Más de 200 topónimos y 500 fotografías son el resultado del trabajo realizado durante este verano en Celadilla del Páramo por Laura Pérez Domínguez, estudiante del Grado en Educación Primaria de la Universidad de León. A través del proyecto RALBAR ‘Territorios que recuerdan’, la joven ha recopilado parte de la memoria de la localidad a partir de las experiencias y conocimientos de sus vecinos.
La recuperación de este patrimonio se ha llevado a cabo mediante encuentros entre generaciones, filandones, juegos tradicionales y actividades con los más pequeños. Las fotografías antiguas y los relatos aportados por los habitantes han permitido reconstruir distintas facetas de la vida cotidiana del pueblo, mientras que la recopilación de topónimos ha servido para conservar nombres tradicionales de lugares que corren el riesgo de caer en el olvido.
El trabajo, desarrollado con la neurociencia como uno de sus ejes, buscaba además utilizar la memoria y la interacción social como herramientas de estimulación cognitiva tanto para niños como para mayores. Los materiales recopilados se reunieron finalmente en una exposición sobre la historia y la vida de Celadilla del Páramo.
Para Pérez Domínguez, una de las principales enseñanzas de la experiencia ha sido comprobar la disposición de los vecinos a participar cuando se genera un espacio para compartir sus conocimientos. “Con el tiempo te das cuenta de que los vecinos tienen ganas de involucrarse. El entorno rural es la verdadera base de nuestra identidad”, explica.
La estudiante también destaca la implicación de los habitantes de Celadilla en el desarrollo del proyecto. “Han participado en las actividades y han compartido sus historias con gran generosidad; sin su apoyo y su conocimiento, esto no habría salido adelante”, agradece.
La iniciativa, impulsada a través de las becas RALBAR de la Universidad de León y la Fundación Banco Sabadell, ha permitido así dejar en la localidad un archivo documental que reúne tanto elementos de su patrimonio oral como imágenes vinculadas a su pasado y su presente. Para su responsable, el proyecto también ha servido para abrir nuevas propuestas surgidas de los propios vecinos y reforzar la idea de mantener este tipo de iniciativas durante todo el año: “El entorno rural existe los doce meses del año”.
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