Club Pandetrave: Cuando la montaña es para todos

Camino, Marcelino y Fernando lideran una entidad que rompe barreras llevando a las cumbres a personas con discapacidad

Mara Arén
Paula Escalante
05/04/2026
 Actualizado a 05/04/2026
Un instante de la entrevista inclusiva realizada en la redacción de La Nueva Crónica. | L.N.C.
Un instante de la entrevista inclusiva realizada en la redacción de La Nueva Crónica. | L.N.C.

'Entrevistas Inclusivas’ es un espacio de colaboración entre La Nueva Crónica y la asociación Activos y Felices. Su presidenta, Belén Arén, junto a Paula Escalante, una joven con discapacidad física, entrevistan a personas cuyo día a día tiene un gran impacto en la vida de otras personas o en la provincia. En esta ocasión, los protagonistas son Camino Fernández Morán, Marcelino Fernández López y Fernando Luque Borge, del club Pandetrave. Fundado oficialmente en 2009, aunque con actividad desde dos años antes, este club deportivo rompe barreras llevando a personas con discapacidad a las cumbres con el fin de convertir la solidaridad en aventura. Su vocación es clara: no hacer actividades para personas con discapacidad, sino con ellas. El único requisito es querer pasarlo bien en la montaña.

– Marce, eres uno de los fundadores. ¿Cómo surgió el nombre del club?
– Tiene gracia. Pandetrave es un puerto que comunica Valdeón con La Reina. Podríamos haberlo elegido por eso, pero la realidad es que, cuando iba a registrar el club y necesitaba un nombre urgente, los compañeros decían que pusiera el que yo quisiera. Estaba escuchando en el coche a un grupo de folk llamado Pandetrave y por eso lo elegí.

– ¿Recuerdas la primera ruta?
– Sí, fuimos al Faedo de Ciñera. Era algo suave, en plan ‘tranqui’, porque íbamos con gente de la Once que nunca había salido a la montaña y tenía dificultades incluso en su entorno cotidiano. Vimos que las posibilidades eran muchas y que confiaban plenamente en los sistemas de movilidad y en los voluntarios. De esa primera ruta sencilla, a la siguiente ya subimos el Teleno.

– Para que estas rutas sean posibles, hace falta "mano de obra especializada". Aquí entra la figura del voluntario, encarnada por Fernando. ¿Qué te motiva a realizar este esfuerzo físico y logístico?
– Cuando uno va cumpliendo años y deja el deporte competitivo, se da cuenta de que tiene que devolverle al deporte lo que el deporte le ha dado.

– Llevas la silla Joëlette, lo cual requiere fuerza. ¿Necesitáis formación?
– Sí, es necesaria. Al final, sus riesgos son mis riesgos. Somos mínimo tres personas haciéndonos cargo de alguien que no podrá ayudarnos si surge un problema, por lo que hay que estar físicamente fuertes. Hacemos formación específica en el club, para toda Castilla y León, a través de la federación, la damos nosotros. e incluso hacemos la práctica con muñecos para probar maniobras. Además, antes de las salidas oficiales, Marce u otros compañeros hacen las rutas previamente para asegurar que la silla puede pasar.

– ¿Qué perfil tienen las personas a las que has llevado en la silla?
– A muchas personas, a ti, a algunos amigos tuyos y a personas mayores que se han emocionado al ver los montes donde crecieron.

– Aunque el club cuenta con más de 100 afiliados, la realidad operativa es más compleja. Camino, su presidenta, asumió el cargo porque "nadie quiso ser". ¿Qué responsabilidad supone ser presidenta de Pandetrave? ¿Cuál es su motivación? ¿Cuál es la mayor dificultad a la que se enfrenta el club hoy en día?
– La responsabilidad es mucha, pero la asumimos entre todos. No sé si queda bien decirlo, pero soy presidenta porque nadie quiso serlo. Cuando vamos a cursos sobre responsabilidad legal, me asusta un poco, pero me gusta mucho formar parte del club. Además, como mis actitudes para la montaña ya no son lo que eran, me dedico a organizar las rutas y a darle la lata a Marcelino para que haga las cosas, porque tiene muchas ocupaciones. Lo de la responsabilidad legal ni lo pienso, confío en mis compañeros.

– ¿Qué hacen para conseguir más voluntarios?
– El mayor problema es que necesitamos más personas voluntarias. Tenemos muchos socios sobre el papel, pero a la hora de la verdad, necesitamos gente que pueda tirar de las sillas y llevar las barras direccionales. Más que dinero, aunque la Federación nos da alguna ayuda, lo que necesitamos es personal humano, algo difícil de conseguir. A todos los sitios que voy, siempre digo, por favor, todos los montañeros que salen a la montaña y que nunca han visto lo que es el montañismo inclusivo, que vengan por lo menos un día y que lo vean y que no echen una mano. Si se animan se darán cuenta de que ser voluntario no es lo que das, sino lo que recibes. Cuando acabas la travesía el chute de adrenalina y bienestar es insustituible por cualquier emoción.

Marce, que debido a sus lesiones ya no puede portear pero sí documentar, se encarga de inmortalizar cada salida. ¿Es difícil grabar en plena montaña?
– La tecnología ayuda, pero lo difícil es que la gente no se está quieta, pasan los charcos deprisa y me salpican la cámara. Además, hemos publicado dos libros sobre montaña inclusiva. En uno se tocaron muchos aspectos de distintos tipos de discapacidad y qué tipos de personas pueden ir a la montaña a hacer actividades. Y el otro trataba de documentar las actividades que habíamos hecho en Pandetrave de la mano de Vicente García.

– ¿Qué destacáis de la experiencia de acercar la montaña a personas que no pueden ir por sus propios medios?
– Para nosotros, un día de montaña es un día de fiesta. Llevar a la persona que tiene ese pequeño problema a la montaña es una satisfacción y dar descanso a los cuidadores también es muy importante.

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