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Versos que vuelan en torno al Duerna

Versos que vuelan en torno al Duerna

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Los participantes en la última edición de Poesía para vencejos. | DAVID ALV Ampliar imagen Los participantes en la última edición de Poesía para vencejos. | DAVID ALV
Mercedes G. Rojo | 27/08/2019 A A
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Versos que vuelan en torno al Duerna
Literatura en las comarcas Poesía para vencejos es el encuentro literario más veterano por número de ediciones, veteranía de su ideólogo y antigüedad del lugar en el que se celebra
Hoy, llegando casi al final de este periplo literario por los encuentros estivales de nuestra provincia, vamos a ocuparnos del más veterano de todos ellos, veterano en muchos aspectos: en primer lugar en cuanto al número de ediciones con las que cada primer domingo de agosto nos viene deleitando; en segundo con respecto a la veteranía de la persona que lo ideó, lo puso en pie y lo sigue manteniendo, imperturbable, año tras año; y en tercer lugar por la antigüedad del lugar que acoge dichos encuentros.

Quienes sigan de cerca las diversas y veraniegas citas poéticas leoneses, sin duda habrán averiguado ya que en lo primero nos referimos a Poesía para vencejos; en lo segundo hablamos de Felipe Pérez Pollán y el lugar al que nos referimos es el antiguo patio de armas de la que fuera fortaleza del Señorío de los Bazán, en la localidad de Palacios de la Valduerna, muy próxima a La Bañeza y desde el año 1980 propiedad del fundador de este acto literario.

Comencemos por centrar espacio y tiempo. Felipe Pérez Pollán, creador del evento, ha mantenido desde siempre una especial relación con lo que nos queda de lo que fue antiguo castillo de los Bazán, cuyos restos fueron declarados BIC (bien de interés cultural en 1949), restos que consisten en la torre que tras su adquisición nuestro protagonista convirtió en su vivienda (antiguamente sería de entre los cuatro cubos o torres la elegida por los vizcondes de Palacios de la Valduerna –sus promotores- para convertirse en su morada) y en un muro del propio castillo. Construcción del siglo XIV, que comienza su ruina cuatro siglos más tarde, es hoy una vivienda del siglo XXI en la que una vez al año, en su antiguo patio de armas convertido hoy en un frondoso jardín gracias al esfuerzo de su propietario, resuenan los ecos de los versos de los más variopintos poetas que se mezclan, en las tardes estivales del mes de agosto, con el peculiar chillido de los vencejos, más intenso cuanto más arrecia el calor.

En cuanto al personaje, Felipe Pérez Pollán, a quien la poeta asturiana (por ejemplo) Carmen Nuevo Fernández define como «un poeta auténtico y amigo de la palabra, a la que cuida, protege, alumbra y exhibe en su total belleza y plenitud en los hermosos jardines de su castillo rodeado de naranjos», se trata de un jubilado profesor de Lengua y Literatura, muy ligado a instituciones culturales de la provincia como la Fundación Conrado Blanco o el Centro de Estudios Astorganos ‘Marcelo Macías’, que guarda en este torreón que habita desde los años ochenta una inmensa biblioteca y un intenso amor a las letras que trata de compartir con el público asistente año tras año a su encuentro, proponiéndoles un acto que se desliza desde media tarde entre el calor del sol, la sombra amable de su jardín y la inevitable presencia de estas singulares aves que nunca bajan a tierra. Y es tanta la trascendencia que con el paso de los años ha ido adquiriendo el encuentro que en alguna de las ediciones se ha llegado (dicen las crónicas) a acercarse a ochocientas el número personas que han podido disfrutar de la música y los versos allí desgranados, personas que ocupan los distintos rincones del jardín (escaleras incluidas) para, de pie, sentados o incluso tumbados sobre la hierba, en sillas preparadas para tal fin o en sillas propias (traídas como antaño se llevaban a los distintos acontecimientos públicos que se daban en los pueblos), disfrutar cada primer domingo de agosto de los versos y la música.

Su relación con este lugar que es ahora su hogar viene de lejos. Natural de Palacios de la Valduerna, población en la que este se asienta, ya jugaba de niño entre sus piedras, con sus amigos, entre el patio de armas abandonado y las estancias del fortín ya en franco deterioro, que en algún momento llegarían a ser redil de ovejas. Después vendría su emigración a Argentina con sus padres, y el retorno para realizar en la Universidad de Oviedo sus estudios de Lengua y Literatura, pues en aquellas lejanas tierras sumidas por entonces en huelgas constantes, era imposible avanzar con continuidad en dichos estudios; una breve estancia como minero en Asturias hasta que consiguió plaza de profesor («entre que acabé la carrera y conseguí plaza, tenía que ganarme el pan», le confiesa a la periodista Ana G. Valencia en una entrevista que realizan hace algún tiempo); y un posterior periplo por diferentes destinos docentes de Asturias y León, entre los últimos Ponferrada y La Bañeza. Será precisamente en 1980, al pedir el traslado de la capital berciana a La Bañeza, cuando toma la decisión de hacerse una casa en su pueblo natal. Las circunstancias le llevan entonces a encontrarse con la posibilidad de hacerse con el castillo, antes de que éste sea embargado por Hacienda. Desde ese momento mucho trabajo para convertir lo que era una ruina, mudada en basurero enseñoreado de piedras y maleza, en un verdadero hogar. Su hogar y su refugio, en el que convive a diario con sus dos grandes pasiones: la literatura y la fotografía. Y si antaño este torreón fue testigo de la historia de todos esos lugares que se atisban desde su terraza («desde aquí controlaban (los vizcondes) treinta y seis pueblos» (…) «desde la Maragatería, La Vega y la Valduerna»), hoy es testigo de la poesía que cada año Felipe Pérez Pollán se empeña en acercar a lugareños y visitantes, con la música de los vencejos como principal telón de fondo. Y es que por este lugar han pasado numerosas figuras del panorama de la literatura española, e incluso algunas de más allá de nuestras fronteras, la mayoría de ellas ligadas especialmente a la poesía. Algunas podemos identificarlas con nuestros grandes nombres como Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre o Antonio Colinas, otras son o han sido jóvenes promesas de la misma, y en una gran mayoría pertenecen al panorama literario de nuestras tierras, respondiendo su elección a los propios intereses y gustos literarios de quien es el alma y responsable último del Encuentro.

Poesía para vencejos, surge de forma espontánea el año 1984, cuando tras la presentación del libro ‘El señorío de los Bazán’, de Laureano Rubio Pérez, organizada en la entonces ya zona ajardinada del castillo la presentación, el poeta bañezano Antonio Colinas se sentó en las escaleras de piedra que acceden al torreón y comenzó a leer varios poemas; un momento que el propio poeta recoge así en su libro Memorias del estanque, de 2015:

– «… Estoy sentado en el suelo, en la escalera de piedra del torreón, y leo poemas dirigido a un público popular. Me refiero a que aquel día Felipe nos había reunido para leer poemas a las gentes del pueblo. Creíamos que iba a ser un recital para un pequeño grupo de amigos, pero cuál sería nuestra sorpresa cuando a las cinco de la tarde, las gentes del pueblo, con su sillita en la mano, se dirigieron hacia el castillo para escuchar poesía. Aquél hecho probaba algo en lo que siempre he creído: que la poesía no es solo materia para resucitar a los muertos, sino algo que deben comunicar los aún vivos (…)»

De esta manera queda instaurada una cita poética que, pasito a pasito, ha logrado convertirse en la más veterana (y en una de las más reconocidas) de nuestra provincia; una cita a la que se van incorporando nuevos aspectos, como la presencian de la música en torno a dos propuestas principales: la de los cantautores, como Isaac García o Tista y Sara; y la más tradicional, en la que se hacen presentes diferentes grupos folklóricos de la zona, en torno a los clásicos sonidos de dulzaina y tamboril. Y en ese enriquecimiento artístico, a cuatro años de su primera edición, con la aparición en el panorama literario provincial del Premio Nacional de Poesía ‘Conrado Blanco León’, instituido por su hijo Conrado Blanco González, en honor a su padre (a través de la Fundación del mismo nombre), la entrega de dicho galardón se une a dicho acto hasta convertirse en parte imprescindible del mismo, un hermanamiento que este año ha hecho efectiva la entrega del premio correspondiente a su ya XXXI edición.

Estudiando su recorrido podemos decir que ya casi se cuentan por centenas los poetas que han desgranado sus versos entre estas piedras (sería imposible nombrarlos a todos), algunos respondiendo a una única cita, otros repitiendo a menudo presencia. Un evento que año tras año Felipe Pérez Pollán cuida con mimo, preocupándose por cada detalle importante para él, en una conjunción de intereses con su propia poesía. Poesía para vencejos es otra de esas experiencias literarias que nos ofrece el estío leonés y que al menos hay que disfrutar una vez en la vida. Y como a la cita de este año ya no llegamos les emplazo para la edición del próximo: en el primer domingo de agosto de 2020.
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