Sirve cada 23 de abril –el viejo, el de toda la vida–para que las primeras autoridades , diputados y gentes de prosapia inauguren la lectura de El Quijote y en las reuniones posteriores puedan lucirse yendo algo más allá del manido. "En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme" y prosigan en su sabiduría con el "no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor...".
No vamos a pedir que como el noble señorito de Otero sepamos el común de los mortales capítulos completos de la inigualable obra maestra, pero ya metidos en orgullos leoneses, urracas y gaudís, igual era bueno que para la siguiente edición de la lectura de El Quijote avanzáramos un poco, o un mucho, concretamente hasta el capítulo 39 de la primera parte de la obra cuando dice El Cautivo (vamos a ser modestos y no ponerlo en boca de Alonso Quijano) aquello de "En un lugar de las montañas de León tuvo principio mi linaje".
¿Porqué sabía don Miguel de un lugar de nuestras montañas...?