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Una miniaturista en tierras leonesas

Una miniaturista en tierras leonesas

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‘Cielo’ (Ende). Ampliar imagen ‘Cielo’ (Ende).
Mercedes G. Rojo | 27/10/2020 A A
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Una miniaturista en tierras leonesas
Ende (Reino de León, siglo X) es la primera artista femenina que se tiene registrada en España
Escribía el otro día, en referencia a las escritoras, de lo difícil que es seguirle la pista por la historia a nuestras ancestras leonesas, pues sus nombres se pierden –las más de las ocasiones– en el anonimato, si no bajo una firma masculina tras la que ellas mismas se esconden para no ser señaladas por una sociedad que consideraba que ese no era su sitio, bajo la de alguien que descaradamente se aprovechaba de su trabajo. Eso mismo ocurría en el resto de las artes, ya fueran plásticas o musicales, llegándose en los últimos años a desarrollarse una teoría que defiende que detrás de esas obras que nos llegan como «anónimas» se esconde la autoría de una mujer, aspecto que podría ofrecernos un  hilo del que tirar para llegar a descubrir quién está realmente tras cada obra que nos llega bajo esa indicación. Decía también que a muchas las encontraríamos tras los muros de los conventos, lugares desde los que más fácilmente se podían acceder durante una larga época a la cultura a través del estudio y la creación, alejándolas de las obligaciones maritales y maternales a las que inevitablemente estaban destinadas la mayor parte de las mujeres y que, en la mayoría de los casos, impedían una compatibilidad entre ambas realidades.

Ese sería también el caso de  Ende (o En) (Reino de León, siglo X), la primera artista femenina que se tiene registrada en España, también la primera conocida y documentada en toda  Europa.  Iluminadora de manuscritos, allá por el siglo X, apenas sabemos de ella más que lo que nos deja traslucir la única obra que nos ha llegado de la misma, que seguramente fuera monja (a tenor de su firma) y  que había de estar muy reconocida pues, habiendo realizando su trabajo junto a otro iluminador, deja su nombre inmediatamente después de la gran «omega» (la última letra del alfabeto griego con la que concluye el códice) y por delante de la de sus compañeros, iluminador y copista, (ENDE PINTRIX ET D(E)I AIUTRIX FR(A)TER EMETERIUS ET PR(E)S(BITE)R (Ende, pintora y ayudante de Dios; Emeterio, hermano y sacerdote), en la obra conocida como ‘Beato de Gerona’, considerada de calidad superior a muchas otras de la época y que recibe su nombre porque se custodia en la catedral de dicha localidad. Contiene este libro el Comentario al Apocalipsis, e ilumina las visiones de Juan en el estilo mozárabe que se desarrollo en España tras la invasión musulmana y que nos permite descubrir las  fantásticas dotes de Ende para esta disciplina, con magníficas miniaturas en las que se mezclan elementos del arte islámico con  las tradiciones decorativas, y un  especial énfasis en la geometría, los colores vivos, los suelos decorados y las figuras estilizadas, un estilo que se anticipa al estilo románico que está por llega.

Desconociendo datos más concretos sobre ella, la traemos a esta sección porque los indicios que se tienen s parecen situarla en el monasterio de San Salvador de Tábara que, aunque en tierras zamoranas, era enclave importante del Reino de León, y eclesiásticamente dentro de la antigua diócesis de Astorga, en lo que fue centro de una importante escuela de escritura y miniatura que floreció casi hasta el año 1000, hasta ser asolado y destruido por las hordas de Almanzor. No se sabe muy bien si llegaría al mismo reclamada por Emeterius, desde otro monasterio de la zona de Liébana o si, como augura John Williams (máximo experto de la miniatura española medieval) Ende pudo haber sido una mujer de la nobleza local, tal vez del mismo León, o una viuda sin herederos que decidió dedicarse a este trabajo, como artista además de como patrocinadora, cediendo a Tábara los medios necesarios para su creación. En cualquier caso, los indicios parecen ligarla claramente a este reino al tiempo que su estilo parece dejar claro –según los expertos- que habría aprendido a pintar en el scriptorium de un monasterio.

En cualquier caso, esta obra fechada entre 970 (año de comienzo) y 975 (año de  finalización) aporta para la historia no solo el hecho de facilitarnos el primer documento pictórico firmado por una mujer hasta ahora encontrado en todo el territorio europeo; también una obra de una impresionante calidad artística para la época, muy por encima del resto de beatos conocidos,  con el mayor número de páginas iluminadas, y la aportación de añadir nuevas imágenes a las que se conocían hasta la fecha, como por ejemplo una representación del cielo, otra del Bautismo de Cristo, el retrato más antiguo del apóstol Santiago que se conoce en la pintura española o una Crucifixión  que se acerca a las más característica del arte románico.

Con estos merecimientos, Ende, como pionera del arte pictórico, fue incluida  en 2018, por la Asociación Herstóricas. Historia, Mujeres y Género y el colectivo Autoras de Cómic, en un proyecto de carácter cultural y educativo para visibilizar el aporte de las mujeres en la sociedad y reflexionar sobre su ausencia, a través de un juego de cartas, en el que una de ellas le está dedicada.
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