Cerveza artesanal en La Cepeda: Valles del Lúpulo, la microcervecería que nace del lúpulo leonés

La microcervecería impulsada por Isaac Cancillo transforma el lúpulo leonés y la tradición agrícola de La Cepeda en un proyecto sostenible que apuesta por la calidad, la innovación y el producto de proximidad

04/05/2026
 Actualizado a 04/05/2026
Isaac Cancillo, fundador de Valles del Lúpulo, en el obrador donde elabora cerveza artesanal | B.G
Isaac Cancillo, fundador de Valles del Lúpulo, en el obrador donde elabora cerveza artesanal | B.G

A apenas seis kilómetros de Astorga, en la localidad de Brimeda, una antigua nave familiar reconvertida en obrador alberga hoy uno de los proyectos cerveceros más singulares de la provincia leonesa. Allí, en plena comarca de La Cepeda, la microcervecería Valles del Lúpulo ha conseguido transformar la tradición agrícola del entorno en una cerveza artesanal con sello propio, apostando por el producto local y por una elaboración cuidada desde el origen hasta el embotellado.

Al frente del proyecto se encuentra Isaac Cancillo Carro, fundador de la cervecera y principal impulsor de una iniciativa que ha sabido convertir la identidad de la tierra en una marca con personalidad propia.

La empresa nació en plena pandemia, pero su historia comenzó mucho antes, ligada al territorio. En una provincia que produce más del 95% del lúpulo cultivado en España, Cancillo vio una oportunidad que hasta entonces apenas se había explorado.

“Aprovechamos la idea de que estamos en una zona donde se cultiva casi todo el lúpulo del país y aquí no se estaba haciendo cerveza artesanal en la medida que merecía”, explica Isaac. “Además teníamos las instalaciones de mi padre, que había tenido aquí un taller. Cuando se jubiló, pensamos que si no hacíamos algo, este espacio acabaría perdiéndose”.

Del taller familiar a la cerveza artesana

Desde el primer momento, tuvo claro que no sería un pasatiempo. El proyecto nació con vocación profesional.

“Nunca fue un proyecto pensado como hobby, sino para fabricar cerveza artesanal de forma profesional y venderla”, recuerda Cancillo.

La primera elaboración fue Primeta, una pilsen suave y equilibrada, pensada para conquistar tanto al consumidor habitual como a quienes se acercan por primera vez a la cerveza artesana. “Buscábamos una cerveza que pudiera gustar a mucha gente, bastante suave y que no disgustara a nadie”, señala.

Con el tiempo llegaron nuevas variedades como Pa’llegra, una amber ale con matices afrutados; Raíces, una nitro IPA elaborada con lúpulo leonés; o Viña la Veiga, una grape ale elaborada con mosto de uva mencía de una viña familiar y reposada en roble.

El valor del lúpulo de casa

Una de las señas de identidad de Valles del Lúpulo es precisamente el uso casi exclusivo del lúpulo cultivado en León, un elemento diferencial que muy pocas cerveceras pueden reivindicar.

“Prácticamente todo el lúpulo que usamos es de aquí. Lo compro a un agricultor de la provincia, lo recojo cada año y lo conservamos al vacío para ir utilizándolo durante todo el año”, explica Cancillo.

Aunque reconoce que no todos los consumidores son conscientes de ese valor añadido, considera que el arraigo al territorio es una de las fortalezas del proyecto. “Otras cervezas artesanas nunca van a poder tener lúpulo de la zona porque no están en la zona del lúpulo”.

A ese ingrediente se suma el agua del propio pueblo, distintas maltas seleccionadas y levaduras importadas desde Estados Unidos, que después cultivan en la propia fábrica para adaptarlas a cada receta.

Una elaboración lenta y minuciosa

Cada botella requiere paciencia. Desde la elaboración del mosto hasta el embotellado pueden pasar alrededor de tres semanas. Un proceso en el que cada ingrediente cuenta.

“Hay cuatro ingredientes básicos: agua, malta, lúpulo y levadura. Pero luego cada variedad lleva sus matices: piel de naranja, tomillo, limón, canela, jengibre… como cuando cocinas, cada pequeño detalle cambia el resultado final”.

El objetivo, asegura, es ofrecer una cerveza artesanal diferente, pero sin alejarse demasiado del gusto del consumidor medio.

“Muchas veces la cerveza artesana no gusta porque es demasiado intensa. Nosotros intentamos hacer cervezas con personalidad, pero que sigan siendo agradables para un público amplio”.

Variedades de cerveza artesanal elaboradas por Valles del Lúpulo
Variedades de cerveza artesanal elaboradas por Valles del Lúpulo | B.G

Un sector en cambio: menos consumo y nuevas demandas

El mercado cervecero está cambiando. En España, el consumo de cerveza ha descendido en torno a un 5% en los últimos años, lo que ha obligado al sector a adaptarse.

“El consumidor está cambiando mucho. Ahora, por ejemplo, cerca del 30% del mercado ya es cerveza sin alcohol”, explica.

Este cambio ha impulsado nuevas líneas de trabajo dentro de la cervecera. “Nosotros todavía no hacemos cerveza sin alcohol, pero en breve queremos incorporarla. También tenemos cerveza sin gluten y estamos trabajando en mejorarla”, señala.

Competir con las grandes marcas

Frente a grandes grupos industriales como Mahou, San Miguel o Heineken, el margen de competencia es limitado.

“Es muy difícil competir. Ellas tienen precios con los que nosotros no podemos luchar. Solo podemos competir en que nuestro producto guste más”, reconoce.

Por eso, el público objetivo de Valles del Lúpulo es diferente al consumo masivo. “Nos dirigimos a gente que no busca cantidad, sino calidad. No a quien bebe cinco o seis cervezas al día, sino a quien quiere disfrutar de lo que bebe”.

Innovación y nuevas variedades

La experimentación es constante dentro del proyecto. “Siempre estamos trabajando en cosas nuevas. Hicimos una stout de chocolate, una cerveza de uva mencía y seguimos mejorando la sin gluten. Todo parte de probar y ver qué funciona”, explica.

El proceso siempre comienza con una condición básica: “Primero tiene que gustarte a ti. Si no te gusta a ti, no le va a gustar a nadie más”

Mucho más que cerveza

La cervecería no solo produce cerveza. También ha convertido la experiencia en parte esencial del proyecto. En Brímeda organizan visitas guiadas por la fábrica, catas maridadas y paquetes turísticos con alojamiento para quienes quieren descubrir el proceso de cerca.

Durante las visitas, los asistentes recorren cada fase de producción y conocen cómo un producto agrícola tradicional puede convertirse en una bebida contemporánea.

Además, la apuesta por la sostenibilidad se refleja en iniciativas como la reutilización del bagazo —el cereal sobrante tras la elaboración— para fabricar galletas artesanas.

“Normalmente el bagazo se lo dábamos a un ganadero de la zona para alimentar al ganado, pero a través de una colaboración con el IES Astúrica Augusta conseguimos desarrollar una receta de galletas especiales”, explica.

Esas galletas se elaboran hoy en una panadería artesanal de Vega de Magaz, cerrando así un círculo de economía de proximidad en la comarca.

Reinventarse en un mercado difícil

Competir con las grandes marcas no es sencillo. Los precios industriales son imposibles de igualar para una microcervecería.

“No podemos competir en precio. Solo podemos competir en que lo que hacemos guste más”, reconoce. “Nuestro cliente es quien bebe menos cantidad, pero quiere disfrutar de lo que bebe”.

Pese al descenso del consumo de cerveza en España, Valles del Lúpulo sigue mirando al futuro con nuevas recetas y adaptándose a nuevas demandas, como las cervezas sin gluten o sin alcohol.

“Siempre estamos probando cosas nuevas. La experimentación es fundamental porque antes de gustarle al cliente, primero tiene que convencernos a nosotros”.

Galletas elaboradas a partir del bagazo de la cerveza de Valles del Lúpulo en colaboración con el IES Astúrica Augusta.
Galletas elaboradas a partir del bagazo de la cerveza de Valles del Lúpulo en colaboración con el IES Astúrica Augusta | B.G

Cuando se le pide resumir qué es Valles del Lúpulo, Isaac Cancillo lo tiene claro: “Una empresa sostenible”.

Y quizá esa sea la mejor definición para una cervecera que ha logrado convertir el paisaje agrícola de La Cepeda en un sabor propio, embotellando no solo cerveza, sino también territorio, tradición y futuro.

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