1.700 ovejas rumbo a Babia por los caminos de siempre

Un ganadero de Marne completa cada verano una trashumancia de cerca de 100 kilómetros hasta Torre de Babia, una práctica que mantiene desde hace 35 años y que cada vez realizan menos profesionales

17/06/2026
 Actualizado a 17/06/2026
https://youtu.be/zUgchF5ReYc

Las ovejas avanzan despacio, ocupando caminos y carreteras secundarias en un recorrido que lleva décadas repitiéndose. Al frente del rebaño, Domitilo, un ganadero de Marne vuelve a emprender el viaje hacia Torre de Babia acompañado por cerca de 1.700 ovejas, dos personas y cuatro perros. Son casi 100 kilómetros de trayecto que realiza cada verano desde hace 35 años para aprovechar los pastos de la montaña leonesa durante los meses más cálidos del año.

La marcha obliga a planificar cada etapa. El rebaño hará noche en Villabalter antes de continuar su camino hacia el norte de la provincia. Una vez alcanzado el destino, permanecerá allí hasta finales de septiembre o principios de octubre, dependiendo de la climatología y del estado de los pastos.

Pese a los avances en los medios de transporte y a la posibilidad de mover el ganado en camiones, sigue apostando por recorrer el trayecto a pie. Reconoce que el pasado año trasladó parte de las ovejas por carretera, aunque considera que tampoco es una solución sencilla. “Subí muchas en camiones, pero es más jaleo”, explica.

La razón principal para emprender el viaje sigue siendo la misma que hace décadas. Los pastos de Babia ofrecen unas condiciones difíciles de encontrar en otras zonas durante el verano. El agua fresca, la calidad de la hierba y unas temperaturas más suaves permiten que el ganado afronte estos meses en mejores condiciones. Unos meses de estancia en la montaña que, además, permiten al rebaño recuperar fuerzas antes de regresar de nuevo a las zonas más bajas de la provincia. Para el pastor, la principal ventaja es clara: “Salud para las ovejas”.

Ese bienestar repercute también en el resto del año. Los animales encuentran alimento de calidad y unas condiciones más favorables que las existentes en las zonas más bajas de la provincia durante los meses estivales. Por ello, la trashumancia continúa siendo una herramienta útil para algunos ganaderos, aunque cada vez son menos quienes la practican.

El recorrido atraviesa incluso la ciudad de León, una imagen que sigue despertando la curiosidad de vecinos y visitantes. Sin embargo, para quienes realizan el trayecto cada año forma parte de la rutina. Asegura que nunca ha tenido problemas al atravesar la capital y destaca que las propias ovejas conocen perfectamente el camino después de tantos años recorriéndolo. La organización del rebaño también cambia al llegar a la montaña. Durante el viaje son cuatro los perros encargados de ayudar en el control del ganado, pero una vez en Babia el número aumenta hasta una decena para vigilar a los animales durante toda la temporada de pastoreo.

Tras más de tres décadas realizando esta ruta, observa con preocupación el futuro del oficio. Considera que cada vez hay menos jóvenes interesados en incorporarse a una actividad que exige dedicación diaria durante todo el año. “Esto es difícil todos los días, sábados y domingos”, resume al explicar una profesión en la que no existen vacaciones ni horarios.

A las dificultades propias del trabajo se suman los cambios que ha experimentado el medio rural. El ganadero señala que algunas zonas de montaña han visto aumentar notablemente la presencia de visitantes y turistas, una realidad que convive con la actividad ganadera tradicional. También recuerda la necesidad de contar con perros para proteger al ganado y vigilar el rebaño durante los meses de estancia en los puertos de montaña.

A estas dificultades se suma también la propia evolución de la actividad ganadera. El pastor reconoce que cada vez son menos los profesionales que mantienen recorridos de este tipo y que muchos optan por alternativas más cómodas para mover sus animales. La falta de relevo es uno de los principales problemas de un oficio que obliga a estar pendiente del ganado durante todo el año y que, según explica, resulta complicado compaginar con los ritmos de vida actuales.

Mientras tanto, la trashumancia continúa. Cada verano, miles de ovejas siguen recorriendo los caminos que unen la ribera y la montaña leonesa. Un viaje que para algunos ya forma parte del pasado, pero que todavía mantiene viva un reducido grupo de ganaderos que siguen apostando por mover sus rebaños a pie en busca de los mejores pastos.
 

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