Se pierde la noción del tiempo charlando con Marcos Vidal, más que un hostelero, más que el alma máter de la Bodega Regia: es toda una institución en esta ciudad por la que no se cansa de sonreír y repartir Ronchitos. Su prodigiosa memoria, apoyada en un archivo personal de libros, recortes de prensa y todo tipo de curiosidades leonesas, va repasando la historia de León con extrema lucidez, los nombres de los negocios, los apellidos más nombrados, los personajes destacados... Cuenta que hizo la Comunión y empezó a trabajar, así que va a cumplir setenta años al pie del cañón. Recuerda, cómo no, su primer cometido: pinchar palillos en las tapas. Habla de un tiempo en el que la Plaza Mayor estaba llena de comercios y había que dar de comer a todos los que llegaban desde los pueblos para vender sus hortalizas, pollos, huevos o lo que cada cual pudiera. Marcos, Marquitos para infinidad de leoneses, se confiesa especialmente feliz en esta época en la que ve cómo continúa tirando de su negocio la tercera generación al frente de la Bodega Regia (o la quinta, si se cuenta los anteriores locales), sus hijos Marcos, María y Raúl, con el mismo entusiasmo y la misma profesionalidad que siempre pusieron sus padres para atender a sus clientes, «disfrutando de todo lo sembrado por Ana y por mí y también por mis padres».
El anecdotario podría extenderse hasta el infinito en este local que estuvo en la plaza San Martín y desde 1990 en su actual ubicación, por donde no sólo han pasado todos los leoneses relevantes sino también todos los relevantes que han pasado por León. La cocina de típica de esta tierra Tradición y calidad son la base de este restaurante, y un trato cuidado con mimo, quizá tanto como la bechamel de sus croquetas.