Cuando Alberto Acedo y Adrián Ferrero se conocieron en La Bañeza haciendo judo, lejos estaban de pensar que iban a ser los artífices de una empresa que hoy en día dirige su actividad desde California. A cientos de kilómetros de León, desde la conocida como ‘Meca de las startups’, estos dos jóvenes leoneses son la cara visible de lo que hoy en día conocemos como Biome Makers, una compañía que ha traspasado fronteras hasta hacerse un hueco en el anhelado Silicon Valley.
Muchos se preguntan qué ha llevado a estos dos bañezanos a conseguir este incontestable éxito mundial, pero su secreto se esconde justamente debajo de sus pies. En un mundo donde el análisis de datos es el pan de cada día, Adrián Ferrero y Alberto Acedo entendieron rápidamente que enfocar la atención en la información que nos proporciona la comunidad de microorganismos que habitan en los suelos era el camino a seguir, más si cabe en un sector agrario que conocían a la perfección después de crecer en la comarca bañezana."Ponemos los ojos en el espacio, pero nuestro motor productivo es el suelo", recuerda Adrián en una entrevista donde repasa el meteórico crecimiento de la compañía que dirige desde hace once años junto con su socio Alberto. Solo les ha hecho falta una década para conseguir dejar huella en más de 56 países, todo un hito al alcance de muy pocas empresas y que demuestra como aquella valiente apuesta que hicieron por el mundo de la microbiología en su momento ha conseguido dar sus frutos.
Antes de que Biome Makers fuera una realidad, la mente inquieta de estos dos emprendedores bañezanos ya dio forma a una empresa que, a la postre, sería la primera piedra de lo que hoy en día es Biome Makers. En esta ocasión, la genética fue la disciplina sobre la que construyeron su primera empresa, un campo donde se había especializado el propio Alberto tras estudiar Ciencias Medioambientales. Junto con Adrián, el encargado de la parte más económica y empresarial del proyecto, presentaron al mundo AC-Gen Reading Life. En poco tiempo, la compañía alcanzó cierta presencia en su campo y varios inversores pusieron su mirada en la empresa. Los dos leoneses decidieron vender AC-Gen Reading Life y, con el dinero obtenido, dar vida a una nueva empresa. Fue aquí cuando nació Biome Makers, una idea que moldearon a partir del conocimiento y la experiencia que tenían del mundo de la genética, pero esta vez enfocado en un campo que conocían a la perfección: la agricultura.
Al principio, la empresa se centró en los viñedos. Rápidamente, se dieron cuenta que los agricultores conocían al dedillo todos los propiedades químicas de sus terrenos, pero no eran del todo conscientes del filón sin explotar que era analizar la comunidad de bacterias y hongos que habitan en los viñedos y que juegan un papel clave en la fermentación y el carácter del vino. "Son un sensor natural de todo lo que pasa en el campo", explica Adrián mientras relata como en sus inicios les fue un tanto complicado encontrar financiación en nuestro país. Aquí es donde aparece en escena la compañía americana ‘Ilumina Accelerator’, quién decidió apostar por ellos desde el primer momento. Con el impulso de la mayor empresa de genética del mundo a sus espaldas, se pusieron manos a la obra para tratar de conseguir digitalizar la comunidad de microorganismos que habitan en los suelos con la mayor calidad posible. Dicho y hecho, Alberto y Adrián vieron cómo las soluciones más revolucionarias están hoy en día en el suelo. Con esta información, decidieron presentar al mundo sus primeros productos, siempre respaldados por opiniones de unos agricultores que les permitieron pulir al máximo su idea.
La tecnología como aliado
En líneas generales, su tecnología permite hacer un análisis médico del suelo a partir de la extracción de una pequeña muestra de tierra. En el laboratorio, extraen el ADN de las bacterias y los hongos que habitan el terreno. Con esta información sobre la mesa, Biome Makers compara la información con la inmensa base de datos que maneja la compañía. Como resultado, elaboran un informe que entregan a los agricultores en donde aparecen analizados indicadores como la salud del suelo, la disponibilidad de nutrientes o la respuesta a fertilizantes. Todo un submundo de análisis estadístico que ayuda al agricultor a tomar mejores decisiones agrícolas.

"Buscamos poner el suelo como el motor de la producción agrícola", explica Adrián, una filosofía que no había sido precisamente la dominante las últimas décadas en un sector que siempre mira con cierta incertidumbre el futuro. A partir del dato y el análisis, Adrián remarca como los agricultores pueden entender e interactuar con el suelo de una manera más "cercana y amigable". En un sector donde en ocasiones se miraba con recelo la llegada de la tecnología, estos dos bañezanos han demostrado cómo la innovación no tiene por qué ir reñida con la producción. "Ayuda a tener producciones, mejores cosechas y mejores alimentos", remarca después de constatar cómo los agricultores son capaces de sacar partido a su mastodóntica base de datos, con más de 55 millones de microorganismos extraídos de más de 200 cultivos. Con el tiempo, ampliaron su foco del viñedo al resto de cultivos, un trampolín que les ha permitido consolidar seguir creciendo año a año."Ha sido una expansión bastante natural y rápida", recuerda el propio Adrián Ferrero.
Un León en la UCI
Como bañezano, Adrián no ha permanecido ajeno a todo lo vivido recientemente en la comarca, desde los devastadores incendios del 2025 hasta la alegría que supuso el ‘Gordo’ de la Lotería, un premio que llenó de alegría la ciudad leonesa estas pasadas navidades. Sin olvidar el cierre de la Azucarera, el emprendedor leonés ha seguido muy de cerca la actualidad bañezana. A pesar de viajar por todo el mundo, sigue viviendo en la ciudad, en donde ha montado un equipo de innovación abierto para que cualquiera que quiera contactar con algún empresario pueda hacerlo de una manera más sencilla. Aún con todo, Adrián admite como "sigue faltando sentimiento de comunidad"."Todavía seguimos pensando en pequeño e individual", lamenta en referencia a la escasa mentalidad empresarial que sigue arraigada en la ciudad, más centrada en atraer la inversión de fuera que en unir fuerzas para "trabajar juntos y generar oportunidades comunes"·.
En un contexto tan propicio como el actual, en donde la fortuna ha sonreído por fin a la ciudad con una lluvia de millones gracias al ‘Gordo’ de la Lotería, Adrián sigue observando en el sector empresarial de la ciudad una alarmante falta de «iniciativa y movimiento», una losa que en un futuro no muy lejano puede condenar a una provincia que, pese a contar con una "calidad de vida excepcional, nada es eterno si no lo cuidamos". Como ejemplo del talento que sigue produciendo la provincia, cita a los astronautas Pablo Álvarez y Sara García, dos jóvenes que se han visto obligados a emigrar y que representan a la perfección como "vamos justos de oportunidades". "La gente más válida está produciendo fuera", concluye la llamada Adrián Ferrero, uno de los fundadores de Biome Makers, un ejemplo perfecto de cómo es posible llegar a todo el mundo y, a la vez, seguir apostando por tu tierra.
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