Jorge Brugos

El Quijote debió de ser leonés

13/04/2026
 Actualizado a 13/04/2026
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Dicen algunas fuentes, quizá apócrifas del evangelio de la buena nueva de la radio, que hace mucho tiempo le ofrecieron a Carlos Alsina fichar para sus tertulias a un prometedor político llamado Pedro Sánchez. El locutor, conocido por velar un respetuoso decoro en las relaciones entre los periodistas y los políticos, declinó la propuesta. El rechazo de Alsina retrasó el nacimiento del personaje del presidente del Gobierno y liberó a su programa de ser una incubadora de sus aspiraciones políticas. De haber dicho que sí, Sánchez habría sido una germinación más del campo abonado de los dirigentes florecidos en los invernaderos de los medios de comunicación. Si antaño los políticos rechazaban el formato del espectáculo televisivo de la riña de gatos –como destaca Antonio Villarreal en ‘Tertulianos. Un viaje a la industria de la opinión en España’—, ahora son ellos protagonistas de una pelea de felinos que se han convertido en tigres, mutando las instituciones a animales depredadores en su selvático hábitat natural: carroñeros que se sacian con la propia putrefacción de sus argumentos.

Mires por donde mires, da la sensación de que nuestros políticos se han convertido en una caricatura de sí mismos; que los estrados institucionales se han tornado en mesa redonda de charlatanes con ínfulas de quijotes del Rey Arturo. No son más que vasallos del reinado de lo políticamente incorrecto y de la chabacanería política. Da lástima asistir a los piques infantiles entre Javier Alfonso Cendón y José Antonio Diez; en otra época sería cervantino toparse con tal representación de bajeza entre un alcalde y un diputado. Si yo fuera el PSOE, los mandaba a los dos a su casa o, mejor, a un internado para que les pongan en vereda.

Si en el gobierno platónico los templados y druidas eran llamados a la gestión de la polis, ahora cualquiera les basta con tal de engrosar las listas electorales. Así se entiende que perfiles acalorados, como si hubiesen salido del barullo del Barrio Húmedo, como Ester Muñoz, hayan llegado a ser portavoces de su partido en el Congreso de los Diputados. En la jungla que es la urbe política, el que más ruge es el que se hace con el poder.

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