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Villafranca en clave de fa

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EL BIERZO IR

Un ensayo en Villafranca de Pedro Halffter y uno de sus hijos. | RAMÓN CELA Ampliar imagen Un ensayo en Villafranca de Pedro Halffter y uno de sus hijos. | RAMÓN CELA
Ramón Cela | 08/08/2021 A A
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Villafranca en clave de fa
Rincones Olvidados Marita Caro y Cristóbal Halffter se convirtieron en estrellas pero su luz sigue iluminando a una Villafranca que suena a ellos y a su legado musical, encarnado en su hijo Pedro
Los bercianos y los villafranquinos en general se definen como amantes de esta tierra que ya los romanos, llamaban vergel.

Nuestra tierra es prolija en devolver los favores que con tanto trabajo y esmero le dedicamos, aunque todos sabemos que siempre se recoge aquello que se siembra y, en este caso, busco el símil, para hablarles de lo que con tanto orgullo y agradecimiento debemos a aquella semilla maravillosa y limpia de impurezas, que sembró en Villafranca el matrimonio formado por Marita Caro y Cristóbal Halffter.

Primero fue la fundación de la Asociación Juan de la Encina, que con innumerables conciertos hicieron las delicias de los muchos asistentes que siempre con el máximo respeto y deleite escuchamos en distintos lugares de Villafranca, debido a que son diversos y agradecidos los lugares donde han tenido lugar.

Se daba el caso de que mucha gente dejaba de ir a la misa de las diez los domingos para asistir a la de las doce, donde Cristóbal tocaba el órgano y el coro de voces mixtas lo dirigía un cartero urbano. Esa siempre fue Villafranca. Y Cristóbal, se sentía feliz, incluso cuando este coro lo dirigía una joven veinteañera.

Pasaron los años y Marita y esposo fueron unos más, incluso cuando nos bañábamos en el río y Cristóbal, que jugaba muy mal al fútbol, tuvo la mala fortuna de romperse un pie del que yo no me responsabilizo, quizás por ser muy bruto o porque al jugar descalzos en una pradera, esta estaba en mal estado… Lo cierto es que nunca nos lo tuvo en cuenta y dirigió algunos conciertos con el pie escayolado.

Pronto sus hijos comenzaron a destacar en diversas ramas y así, Pedro, siendo todavía muy joven, comenzó a dirigir orquestas sinfónicas y a dar conciertos de piano, que en los que hemos vivido las dos etapas de padres e hijos. Ahora, tras el desgraciado fallecimiento, primero de Marita y luego, recientemente, de Cristóbal, vemos en Pedro reflejados los movimientos y sin duda el perfil de aquella maravillosa mujer, que falleció, pero que siempre estará viva en el corazón de todos los villafranquinos y gentes que la conocieron, de igual forma que nos sucede ahora con Cristóbal, tan cercano y cariñoso, con todos los que conocíamos.

Entonces, la semilla que ambos sembraron en Villafranca dio, como no, los mejores frutos. Pero yo no puedo dejar de mencionar algo que honra de forma sublime a la villafranquina, Marita Caro, que siendo una pianista excepcional, que dio conciertos en los cinco continentes, dejó el piano, para dedicar su vida por amor a su esposo, siendo la mejor esposa y madre.

Puede ser que nosotros, los villafranquinos, nunca hubiéramos estado a la altura de tanto como este matrimonio nos dio, sin embargo, aun torpemente, les seguimos queriendo y, para nosotros, nunca habrán muerto, porque son parte de nuestra humilde pero sincera historia.

En el encabezamiento de estas líneas les hablaba de la tierra y las semillas y é aquí, que estas comenzaron a dar sus frutos y hoy Pedro Halffter sigue los pasos de sus padres y nos hace pensar que, como el hortelano berciano, cuando recoge sus frutos, no tiene en cuenta las miles de gotas de sudor con que ha regados los ha regado.

Con y sin agua, porque la vida es maravillosa, pero en ocasiones, tiene ciertos amargores, que solo se saben digerir, si la fuerza del hortelano es capaz de abrir más surcos para que el agua riegue los frutos que las buenas tierras y mejores semillas saben que siempre deben florecer, porque realmente son la vida.

Este año, y pienso que los venideros, si tenemos suerte de espantar la pandemia, tenemos una serie de conciertos, de piano, violonchelo, violín, guitarra y voces portentosas como la de la soprano Vanessa Goikoetxea.

Los llenos son absolutos y somos muchos los que habiendo sacado ya las entradas, las cedemos a amigos, que vienen desde todos los rincones de la provincia, porque para el villafranquino es fácil asistir a cualquiera de los veinte conciertos que anualmente se programan y que tan buena fama dan a nuestra villa.

Hoy tuve la suerte de asistir a un ensayo de Pedro y de uno de sus dos hijos de poco más de diez años y pensaba que no todo está perdido, porque las semillas, de calidad excelente, siempre darán los frutos que de ellas esperamos, máxime cuando la tierra es fértil y ha sido siempre bien preparada.

Gracias Pedro Halffter. Gracias, por ser tan digno sucesor de esas dos rutilantes estrellas, que sin duda nos acompañan cada noche en el firmamento de Villafranca y del Bierzo.
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