En torno a la Plaza Mayor se reparten algunos comercios que tuvieron su origen en el tradicional mercado que allí se celebra cada miércoles y sábado, cita imprescindible para todo leonés que se precie de serlo, y que pasaron de ser puesto ambulante a establecimientos abiertos al público de forma permanente. Es el caso de La Cacharrería, situado en la calle Azabachería, donde se unen talento y tradición, modernidad y proximidad, regalos para el recuerdo y útiles de cocina.
La Cacharrería abrió en los años cuarenta del pasado siglo, regentada por un matrimonio originario de Jiménez de Jamuz, Juliana y Domingo, que, efectivamente, hasta entonces habían estado vendiendo los cacharros hechos en su pueblo en el mercado de la Plaza Mayor. Ese barro rojizo típico de la comarca es el santo y seña de esta tienda que, entre otros, reivindica la utilidad el botijo, ese utensilio que forma parte de nuestra historia y que hoy ha quedado para demasiada gente en desuso, cuando en realidad conserva la temperatura del agua mejor que ningún otro y, al mismo tiempo, resulta menos contaminante que cualquier otro tipo de recipiente.
En La Cacharrería, regentada desde el 92 por Ángeles Murciego, se puede encontrar alfarería no sólo de León sino de otros muchos de España, con especial demanda en el caso de las cazuelas zamoranas de Pereruela, por su barro refractario que se ha hecho muy popular en las cocinas de todo el país. Por lo que se refiere al producto local, como no podía ser otra manera, Jiménez de Jamuz, su barro, sus artesanos, ocupa un lugar destacado, especialmente con las creaciones de Vicente Murciego, Taruso, lo que compone en su conjunto una de esas visitas que resultan obligatorias tanto para los visitantes de la ciudad como para los propios leoneses.