Cuando Manuel Fraga dijo (en 1976) aquello de "La calle es mía", que tanto revuelo levantó, tenía al alcance de la mano saber que igual no era del todo verdad.
Tenía a mano saber pues estando casado con una leonesa de la comarca de Sahagún, Carmen Estévez, le podía haber preguntado si podía lanzar la bravata y tal vez le hubiera dicho que tuviera cuidado, que en León esas cosas son complicadas de afirmar. O también le podía consultar a quien era su presidente, Arias Navarro, también casado con leonesa y tal vez hubiera recibido una advertencia parecida.
En León la calle, Ancha o Estrecha, es de las procesiones. Se quejan en Madrid de que cada día hay una manifestación, aquí hay una procesión cada medio día. Puede ser Semana Santa en agosto -"a este buen hombre lo matan cada poco», lamenta el socarrón que pocas veces baja del barrio de San Mamés-, sino el aniversario de cuando fueron a Roma, el Corpus Grande y el Corpus Chico, los de la Sobarriba que bajan, los de la Capilla de Benllera que suben, y es más complicado ir sorteando las señales de "usted rodee" que ver a Belén Esteban leyendo La Eneida, en latín.