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Versos a Oliegos o el canto a la Cepeda

Versos a Oliegos o el canto a la Cepeda

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La edición del pasado año tuvo como colofón el Himno a la Cepeda, compuesto por Ángel Francisco Casado. | L.N.C. Ampliar imagen La edición del pasado año tuvo como colofón el Himno a la Cepeda, compuesto por Ángel Francisco Casado. | L.N.C.
Mercedes G. Rojo | 30/07/2019 A A
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Versos a Oliegos o el canto a la Cepeda
Literatura en las comarcas El encuentro literario celebra este fin de semana su 19 edición en Cogorderos como un modelo para hacer cultura popular
Hoy nos vamos de ruta literaria por tierras de La Cepeda, y lo hacemos de la mano de un cita que lleva alentando ‘palabra’ desde que, en agosto de 2001, un grupo de enamorados de la cultura y la Cepeda se reuniera «en una explanada, junto a la tercera presa del embalse de Villameca, casi a medio camino entre esta localidad y Quintana del Castillo, para leer textos de amor a la tierra. Fue el arranque de Versos a Oliegos en una tarde wagneriana, cargada de intensidad». Así recuerda aquel momento Tomás Álvarez, uno de los miembros de la Asociación Cultural Rey Ordoño I, una de las promotoras –que no la única– de estas veladas que desde entonces vienen celebrándose año tras año por aquellas tierras.

Versos a Oliegos surge con la iniciativa, por parte de algunos oriundos ligados al mundo de la cultura (como el propio Tomás Álvarez, natural de Villamejil y a la sazón trabajando en la agencia EFE en Madrid; Rogelio Blanco, nacido en Morriondo y por entonces involucrado en el Ministerio de Cultura o Amando Álvarez), de tratar de buscar un punto de encuentro común capaz de despertar el interés de todos los cepedanos, más allá de los «personalismos y enfrentamientos entre la intelectualidad de la comarca» que, con una clara división de intereses marcada por el «enconamiento de temas personales», estaban lastrando la cultura del territorio. De las conversaciones entre los dos primeros surge la propuesta de intentar crear una cita literaria donde pueda hacerse presente todo lo que la comarca es capaz de inspirar bien a quienes forman parte de ella, bien a quienes sienten su proximidad; una cita que convoque a propios y extraños para acercarse a su esencia, a su paisaje y a su historia. Y así en la primera convocatoria son emplazados, para lectura de versos propios y ajenos, un buen número de personas amigas que estuvieron arropadas por «una buena pandilla de muchachos que formaban parte de una jornada de marcha organizada por la Asociación Cultural Rey Ordoño I». La casualidad hizo que aquella tarde ideada a orillas del embalse y en un espacio abierto se viera sorprendida por una intensa tormenta que obligó a los presentes a refugiarse en lugar cerrado, concretamente en la sede de la Asociación Cultural El Fuyaco, en Quintana del Castillo. Y así fue que a la lectura inicialmente prevista se incorporó la música de un improvisado concierto de acordeón que puso un granito de arena más para conformar la idea que acabaría dando forma final al encuentro.

¿Por qué Oliegos? A finales de 1945, todo la población de este cepedano pueblo, hoy bajo las aguas del embalse de Villameca, fue definitivamente desalojada de sus tierras y trasladada junto a sus pertenencias en un tren que les llevó a Foncastín, población creada para alojarles en el municipio vallisoletano de Rueda. Desde entonces, esa anegada localidad se convirtió para la mayoría de los cepedanos en un símbolo de «afecto, ternura y recuerdo emocionado hacia quienes un día tuvieron que abandonar sus campos por la creación de un embalse que habría de dar riquezas a otros lugares valle abajo». ¿Era posible, pues, mejor referencia que esta para darle nombre a un encuentro que pretendía tener por protagonista a la propia tierra que ha visto nacer a todas y cada una de cuantas personas se han implicado en el proyecto y a otras tantos que han apoyado propuesta tan ilusionante, una idea a través de la cual recordarnos que esta comarca está viva y que tiene mucho que aportarnos? Un nombre de un lugar que ya no existe físicamente pero que todos los comarcanos llevan en su mente y en su corazón y que ha permitido que año tras año junto a la movilización de personas (cuya suma ya hacen miles), se haya contado también con la presencia de gentes de Oliegos o de sus descendientes y de firmas literarias valiosas de dentro y fuera de la comarca, para disfrutar todos juntos, al menos una vez al año «con la cultura, el recuerdo de vivencias pasadas, y el rescoldo del calor de la tierra madre».

El formato

La decisión de convertir este encuentro en itinerante, acordada tras la celebración del primero de ellos, responde a la idea de conseguir, por un lado, que ningún pueblo concreto se apropie de una celebración que pretende ser de todos y para todos los cepedanos; por el otro, conseguir llevar la cultura cepedana a todos los rincones, tanto de la propia comarca como de otros lugares intrínsecamente ligados a ella por distintos motivos (algunos de esos encuentros se celebrarán en Astorga, León e incluso Foncastín –Valladolid–). 

Será a partir de la segunda de las jornadas celebradas, en Morriondo, que se adopte el formato futuro y definitivo de las mismas: colaboraciones literarias leídas desde una palestra (una selección -nunca todas, porque no todos los autores pueden acudir al encuentro- de las que se recogen en el libro que cada año se viene editando para recuerdo de todos los presentes y otras gentes), un poco de música para animar más la velada, y –tras el acto poético-musical- un refrigerio en torno a unas humildes viandas que ponen el contrapunto a un momento de tertulia y encuentro mucho más informal entre todos los asistentes, participantes directos o, simplemente, espectadores; refrigerio en el que según las ocasiones se implican las mujeres del pueblo, las asociaciones culturales de los mismos o las correspondientes juntas vecinales, por ejemplo.

Los protagonistas

Es indudable que iniciativas como estas solo son capaces de prolongarse en el tiempo gracias al tesón de quienes se esfuerzan en colaborar para conseguir que este tipo de encuentros se desarrollen con éxito. Y en este como en otros casos hay varios componentes humanos a tener en cuenta.

Participantes: Si el primer encuentro convocó a una serie de participantes para compartir su verso y su palabra, a partir de ese momento se fue convocando a otros cepedanos para darle vida a los mismos, incluido el propio Eugenio de Nora, «quien a sus 76 años, secundó encantado la iniciativa» participando en persona en el segundo encuentro (el pasado año, la cita tuvo lugar en Zacos, su localidad natal, en un merecido reconocimiento a su vida y obra). Hoy, rondan la cincuentena quienes año tras año prestan su voz y su pluma para que esta cita literaria y humana permanezca viva, cepedanos que siguen viviendo en estas tierras, o los que la recuerdan desde otros lugares a los que la vida les ha ido llevando; también amigos de la misma que en algún momento se han acercado a ella para sentirla, vivirla y compartirla. Nombres literariamente conocidos y también otras plumas más anónimas, pero unidos todos en el mismo afán común de cantar a estas tierras y, a través de ellas, a todas cuantas conforman nuestra esencia más rural.

Organizadores: Como ya he apuntado, la idea de estos encuentros es la de que nadie se los apropie, para lo cual, desde la Asociación Cultural Rey Ordoño I, Amigos de la Cepeda, se insta a que cada año –a través de las respectivas Juntas Vecinales- sea una localidad diferente, con su personal impronta, la que reciba esta fiesta literaria que no es de uno sino de todos, enriqueciéndola con sus propias ganas de hacer.

El libro: Otra de las improntas de estos Encuentros es la publicación que completa los mismos, una recopilación de escritos en verso o en prosa, en la que llegan a participar cada año hasta una cincuentena de escritores (ya más de un centenar de nombres los que han participado a lo largo de la casi veintena de libros publicados) y cuyo responsable final (coordinación de la recepción de originales, corrección de los textos, supervisión de la edición) es, casi desde el inicio de la propuesta, Armando Ramos; obras que «atesoran amor y cultura en los estantes de las bibliotecas, no sólo de la Cepeda sino de muchos otros lugares del mundo» y en algunas de cuyas ediciones he tenido el honor y el placer de poder participar como firma invitada.

La próxima edición

La próxima edición, y ya van diecinueve con ella, será en Cogorderos, una de las localidades más fértiles de La Cepeda, regada por las aguas que, bajando de los montes de la sierra cepedana, se extienden por su vega a través del río Tuerto; un lugar donde la historia ha dejado su huella más profunda, como por ejemplo la dejada por una de las batallas más decisivas que durante la Guerra de la Independencia se libro contra los franceses y cuyos efectos se pueden aún apreciar en los muros de su iglesia parroquial; templo donde también permanece el retablo principal de la desaparecida iglesia de Oliegos que fue sepultada por las aguas.

Versos a Oliegos se ha convertido en una fiesta que forma parte del calendario imprescindible tanto de La Cepeda como de sus aledaños, una celebración sin más fecha definida que el propio verano pues, al igual que cada año se decide cuál será la localidad que acoja cada nueva edición, será esta también la que decida cuál será la fecha más apropiada para convocarla; una fiesta en la que confluyen escritores de renombre junto a otros que viven y siente la literatura desde lo más íntimo y personal; literatura que, a pesar del nombre elegido para el encuentro, Versos a Oliegos, se entrelaza cada año no solo en poemas, también en relatos que ponen de manifiesto todo lo que esta tierra es capaz de despertar en quienes la conocen y la sienten.

A modo de resumen, diré que si esta serie de artículos surge con la idea de mostrar como la literatura en particular, y la cultura en general, son capaces de generar presencia en nuestras zonas rurales, de mostrarnos que están vivas (o bien que podrían estarlo más de lo que las circunstancias lo permiten), Versos a Oliegos es el grito de un montón de gentes de toda condición que cada año se reúnen en un punto diferente de La Cepeda para mostrarnos que esta existe y para que, al albor de la palabra y la música, encontremos la disculpa perfecta para recorrerla y descubrirla, para enamorarnos de ella. En alguno de sus artículos, Tomás Álvarez, uno de sus valedores culturales más activos, nos dice de dicha cita: «Versos a Oliegos ya no es sólo de la Cepeda, es un patrimonio de la sociedad, y un modelo de cómo se hace cultura popular; cómo se une en torno a ella a gentes de toda condición; muchos para escribir unas líneas cantando al amor, a la vida o al paisaje, y otros muchos para participar en el gozo festivo del encuentro colectivo».

¿Qué mejores palabras que estas para terminar este artículo y para invitarles a acercarse en la tarde del próximo sábado 3 de agosto a la plaza de la iglesia de Cogorderos, donde –a partir de las 17:30 horas– se celebrará esta nueva cita? Podrán compaginarla con otras también muy interesantes que durante este mismo fin de semana se producen en distintos puntos de la zona.

Nuestras comarcas viven y sienten, más en verano que en ninguna otra época del año, pero necesitan de la connivencia de todos nosotros para impedir que se mueran «o que las mueran» un poquito más cada día. Démosle, pues, vida a nuestras zonas rurales, ahora y durante el resto del año. Les esperan. Les esperamos.
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