En el polígono industrial de Vidanes, en el municipio montañés de Cistierna, se encuentra la empresa Apaycachana-6 S.L., un nombre de origen quechua que significa ‘manejar’ o ‘transportar’. Un complejo empresarial que en los últimos meses ha cobrado especial protagonismo a raíz de su proyecto para construir una planta de biogás o biometano, una iniciativa que ha generado opiniones enfrentadas en la comarca y que ha situado a la localidad en el centro del debate sobre el futuro de las energías renovables ligadas al sector agroganadero.
Concretamente, la planta proyectada se plantea como una mejora técnica del sistema actual de compostaje de la empresa, basada en la valorización de residuos orgánicos que ya se generan en las propias instalaciones. La idea consiste en transformar restos orgánicos -principalmente estiércol y residuos vegetales- en gas renovable mediante digestión anaerobia, un proceso que permitiría aprovechar estos subproductos para generar energía y optimizar la gestión de los residuos que se producen en el complejo.
Para Francisco Martínez, gerente de Apaycachana-6, el proyecto responde a una cuestión global: la gestión responsable. «Nosotros generamos residuos. ¿Qué se hace con eso? La idea de las plantas de biogás es modernizar todo el sistema y gestionar esos residuos. Es un problema ni local ni nacional, se trata de un desafío a nivel global».
Martínez recuerda además que la normativa europea sobre gestión de residuos es cada vez más estricta. «Tú al campo no puedes echar cualquier cosa si no está higienizada perfectamente. Las normativas que vienen de Europa son súper estrictas», afirma. De ahí, insistía, en que a día de hoy «sin tener la planta de biogás, nosotros vamos haciendo nuestro trabajo, todos los días se recogen un montón de toneladas de estiércol de las heces de los animales. En el proceso actual, son 6 o 7 meses de volteos continuos. Eso emite, emite a diario. Si pones una planta de biogás, eso que a diario sale de los animales va directamente a los digestores. Ya no emite».
Tres industrias, un mismo complejo
El proyecto se apoya en un modelo productivo ya existente en el complejo industrial, donde actualmente operan tres actividades principales que se complementan entre sí.
Por un lado, el invernadero hidropónico Nuestra Huertina, dedicado al cultivo de hortalizas -principalmente tomate- en una superficie de cuatro hectáreas. Por otro, la empresa Abono Vivo, que produce fertilizantes naturales a partir de subproductos agrícolas y ganaderos. Y, finalmente, un cebadero de vacuno con unas 9.000 cabezas de ganado, perteneciente al Grupo Miguel Vergara.

Este modelo permite reutilizar los residuos generados en cada actividad. El 60-70% de la materia prima es el estiércol y los restos vegetales del invernadero, el material restante son otros residuos orgánicos.
El compost se obtiene mediante un sistema de pilas volteadas con un proceso de maduración de alrededor de 210 días entre proceso de fermentación y posterior maduración, con un seguimiento continuo de cada fase de fermentación. El producto final se comercializa a granel, en sacos de 50 litros o en grandes contenedores, y se destina tanto al sector agrícola como a jardinería.

A todo ello se suma una planta de cogeneración que abastece de energía al complejo y cuyo calor residual se utiliza para climatizar los invernaderos y otras instalaciones del recinto. Es en ese punto donde la empresa plantea dar un paso más en la optimización de sus procesos productivos.
Cerrar el ciclo
Según explica Martínez, la idea de la planta de biogás comenzó a gestarse hace aproximadamente cinco años, cuando la empresa empezó a estudiar formas de modernizar sus procesos y aprovechar mejor los recursos disponibles. «Cuando tomamos conciencia de que podemos modernizar lo que hacemos sin perder la economía circular, empezamos a ver proyectos de plantas de biogás por España».
Ese análisis llevó a la empresa a considerar que la digestión anaerobia podría acelerar algunos procesos ya existentes y mejorar la eficiencia global del complejo. «Vimos que no solo podía acelerar nuestros procesos actuales de economía circular y la consecución del compost, sino que además se podía crear una nueva actividad», explica el gerente.
La idea terminó tomando forma en un proyecto que continúa en fase de tramitación, con la convicción de que supondrá una mejora en distintos ámbitos. «Estamos desde el año 2009 desarrollando nuestro modelo de economía circular, haciendo nuestro trabajo, y ojalá salga adelante el proyecto de biogás porque creemos que supone una mejora sustancial respecto a lo que existe ahora mismo: a nivel medioambiental, en la gestión de residuos o en la eliminación de olores», recalca Martínez.
La planta se proyecta como una instalación capaz de gestionar 86.000 toneladas de residuos orgánicos al año. La ocupación prevista es de unos 31.541 metros cuadrados en una pequeña parte de las parcelas que se utilizaban para cultivo de tomate en invernadero. La infraestructura incluirá tres digestores de gran capacidad y una planta de purificación del biogás para convertirlo en biometano apto para su uso energético, además de un pequeño gasoducto de unos 195 metros para conectarse a la red.
Energía renovable y fertilizantes
La subgerente y responsable de Energía, Elvia Rodríguez, explica que el proyecto permitiría producir en torno a 30 gigavatios hora anuales de biometano, además de mantener la producción de fertilizantes. «Como producto también tenemos un fertilizante sólido, que sería el compost, que nos salen unas 12.000 toneladas al año».

A ello se añadiría una nueva línea de fertilizantes líquidos. «La otra novedad que tiene el proyecto respecto a lo que ahora hacemos es que también vamos a fabricar fertilizantes líquidos, y esos nos salen 4.800 toneladas al año en nuestros cálculos».
Desde la empresa insisten en que gran parte del proceso necesario para la producción de biogás ya existe en las instalaciones y que el proyecto se plantea como una evolución del sistema productivo actual. «Todo es economía circular», resume Martínez.
Un proyecto que genera oposición
El proyecto ha generado una notable oposición vecinal. Parte de los habitantes de la zona teme posibles impactos ambientales, la aparición de malos olores, un incremento del tráfico de camiones o riesgos para la salud. Preocupaciones que han llevado a la organización de diferentes voces y plataforma para mostrar su rechazo y pedir que la planta no se instale cerca de los pueblos de la Montaña Oriental.
El gerente de Apaycachana-6 defiende el derecho de los vecinos a expresar su postura, aunque insiste en la importancia de contar con toda la información. «La gente tiene derecho a opinar, por supuesto, pero ojalá informada. Cuando yo quiero formarme un criterio sobre algo, escucho las diferentes versiones y luego saco mis conclusiones», afirma. «Eso es lo que hemos reclamado: que se escuche también la otra parte. Han estado exponiendo su visión y han tomado una postura sin oír la nuestra. Y eso es triste como poco. Es lo único que reclamo».
En relación con la posible generación de olores, subrayan que no solo no se producirán molestias, sino que la situación mejorará notablemente. La actuación contempla la encapsulación del proceso y su funcionamiento en condiciones herméticas, lo que permitirá un control mucho más eficaz de las emisiones odoríferas.

En cuanto al tráfico, la iniciativa no implicará un incremento en la circulación de camiones. La cantidad de residuos a tratar se mantendrá invariable -86.000 toneladas anuales, que ya se gestionan en la actualidad-, por lo que no se prevén cambios en este aspecto.
Por último, en el ámbito del empleo, el proyecto garantizará la continuidad de los puestos de trabajo existentes, asegurando el sustento de las 30 familias que actualmente dependen de la planta. Asimismo, supondrá la creación de siete nuevos empleos de carácter local, reforzando el impacto positivo en la economía de la zona.
A la espera de los últimos permisos
La tramitación administrativa del proyecto ha avanzado hasta ahora sin recibir alegaciones. En estos momentos, el proceso continúa a la espera de los últimos documentos y aprobaciones definitivas que permitirían poner en marcha la planta.
La compañía reitera, además, su disposición a colaborar con el Ayuntamiento, los distintos grupos políticos y los vecinos, facilitando información objetiva, documentación técnica y cuantas aclaraciones sean necesarias. Desde esta premisa, asegura mantener una mano tendida al diálogo y a la colaboración institucional. «Nuestra mano está tendida al diálogo y a la colaboración».
El futuro de la planta de biogás de Vidanes sigue pendiente de los próximos pasos administrativos y del equilibrio entre el impulso a la economía circular y las inquietudes de una comarca que observa el proyecto con atención.