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Viejas ferreterías en buenas manos

Viejas ferreterías en buenas manos

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Ferretería Pacios, en Mansilla de las Mulas, más de cien años detrás de este mostrador que han atendido varias generaciones de Pacios. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Ferretería Pacios, en Mansilla de las Mulas, más de cien años detrás de este mostrador que han atendido varias generaciones de Pacios. | MAURICIO PEÑA
Toño Morala | 02/10/2017 A A
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Viejas ferreterías en buenas manos
Reportajes La mayoría de estos negocios las mantienen herederos de varias generaciones
Qué ganas tenía de escribir sobre estas tiendas. Adelantarles que, de guaje, trabajé en una ferretería de aprendiz de dependiente durante algunos años, y he de decir que ha sido uno de los trabajos más bonitos que he tenido; además, la ferretería en cuestión la llevaba un buen hombre que había sido indiano en Chile, y allí dejó parte de la familia en otro negocio familiar también de ferretería que había heredado de un tío suyo; en fin, ya iré desgranando anécdotas. La inmensa memoria de la adolescencia; todavía recuerdo medidas de un montón de cosas. Tornillería, herramienta de toda clase, menaje variado, cerrajería, plásticos, cuchillería, baterías de cocina, juntas para ollas a presión y cafeteras, puntas, herramientas especiales para fontanería y para talleres… la lista es inacabable, interminable. Eran negocios generalmente familiares o con pocos trabajadores, pero eso sí, se trabajaba sin parar ni un minuto, pues había que atender a la clientela, despachar siempre sonriendo, recoger los pesados bultos que traían las agencias de transporte con todo tipo de mercancía; con el albarán, cotejar que todo viniera bien, colocar la mercancía en las estanterías, o bien en el almacén; etiquetar los precios que marcaba el jefe; en el entremientras, te venía una buena mujer con la tapa a que le pusieras la goma de la olla Magefesa o aquella de aluminio, la Pronto, esa era plana; un vecino que se dejaba las llaves dentro de casa, y tenías que ir a abrir, o intentar abrir el piso… para ello contábamos con llaves especiales, maestras y… algunas abrían y otras, pues no; había que colocar aquellos cerrojos FAC con cadena a las señoras en sus puertas, eso mucho antes de que llegaran las puertas acorazadas; roldanas para los tendales de las abuelas. Llegabas de nuevo a la tienda y venga a hacer llaves con aquella fresa manual y, que además, a las nuevas tenías que limarlas las virutas… una señora que quería una batería de San Ignacio o Magefesa con aquellos dibujos estampados… otra que quería un hervidor de leche que no se derramara, otra que si una lechera de aluminio que las de plástico no valían para nada; llegaba el del taller a por tornillos raros, y si no había, te las compusieras a hacerlos con varilla roscada de metro, a cortar, ponerle tuercas y arandelas y venga a serrar con aquellas hojas de hierro y con aquel arco con mango de madera; el jefe que te decía… - «¡ Vete al banco a pagar las letras del material, que te cierra…!». Y así todo el día.

Fui aprendiz de ferretero, uno de los trabajos más bellos que he tenidoPor la tarde la cosa era algo más tranquila, pero así y todo… y cuando venían madre e hija, que se casaba… pues venga a vender menaje, desde una manga para el café, hasta aquellas besugueras ovaladas llenas de pintinas por dentro. Otras de las cosas novedosas eran los abrelatas de rosca manual, aquellos primeros sacacorchos que hacían más fácil el sacar los corchos de las botellas; cuberterías para diario ya de acero inoxidable… vasos, el duralex famoso, el arcoroc… las primeras cazuelas marca BRA de acero inoxidable y mango de baquelita. Y ya siguiendo con los diversos materiales, cómo no nombrar los primeros taladros eléctricos de diferentes marcas; el día del padre, se ponía la ferretería a tope con los regalos para los papás, y anda que no se vendían herramientas de todo tipo; eran regalos cargados de doble sentido, a la vez que eran regalos, servían para realizar las chapuzas en las casas y, sobre todo, en las casas de las suegras.

Es una pena que muchas ya estén desparecidas, ánimo a los que resisten En la época romana encontramos las primeras ‘ferreterías’, aunque a sus profesionales se les consideraba herreros y no solo realizaban herramientas sino también todo tipo de objetos de hierro. Con la llegada de la Edad Media y la aparición de las organizaciones gremiales, el gremio de los herreros se fue especializando y llegaron las primeras ferreterías. Desde entonces, las ferreterías han seguido vendiendo un montón de artículos. Ya en plena Revolución Industrial, en el periodo que va de 1840 a 1930, nuestro país fue prioritariamente abastecedor de materias primas con destino a Europa Central. Las forjas y talleres de afinado se fueron convirtiendo en ferreterías, sobre todo por el norte, y muchas sobrevivieron vendiendo múltiples productos por las guerras marítimas… También cabe destacar la cantidad de asturianos y leoneses que marcharon a hacer las Américas, y muchos fueron ferreteros. Hay un apunte de la ciudad de Mendoza, en buenos Aires, que dice: Desde la fundación de Mendoza por Pedro del Castillo en 1561, los colonizadores trajeron las primeras herramientas, tales como martillos, yunques y fraguas, y abrieron las primeras tiendas para vender todo tipo de materiales de hierro, ya eran ferreterías. Y ahora vamos a nombrar a algunas de las ferreterías más antiguas de nuestra querida provincia. Recuerdo perfectamente el día que entré en aquellos magníficos Almacenes Ridruejo, aquellos escaparates en redondo, la puerta de entrada, el pasillo altísimo y a los lados los mostradores, recuerdo los altillos llenos de materiales diversos y de menaje… impresionante. También, tuvo que ser impresionante el edificio Pallarés, hoy convertido en el museo de León. Luis Grau, su director, entre otras cosas, escribió… «El inmueble conocido como ‘edificio Pallarés’ fue construido en 1922 como almacén y comercio ferretero por el arquitecto Manuel de Cárdenas, y fue el único edificio del ensanche leonés dedicado en exclusiva a una actividad mercantil que, durante cerca de sesenta años, mantuvo, como lo que hoy llamaríamos unos grandes almacenes comerciales, muy apreciados por la población leonesa y favorecidos por su inmejorable ubicación y la singularidad de su arquitectura». Otra de aquellas ferreterías grandiosas; Almacenes Villarejo. El comercio de ferretería fue fundado por D. Bernardo Alonso, a finales del siglo XIX. Heredado por D. Francisco Alonso a principios del siglo XX, casado con Dª Victoriana Villarejo; y heredado por D. Bernardo y D. Francisco Alonso Villarejo, que lo regentan bajo el nombre de Almacenes Villarejo; con central en Bembibre en un precioso edificio modernista situado en la Plaza Mayor, y con sucursal en Ponferrada.

Don Bernardo, aparte de su faceta empresarial, cultivó con gran acierto el arte fotográfico. Participó en muchas exposiciones y obtuvo numerosos premios; si bien el reconocimiento le llegó después de su fallecimiento. Recientemente el Instituto Leonés de Cultura ha dado a conocer su obra fotográfica en un precioso libro y en exposiciones varias. Actualmente lo regenta en quinta generación, Don Francisco Alonso-Villarejo y Llorente. También en tierras Bercianas, en Ponferrada, está la Ferretería Silva, fundada en Pontevedra en el año 1.896 por D. Celestino Silva Campos. Se instala en Ponferrada a mediados del siglo pasado. Actualmente está regentada por la cuarta generación, los Silva Lamelas. Y ya por estas tierras del sur de León, y en Mansilla de las Mulas, tenemos la Ferretería Pacios, Fundada por D. Juan Pacios en 1.898, bisabuelo del actual Gerente. Siempre ha estado en explotación por la misma familia y en el mismo lugar, es decir, en La Plaza del Grano nº 7 de Mansilla de las Mulas. Y tenemos que comentar, que los grandes fabricantes y distribuidores de ferretería de todo tipo estaban en el País Vasco; grandes marcas como Bellota, Palmera, Acesa, Magefesa, Amig, Tesa, Azbe, Super-ego… y muchas más. Y no tenemos que olvidarnos de aquellas maravillosas ferreterías, las tiendas del hierro que tanto ayudaron en la labranza; muchas de ellas tenían repuestos como puntas, vertederas, tornillería especializada para aperos como cultivadores, arados, y todo tipo de cabezadas, esquilas, y otros útiles para la ganadería. Es una pena que muchas ya estén desparecidas, y los que resisten, lo hacen con mucha ilusión y ganas de seguir con los negocios familiares, las ferreterías de los antepasados, en buenas manos.
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