Por suerte, todavía hay gente que sigue creyendo que "debajo de los adoquines está la playa"; por más que muchas veces solo encontraran que debajo de los adoquines solo está el cemento de los anteriores adoquines, o de los anteriores de los anteriores, que no será por las veces que en esta tierra se han levantado los adoquines sin que se buscara la arena de ninguna playa.
Por suerte no desesperan los que buscan la playa desde las plazas, tapada la arena por los adoquines, pues nunca apareció la playa debajo de la barra del bar, debajo de los pies de los predicadores callejeros, debajo de los púlpitos de tantos sabios autobautizados como tal, de los despachos con sillas de culos alquilados, de esclavos que se creen reyes. Jamás estaba allí la playa.
Por suerte hay quien todavía le llama amor a la solidaridad, porque lo es; por suerte todavía hay quien no quiere olvidar que en el origen de todo hay más de cien muertos tragados por ese mar que muere en la playa por el pecado de soñar; por suerte se le revuelven las tripas a muchos que deciden luchar por niños descalzos y hambrientos, de cualquier color de piel; a quien se le revuelven las entrañas cuando utilizan 100 furgonetas de nuestra policía para echar de su casa a una anciana… por suerte.
Por desgracia, para los muertos de la Vasco… no hay playa.
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