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Un tranvía llamado historia

Un tranvía llamado historia

OPINIóN IR

23/08/2020 A A
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Un tranvía llamado historia
–Maestro don Antoni, le he oído contar que en lo profesional tus sinsabores más amargos (y tiene muchos usted), sucedieron allende Cataluña…

–Ah, pequeño llagost, fuera aparte la Sagrada Familia, que sigue dándomelos, con el espantall en que la han convertido, en lo de León sufrí lo mío y lo del Pilós. Solo fui allí por paisanos, amigos y conocidos, como de costumbre hice y hacen muchos. Primero por el Bisbe, obispo que fue de Astorga, tan compadre, mi paisano el Grau i Vallespinós (aunque él era de Reus y yo, como sabes, no), cómo siento haberlo dejado a medias.

–Pero no fue su culpa.

–Aborrezco dejar cosas a medias. Más que diseñador soy artesà y los artesanos acabamos lo que empezamos, salvo fuerza mayor. Topé con una iglesia pixapins y un cabildo que fue moderno cuando san Fructuoso. Arqueología. Yo haciendo un palacio medieval y lo medieval eran ellos.

–¿Palacio medieval?

–Por entonces, jovencito que era, me daba por imitar lo gótico como otros imitan ahora al Gropius o al Frank Lloyd. Nada más llegar don Joan Baptista un incendio se comió el caserón residencia del obispo. Convenientemente, según las malas lenguas, que se lo achacaban.

–Dicen que usted dijo «Yo no me fui, me echaron» cuando le preguntó una infanta.

–Yo no digo esas cosas, borinot. Yo soy feo, católico y sentimental (y reumático, célibe, catalanista y vegetariano).

–Excesiva modestia veo hoy en usted.

–Mi genio tengo, pero solo si me tocan el trencadís.

–Palacio del obispo fue poco, don Antoni, que también este fue cuartel y sede falangista durante la Guerra civil, como San Marcos.

–Hay tiempos en que parece que todo se dedica a lo mismo. Desde los sesenta aloja un museo, también como San Marcos. De todas formas, acabaron rematándolo como el castillo de Blancanieves, lo mismo habría valido para Port Aventura.

–Y, luego, León.

–Al tiempo, más bien. Fue una familia de comerciantes, por intercesión del Grau o el Güell, afloja la memoria, que encargó un edificio con tienda y viviendas en altura. Le dicen la Casa Botines, por el Homs i Botines, ya muerto entonces. Debía ser Casa Fernández, pero se ve que no sonaba tan original. Ser profeta, ya sabes... La cosa en León también empezó mal. Un vecino denunció el proyecto por ocultar el Palacio de los Guzmanes. Que lo tapa, todo hay que decirlo. No fue el único. Se hizo popular que quise rebatir pronósticos e intrigas exponiendo los informes negativos en el vestíbulo del edificio una vez acabado. Modesto no soy ¿ves?

–Pues fíjese que ahora la provincia se vanagloria de tener sus obras a la cabeza de las de fuera de Cataluña. Y con mucha prosopopeya.
–Señor, dan ganas de tirarse al tranvía. Otra vez.

NOTA: ¿Quién dijo que las maravillas fueran solo siete? «Siete o las que hagan falta», se leyó aquí en la primera entrega. Siempre hay una octava maravilla. La semana que viene, para concluir el mes, sobre cómo se entretienen.
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