El responsable del sector apícola de Ucale-Coag, Nacho Rodríguez, ha denunciado el incremento de los daños provocados por el oso en explotaciones apícolas de la provincia de León y ha reclamado a la Junta de Castilla y León una respuesta “más ágil, clara y justa” para los profesionales afectados.
Rodríguez advierte de que los ataques son cada vez más frecuentes en zonas como Omaña, Luna, Babia, Laciana y el Bierzo, donde la presencia de la especie se ha ido consolidando en los últimos años. Según explica, solo esta semana se habrían registrado cinco ataques en la zona de Omaña, una situación que, asegura, genera una creciente preocupación entre los apicultores.
Desde Ucale-Coag insisten en que el sector no está en contra de la recuperación del oso, sino de la falta de medidas eficaces para garantizar la convivencia con la actividad apícola. “Todos estamos encantados de que la especie esté en expansión, pero nos sentimos indefensos”, resume Rodríguez, que recuerda que la Administración está invirtiendo recursos en el seguimiento, estudio y recuperación del oso, pero no está respondiendo con la misma diligencia cuando se producen daños.
“El problema no es que haya osos, el problema es que si se fomenta la expansión de una especie, también hay que hacerse cargo de los daños que provoca, y hacerlo en tiempo y forma”, sostiene el responsable apícola de Ucale-Coag, que recientemente sufrió uno de sus ataques en la explotación en la que produce la Miel Los Izanes.
Una de las principales quejas del sector es el retraso en el pago de las compensaciones. Rodríguez asegura que en Castilla y León los afectados pueden tardar “año y medio o dos años” en cobrar por los daños sufridos, mientras que en comunidades vecinas, como Asturias, los pagos se realizan en plazos mucho más reducidos. “Allí se paga con una media de unos 50 días; aquí estamos hablando de casi dos años”, lamenta.
A esos retrasos se suma, según denuncia, la falta de claridad en los ingresos que reciben los apicultores. “Muchas veces no sabemos ni de qué ataque nos están pagando. Son conceptos muy crípticos y, cuando tienes varios daños acumulados, no sabes a cuál corresponde la compensación”, explica.
Rodríguez también considera insuficientes las cuantías que se abonan. Pone como ejemplo el caso de un ataque que destroce una veintena de colmenas: la compensación puede rondar los 2.000 euros, pero la pérdida real para el apicultor puede ser superior, ya que las colmenas están en plena producción y el daño no se limita al material destruido. “No es solo lo que nos pagan, es todo lo que estamos perdiendo”, subraya.
El representante de Ucale-Coag reclama además que se recuperen y refuercen las líneas de ayudas para medidas preventivas, como cierres de colmenares o pastores eléctricos. Según señala, estas ayudas llevan años sin convocarse o resultan claramente insuficientes. “La instalación de un pastor eléctrico puede asumirse, pero el verdadero coste está en el mantenimiento. Hay que desbrozar, revisar las líneas y garantizar tensión suficiente. Eso exige tiempo y dinero”, explica.
Para Rodríguez, la falta de respuesta administrativa está provocando un efecto peligroso: que una especie que hasta hace pocos años generaba simpatía entre buena parte de la población rural empiece a verse como un problema. “Hace años ver un oso hacía ilusión. Ahora, cuando los daños se multiplican y la Administración no responde, se genera incertidumbre y malestar”, advierte.
Por ello, desde Ucale-Coag piden a la Junta menos “oscurantismo”, más información sobre la evolución y dispersión de la especie, ayudas preventivas reales, precios actualizados para las compensaciones y pagos mucho más rápidos.
“Estamos a favor de que se recupere el oso, pero esa recuperación tiene que ir acompañada de medidas de apoyo para quienes sufrimos los daños”, concluye Rodríguez.
Piden más control del oso
Una situación que también critica el apicultor de Miel La Bardina, Lorenzo Prieto, que asegura que ha sufrido varios ataques en los últimos meses, así como en los tres últimos años. "Ya no podemos hacer nada para parar a los osos". "Cada vez andan más a sus anchas por la ciudad, como en Villablino, o recientemente han matado un oveja en Caboalles de Abajo y a tres cerdos en Veigas de Somiedo (Asturias)", indica.
A la par, señala que "está claro que hay un problema con que cada vez hay más de estos animales y tienen que hacer algo para controlarlo". "No podemos ser los apicultores o los ganaderos los que paguemos las consecuencias porque no es normal que a estas épocas del año el oso se acerque tanto porque tienen comida de sobra en el monte", concluye.


