La ganadería de ovino, los rebaños, la cultura pastoril, viven días de intensa actividad mientras los rebaños van llegando a las majadas de la montaña, algunos con problemas, con unas jornadas en Babia... esa misma semana, la que ahora acaba, se fue un hombre que había sido una verdadera leyenda entre ganaderos y pastores, trashumantes, y alguien que jamás se desvinculó de su viejo oficio hasta trasmitirlo con la pasión que solo puede hacerlo quien lo ha vivido con la intensidad y cariño que lo hizo Ismael Rodríguez, de Torrestío, donde fue enterrado el pasado martes.
Ismael había sido un pastor bueno, en todos los sentidos, y un pastor fiel a su oficio y a sus rebaños;como recordaban sus amigos en el entierro:«Desde crío estuvo con el rebaño, primero con Herminio Tascón y luego con Agustín Darío, familia con la que continuaría ejerciendo de pastor hasta su jubilación, fiel a sus gentes siempre».
Como tantos otros en aquellos años 50 y 60 se inició en el oficio, pasando por todas las categorías ‘del escalafón’ antes de cumplir los diez años, recordaban en su funeral, «con nueve años bajó por primera vez a Extremadura, conoció y realizó la trashumancia a pie y también en esto fue evolucionando y conociendo el tren y los camiones para subir a su tierra y regresar a las extremeñas».
Uno que mantuvo largas conversaciones con Ismael para empaparse de su sabiduría pastoril fue Félix García y, sin embargo, lamentaba que «pese a las que sí tuvimos nos quedaron muchas charlas pendientes, muchas historias que escuchar y anotar», pero hay una que marcó su relación, que Félix lleva en su memoria pues tiene ‘perro’ por medio:«Es la de ‘patito feo’. Uno de esos mastines que ya están en la memoria de los ejemplares que son leyenda: Oliveros, ‘el Oliveros de Herminio”. Fue él quien lo recogió a tiempo, pequeñajo, ruin, empapado por la lluvia. Ese que cuando el rebaño salía desde Extremadura y era un cachorro a punto estuvo de quedar olvidado en un soportal. Hizo su viaje en los serones de la burra, atendido y alimentado por Ismael, por lo que siempre fue un perro especial para él». Pero la historia no acaba ahí... perro y burra siguieron en el mismo rebaño y, le contaba a Félix: «En el camino al puerto si la burra rebuznaba, ahí se presentaba raudo y con actitud aquel perrazo dispuesto a cuidar de quien le había cuidado».
Cuando Ismael dejó el rebaño, aquel patito feo Oliveros ya era un magnífico ejemplar, tanto que fue el elegido para participar en un documental de TVE sobre la provincia.
Siempre estaba Ismael dispuesto a revivir su historia y la historia de su oficio;él fue el encargado de trasmitir su entusiasmaba a los adolescentes que desde Andalucía suben en verano hasta La Cueta tras haber superado un cáncer.

Por suerte, su bonhomía, su pasión por el oficio y su buen hacer recibieron el reconocimiento de quienes conocen la sabiduría de Ismael el de Torrestío y en los últimos años unió a la calidad de buen profesional y gran paisano, que tenía ya otorgados por sus colegas de profesió otros reconocimientos. Así en 2.022 recibiría, en el patio del Palacio de Los Guzmanes uno de los premios ‘Aventura Trashumante’ que de la mano de Manuel Calvo entregaba en esa edición la Asociación Maraton Dog. Y en 2.024, ya jubilado, y bien arropado por sus compañeros de fatigas sería nombrado Rabadán de Los Montes de Luna en la Fiesta del Pastor de Barrios de Luna en la que Marina Pollán fue Pastora Mayor.
Cada año le recordarán en esta fiesta, cada verano le echarán de menos los adolescentes de la aventura trashumante, cada día algún pastor hablará de la bondad y saber hacer de Ismael el de Torrestío. Un inolvidable.