Publicidad
Viaje a ninguna parte

Viaje a ninguna parte

OPINIóN IR

24/09/2020 A A
Imprimir
Viaje a ninguna parte
La actualidad te regala en algunas ocasiones respuestas a preguntas que llevan saltando más tiempo del debido de una neurona a otra. Mi última búsqueda se ha centrado en encontrar un mensaje corto y descriptivo para definir lo que está pasando en nuestro país y que no hubiera utilizado algún jueves anterior en nuestro encuentro ‘columnero’. Confiaba que durante mi estancia en tierras astures pudiera encontrar la respuesta entre ‘culín’ y ‘culín’, pero ni la magia producida por el sonido que regala la sidra al romper en el fino vaso tras abocarse al abismo desde su cárcel verde de cristal, me ayudó a encontrar la respuesta. Menos mal que el destino de vez en cuando te obsequia con alguna serendipia que otra y mientras intentaba ponerme al día sobre lo que estaba sucediendo por latitudes lejanas, me topé con una noticia en la que se hablaba de la moda de los ‘viajes a ninguna parte’, que varias aerolíneas estaban impulsando en el continente asiático. Este nuevo engendro de ocio consiste en subirse a un avión que despega y aterriza desde el mismo aeropuerto y cuyos viajeros disfrutan de unas horas de desconexión a miles de pies de altura mientras sobrevuelan algunos puntos de interés.

No sé si coincidirán conmigo, pero creo que un buen título para la película de terror que estamos viviendo en nuestro país sería ‘Viaje a ninguna parte’. Un día tuvimos que subir corriendo a un avión para huir de la COVID-19 con la esperanza de que los comandantes que pilotaban nuestro futuro fueran capaces de localizar un destino seguro, donde aterrizar tras un largo viaje lleno de turbulencias. Quizás esté equivocado, pero tengo la sensación de que estamos volando en círculo. Cada vez que me armo de valor y miro por la ventanilla para ver la zona que estamos sobrevolando, no salgo de mi asombro cuando me doy cuenta de que estamos pasando por lugares ya transitados, lo que significa que los pilotos están cometiendo una y otra vez los mismos errores.

Como es lógico, los pasajeros que volamos con un billete independiente y que estamos sentados en la fila del centro de la aeronave estamos muy nerviosos. Sabemos que cada vez queda menos queroseno y si la elección de la pista de aterrizaje no es la correcta, el desenlace final será indescriptible. Para intentar ofrecer una falsa sensación de confianza, los tripulantes ingenian de vez en cuando algunos trucos de trileros, como por ejemplo la foto de Ayuso y Sánchez prometiéndose amor y colaboración eterna seis meses después de que comenzara esta fiesta macabra, en la que el DJ viste de negro y se hace acompañar de una afilada guadaña.

No sé el momento en el que perdimos el rumbo, pero que nos quieran vender como un gran hito la supuesta colaboración total y sincera entre instituciones, cuando ésta debería darse por hecho y ser de obligado cumplimiento en cualquier situación, pero más que nunca en momentos tan excepcionales como los que estamos viviendo, da mucho que pensar sobre el presente y lo más dramático, augura un futuro incierto y lleno de turbulencias mortales. A principios de mes ya se anunció también a bombo y platillo el acuerdo para crear un grupo de trabajo conjunto entre la Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León, todo supervisado por el comandante Salvador Illa. Seré un ingenuo, pero pensaba que este tipo de colaboraciones venían ya de fábrica y no era un extra en el avión autonómico que compartimos. Pero visto lo visto, los integrantes del pasaje debemos aplaudir y vitorear estos anuncios que deberían estar dentro de la mayor normalidad. Y mientras tanto, a pesar de que algunos pasajeros con conocimientos científicos y médicos llevan pidiendo que se abra la caja negra de lo sucedido desde principios de año para escuchar las grabaciones y detectar los errores cometidos, los miembros de la tripulación hacen oídos sordos, a pesar de que el nivel de combustible desciende inexorablemente y el controlador de altitud indique que estamos perdiendo altura y el riesgo de colisión va en aumento. Ante este panorama desolador sólo nos queda seguir gritando alto ‘mayday, mayday, mayday’.
Volver arriba
Newsletter