La aprobación supone para el Consejo Regulador el cumplimiento de una vieja aspiración, ya que la tramitación se había iniciado en 2014 y había llegado a Bruselas con fecha 13 de marzo de 2017.
La Denominación de Origen León operaba ya con esa marca desde el 1 de noviembre de 2018, al amparo de una autorización transitoria del Ministerio de Agricultura y del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León, dando respuesta a un objetivo perseguido por el Consejo Regulador, cuyos intereses comerciales y los de las cuarenta bodegas a las que representa se veían dañados por la mención “tierra”, al remitir ésta por confusión a una calificación inferior como es la de Vino de la Tierra de Castilla y León.
El lanzamiento de la marca y la nueva imagen fue acompañada entonces por el cambio de la etiqueta conocida como tirilla y ubicada en la parte posterior de cada botella que certifica los vinos de la zona de producción del sur de la provincia.
Aprovechando esta circunstancia, la Denominación de Origen León recuerda que sólo los vinos certificados por ella cumplen al cien por cien la acreditación varietal, fundamentalmente Albarín y Prieto Picudo, de origen y de la más alta calidad elaboradora frente a otros de calificaciones inferiores como Vino de Mesa y Vino de la Tierra de Castillla y León.
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