Crees que nunca te va a ocurrir, pero puede ocurrir. ¿Por qué a mí? Una sorpresa monumental, pero luego fui tomando conciencia y me di cuenta de que algo habré hecho para que esas personas hayan tenido esa consideración. Y luego me puse a repasar un poco mi vida, que está totalmente vinculada a este escenario, que es mi tierra, León. Y no solo la capital, sino también la provincia, su paisanaje y su paisaje. Cada vez que viajo siempre estoy pensando en los árboles que hay en la calle Ramiro Valbuena, que es como una cosa que tengo ahí desde niño. Yo siempre he pensado que hay que hacer cosas que para darle trascendencia al hecho de vivir y yo he tenido la gran suerte de hallar esa trascendencia en la cultura, en hacer cosas para los demás o cosas que son buenas para mí y por tanto entiendo que también para los demás. Y no me refiero sólo al ámbito de la música, que quizás fuera el hecho inicial, sino también al arte, con mis diez años en la galería Maese Nicolás, o sobre todo a la literatura, que creo que es el territorio básico y fundamental para entender el hecho de vivir, porque no es solo un género, sino que también es una forma de estar en el mundo y es donde reside realmente la voluntad del ser humano, en esa faceta del oficio, la imaginación y la reflexión. Es muy importante tomar conciencia de la reflexión y de la de la verdad, porque cada uno podemos tener una verdad, pero hay una verdad que tiene que ver con la solidaridad, con el compromiso, con la igualdad y sobre todo con la libertad. Creo que es la verdad que hay que mantener y eso se logra con entusiasmo e ilusión por levantarte cada mañana a poner en el camino cosas que puedan aportar. Y eso es a lo que me dedico. Me equivoco millones de veces, me digo muchas veces a mí mismo «qué tonto estás» o «qué gilipollas eres», pero es verdad que, cuando llegas a casa por la noche y haces un extracto de lo que ha sido el día, siempre digo que tengo motivos para estar contento y creo que es lo que realmente importa.
– ¿Cuál de todas esas facetas cree que le ha ayudado más a entender y a contar la realidad de León?
– Básicamente, la literatura en toda su concepción, no solo en la parte etnográfica, no solo en el análisis político que se puede llevar a cabo en las opiniones de los periódicos, sino también en la literatura que nos dejan los grandes escritores leoneses, que nos han regalado tantas y tantas escenas de nuestra provincia, de nuestro paisaje, de nuestro paisaje, de nuestra oralidad. Creo que es lo que realmente nos hace estar aquí presentes en un momento en el que tenemos que pensar que la huella es fundamental. Ahí está Julio Llamazares con todo lo que nos ha ofrecido sobre este territorio. Luis Mateo Díez, Jesús Torbado… Son tantos y tantos que al final te vas alimentando y los espacios que no conoces, que yo presumo de conocer muy bien la provincia León a través de las asociaciones culturales y de las actividades que llevan a los pueblos, te los imaginas gracias a esa oralidad en la que, aunque no te hablen completamente de ese espacio, ya tienes esa capacidad de imaginártelo.
– Desde el mundo editorial se suele decir que la cultura es una inversión y no un gasto. ¿Cree que las administraciones leonesas han entendido ya ese mensaje o seguimos arrastrando una cierta falta de ambición cultural?
– Con honestidad, me hubiera gustado ser político, porque soy una persona que me gusta hacer cosas por las demás e involucrarme. Sin embargo, yo no podría ser político porque no entiendo eso que llaman política de partido, eso que llaman el aparato, esas cosas que suenan como muy mal. Entonces, creo que la cultura es algo que realmente llena bocas, pero hay poco compromiso. Y no lo digo en el hecho de la inversión económica, que a veces podría estar mejor, pero yo me centro en el otro espacio, en el de la complicidad. La gente de la cultura tiene que estar apoyando la cultura económicamente, que viene bien, pero sobre todo estando presentes y yo siempre noto una carencia absoluta en todos los factores que tienen que ver con la cultura y en cualquier institución que sean partícipes de lo que se desarrolla en la ciudad o en la provincia. Eso me da muchísima rabia, porque creo que ahí reside una posibilidad real de que vayamos hacia arriba, de que se ilumine el espacio de la ciudad y de la provincia, de tener nuestra propia identidad a través de la cultura, pero no una identidad rancia, sino una identidad de futuro. Yo soy muy de León, muy leonés, pero soy un leonés de futuro, no de pasado. Creo en el futuro esa tierra, porque es maravillosa, pero no podemos estar echando continuamente tierra, tierra y tierra. No, hay que quitar la tierra y empezar a sembrar la hierba o lo que tenga que crecer. Económicamente tienen que estar, pero sobre todo deben tener una concepción de los proyectos que realmente son importantes y puedan aportar no a nivel internacional, sino a los propios leoneses. Se trata de hacer algo para que la gente sienta ilusión y sobre todo crea que la cultura es algo mucho más que llevar a los niños al circo o entrar a una biblioteca a preparar oposiciones. La cultura es absolutamente todo, es nuestra huella y es el hecho trascendental para el futuro. No hay otra opción. Tecnología por un lado cultural y tecnología por otro. Y solo hay que ver a dónde nos está llevando la tecnología...
– León ha dado grandes escritores, pero también músicos, fotógrafos y artistas de enorme nivel. ¿Qué falta para convertir todo ese talento en un verdadero motor de desarrollo económico y social para la provincia?
– Hemos hablado de escritores y claro que también hay muy buenos músicos en nuestra provincia. Yo tuve la suerte de tocar en Los Flechazos, que fue un grupo que tuvo una trascendencia en los años 80 a nivel nacional y un poco a nivel internacional gracias a los sitios donde íbamos a grabar los discos. Entonces había un montonazo de grupos y todos eran buenísimos. Y ahora hay muchos grupos que también son francamente buenos, aunque quizás están más anclados en otros géneros como la música indie, pero también está Café Quijano, que hacen boleros y un tipo de música que quizá no sea mi preferida, pero todo el mundo sabe que son de León y todo el mundo sabe lo que hacen. Y hay también hay grandes productores, pero también está el escenario de las imágenes y la fotografía. Y ya no solo García-Alix, sino Olaf Pla, José Ramón Vega, Andrés Edo, Divina Quinina, Julia Liébana, Carmen Coque… Escultores como Amancio González, pintores como José de León o Félix de Agüero… Tenemos un talento y un patrimonio que hacen que nuestro territorio sea muy de la cultura. Además, al ser una provincia tan sumamente rica en paisajes, porque tenemos comarcas que se diferencian en aspectos del paisanaje y de la oralidad, pero también en el paisaje y creo que eso y los inviernos tan duros que tenemos hacen que la creatividad salga más a flote. Creo que nos va a tocar una época dura a nivel nacional e internacional y todo eso deriva también en los hechos locales y hace que el creador haga de la desgracia virtud. Es importante mantener el diálogo entre los artistas y los vecinos de la ciudad. Es importante darle importancia a los barrios, que es donde reside la verdad de una ciudad.
– Siguiendo ese mismo razonamiento, la verdad de la provincia reside en los pueblos, porque usted se ha empeñado siempre en llevar la cultura a nuestro medio rural…
– Evidentemente. Si la cultura salió de los pueblos, hay que devolverle la cultura a los pueblos, pero la cultura de calidad, no vale cualquier cosa, porque aquí lo que tenemos es que ofertar lo mejor para no desvirtuar. Ahora que hay tantas herramientas tecnológicas para desvirtuar, todo el mundo se cree que es fotógrafo por tener un móvil, todo el mundo se cree que es escritor con la posibilidad de autoeditarse un libro… Y con la música pasa un poco lo mismo, pero al final es todo mentira. La verdadera realidad reside en el oficio, una palabra que tenía que ir ligada a nuestro a nuestro gen desde que nacemos. Tenemos que hacer oficio de las cosas y los grandes escritores leoneses son grandes escritores, porque todos tienen oficio además del don y la creatividad. Y los grandes pintores, los grandes escultores y los grandes músicos lo son porque tienen oficio.
– Se habla mucho del futuro de León, pero quizá menos de las oportunidades perdidas durante los últimos años o las últimas décadas. ¿Qué reivindicación histórica cree que nunca debió haberse dejado escapar?
– Es básico y fundamental saber que todo el mundo está emigrando a grandes ciudades, porque parece que es donde realmente está el trabajo, pero también es verdad que, cuando algo pasa y dejamos que pase sin darle importancia, luego es muy difícil de recuperar lo que hemos perdido. Yo estoy convencido de que, si el tren de Feve volviese a entrar al centro de la ciudad de León, lo tomarían muchísimas personas, pero no solo para el fin de semana, para ir al campo, para ir a escalar o para recorrer los pueblos, sino también por motivos laborales o de otro tipo. A mí me gusta ir en tren a San Feliz de Torío y estoy convencido de que muchas personas subirían al tren como antiguamente para bajar a hacer la compra a León o para venir al médico o a hacer papeles. Aquí estamos todo el día hablando del medio ambiente, pero al mismo tiempo nos están obligando a coger el coche. Aquí todavía tenemos la ORA y podemos aparcar el coche para tenerlo la mañana o la tarde, pero en otras ciudades hay que cambiarlo a las dos horas, pero no de sitio, sino que te tienes que ir a dos o tres de distancia para volver a aparcarlo. Yo no sé quién piensa estas cosas. Cuando la vida era fácil, las cosas funcionaban. Y cuando la vida era fácil, yo era pequeño y la gente sufría mucho, porque no había los recursos que hay ahora. Ya no hablo de la tecnología y de otros muchos avances, porque la gente tenía lo que tenía. Los niños teníamos un balón y jugábamos en la calle utilizando las puertas de los garajes como porterías. Y poco más, pero éramos felices y no nos faltaba nada, aunque de vez en cuando nos cayera un chachete. Sin embargo, ahora hay muchas exigencias y muy poco compromiso. Lo digo sinceramente, la gente exige mucho, pero no quiere dar nada a cambio. ¿Dónde está el compromiso de la gente? Es como lo que ocurre con lo público. A mí me molesta sobremanera la gente que tira cosas al suelo, que quema contenedores o que pinta los bancos, la gente que rompe un cristal y que no le da importancia a lo público. Y ya no es que sean cosas que pagamos entre todos, sino que es una forma de educación social. Hay una falta de respeto educacional en la sociedad muy importante. ¿Y a qué se debe? A lo que vemos en el Congreso de los Diputados, que es una verdadera aberración. Se han perdido las formas. Cuando era niño, miraba el hemiciclo y estaban Blas Piñar, que era de Fuerza Nueva, frente a Santiago Carrillo, que era del Partido Comunista. En el medio estaban los demás, respetaban el lenguaje, eran intelectuales y tenían una visión de Estado. Ahora, el gran problema es que la intelectualidad ha desaparecido de la política. El último gran intelectual que ha habido en la política creo que fue un conservador que se llamaba Herrero de Miñón, pero ahí se acabó. Y ahora que es una especie de gallinero o de mentidero lleno de acusaciones continuas y de corrupción. ¿Qué espera una sociedad de un hemiciclo como el que tenemos? Pues nada. Y ante eso, hay que hacer lo que intentamos hacer muchos, que es intentar generar desde lo poco algo que vaya radiando entre lo más cercano para intentar cambiar poco a poco las cosas. Así he concebido siempre mi vida. Mi vida es intentar cambiar las cosas cuando creo que está bien cambiarlas. Yo siempre he sido cristiano, no lo voy a esconder nunca. Sigo siendo cristiano y lo voy a ser toda mi vida, porque mi ídolo y mi héroe es Cristo. Me gustan muchos escritores y muchos músicos, pero mi verdadero referente en la vida es Cristo en la cruz.
– En los últimos años hemos asistido a un resurgir del leonesismo tanto en el ámbito político como en el social. ¿Cómo interpreta usted ese fenómeno y qué lectura cree que debe hacerse desde Madrid y desde Valladolid?
– Insisto en que soy un leonés de futuro, no soy un leonés del pasado. Me encanta la historia de León y es fundamental conocerla y estar orgullosos de ella, pero creo que las reivindicaciones se tienen que hacer desde otro ámbito, no siempre desde el victimismo. Creo que hay que plantarse con garantías ante las cosas y trabajar duro para convencer de que podemos hacer las cosas. Y para ello hay que huir de los localismos. Si queremos luchar por nuestra tierra, tenemos que ponerla en valor, pero no aquí, que es a lo que me refiero cuando hablo de localismos, sino en el exterior. Y también debemos dar garantías, por lo que creo que es muy difícil que te tengan en consideración por el mero hecho del lamento. Antes hablaba de la igualdad y en este país cada vez hay más desigualdad territorial. Claro que habría sido lógico tener una región leonesa, pero estamos en una circunstancia en la que por ahora no se puede llevar a cabo una escisión de Castilla. A lo mejor en un futuro se consigue, pero siempre con garantías de que quienes lo lideren lo hagan realmente convencidos de que podemos sacar esto adelante, que no sea también un espacio para el yo ni para el tú, sino para todos.
– Mencionaba antes la gran polarización política que vivimos. ¿Cree que es posible construir espacios de encuentro y diálogo desde la cultura o la confrontación ha llegado también de forma irreversible a este ámbito?
– Creo que está absolutamente todo está contaminado. Hay muchos intereses también en agentes culturales derivados de la política. Hay un clientelismo absoluto en la cultura, pero ¿en qué no lo hay? Me hace mucha gracia cuando los políticos dicen que lo pagan unos u otros, como si no lo pagaran con los impuestos de todos los españoles. Si es un proyecto bueno, lo tendrían que apoyar todos, sea del PP, del PSOE, de Izquierda Unida, de Podemos o de Vox. Si es un proyecto cultural bueno y universal, deberían apoyarlo todos. Y lo mismo ocurre con la prensa. Si hay un proyecto importante para León, todos los medios de comunicación tendrían que apoyarlo en lugar de mirar otros intereses para no hacerlo. Son cosas que no me entran en la cabeza, porque en muchos proyectos deberíamos ir todos a una. En todo caso, las provincias pequeñas también tienen esa cosa buena de que todo parece que llega, porque en Madrid parece que todo se diluye, pero me da mucha rabia cuando nace un proyecto importante para la provincia y parece que siempre hay algún interés en que no salga adelante. ¿Por qué? Si somos leoneses y queremos que esto salga adelante, ¿por qué un partido político no quiere? ¿Solo porque lo han propuesto los otros? Es una aberración y en la prensa a veces pasa lo mismo, porque hay quienes están conteniendo para que las cosas no acaben de salir. Es como cuando la tortuga asoma un poco la cabeza y ¡zas! Me da rabia, porque yo nunca miro eso y creo que hay que apoyar las cosas que pueden ser buenas para León.
– Si pudiera aprovechar el reconocimiento como 'Leonés del Año' a la hora de lanzar un único mensaje a los responsables políticos de todas las administraciones, ¿qué les pediría ahora mismo para garantizar que León tenga un futuro mejor dentro de veinte o treinta años?
– Tengo muchísimos defectos, pero creo que una virtud. Parece un poco pretencioso decirlo, pero soy muy voluntarioso, quizá demasiado. Doy todo y doy más, pero yo creo que a los políticos les falta voluntad. Y eso se debe básicamente a que hay detrás un aparato o una política de partido que llaman ellos y que realmente amputa la posibilidad de que esa supuesta voluntad se pueda llevar a cabo. Bastaría con gestos nimios y muy pequeños, pero les falta esa voluntad. Y a mí me gustaría que los políticos fueran honestos de verdad, lo primero con ellos mismos, que supieran verse en esa honestidad propia y personal al margen de las siglas a la hora de luchar por lo nuestro, por lo de los vecinos o por lo de los amigos, pero lo de los amigos vecinos, no los amigos que puedan tener otros intereses. Creo que es eso: voluntad y creer en esa voluntad. A veces da la sensación de que, cuando una persona entra en política, es como que tuviera ya un tipo de piel dura que les hace no tener nada que ver con la persona de antes. Y luego, cuando pasa el tiempo y vuelven un poco al espacio de la realidad, me da apuro ver a esa gente, porque me da la sensación de que andan buscando otra vez un reencuentro pese a ser conscientes de que algo no ha ido bien. Creo que tiene que haber una honestidad personal y enfrentarse. Yo no podría ser político, porque entraría un partido y sé que me echarían al día siguiente. Puede haber políticas en el PP que están bien, otras del PSOE que también están bien, otras de Podemos que pueden estar bien… Todo lo que tenga que ver con la libertad, con la responsabilidad, con la igualdad y con la voluntad. Y todo fuera de los márgenes de la violencia. Hay que huir totalmente de la violencia y por eso creo que la literatura y la palabra son muy importantes. Quien utiliza bien las palabras tiene la mejor herramienta para desarmar a los violentos.