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Un paseo por el Monte Pajariel

Un paseo por el Monte Pajariel

EL BIERZO IR

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Francisco A. Ferrero | 05/09/2021 A A
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Un paseo por el Monte Pajariel
Rutas de nueve a una Todo ponferradino debería de alcanzar, al menos una vez en su vida, y caminando, la cumbre del monte Pajariel, un monte de fachada agreste que acompaña a la ciudad y forma parte de ella
La ruta propuesta aquí intenta que el senderista que se acerca por primera vez al monte más cercano a la ciudad de Ponferrada pueda tener una visión de conjunto de la magnitud del mismo, muy distinta a exigua fachada que presenta frente a la ciudad. Por eso, se ha diseñado una ruta perimetral llena de contrastes, que va desde la llanura de inundación del río Sil y el bosque de galería que cubre sus faldones sobre la cara norte, pasando por la media ladera, provista de suaves pendientes, y donde se asientan, orlados, los cultivos tradicionales más representativos de la comarca (viñedos, castaños, almendros, cerezos, etc.), para terminar en las cotas más altas y en pendiente, donde predominan las plantaciones de especies de repoblación. El monte, desde la cumbre, se presenta elongado, como un residuo montañoso, hasta encontrarse con los estribos de la mítica cordillera de los Aquilianos de donde procede.

Una pequeña parte de este recorrido, en busca de la cumbre del monte Pajariel, transita por la falda septentrional del mismo y muy cerca del río Sil. Aprovecharemos una serie de «Senderos de autor», diseñados y realizados gracias al ímprobo esfuerzo del profesor, ya jubilado, del Instituto Europa, Domingo Domínguez Escudero, al cual tenemos que agradecerle desde éstas páginas las muchas horas y dedicación ilusionante que puso, de manera altruista, en la construcción de estas sendas para el disfrute de todos los ponferradinos.

Una vez finaliza el encauzamiento artificial del río Sil, se inicia la Senda de Lola, que circula entre el bosque de galería del río, compuesto preferentemente de homeras o alisos y chopos del país, creciendo sobre los bordes y el fondo de los acarreos depositados en la llanura de inundación del río. Un poco más adelante, podemos refrescarnos en la fuente de Las Nogales, situada a la izquierda del camino y al inicio de una pradería alargada que conserva varios corpulentos nogales, alguno de ellos ya seco por el paso de los años.

Una vez abandonamos la misma, y a nuestra derecha, nos acompaña brevemente una antigua acequia de riego, que desvía el agua represada un poco más arriba, con destino a las choperas que ocupan la ribera fluvial de esta margen del río.

A continuación, el sendero asciende alejándonos levemente de la corriente de agua a través de manchas de roble y matas de rusco, hasta llevarnos a una encrucijada que, situada enfrente del Parque de Flores del Sil, el sendero se bifurca en dos ramales. Cogeremos el de la izquierda, que está señalizado con los letreros : «Variante de Emma» y «Las Barrancas», cuyo trazado serpentea plácidamente, primero entre los robles que se descuelgan del Pajariel y, más adelante, entre oscura sombra a través de bosquetes de encinos, espino albar y pequeñas matas de negrillo cuyo suelo, en primavera, está tapizado de prímulas. En la parte final del mismo aparecen pinos aislados de repoblación, que han logrado sobrevivir a los sucesivos incendios que han asolado la zona, para encontrarnos a continuación con el camino que, procedente de la ruta de los Aquilianos, desciende paralelo a la cárcava que desagua el Reguerón de la Cantera.

A partir de este punto continua la «Variante de Emma», a través de un sendero circular laberíntico que transita entre encinos, robles, avellanos, cerezos y castaños bravos, tomando algunos tramos nombres tan sugerentes como «Las revueltas de Nanuk» o «La bajadita de Isa» que nos aleja hasta el paraje de «Las Barrancas», donde el sendero se dibuja sobre terrenos arcillosos que constituyen antiguos deslizamientos de ladera, frenados en parte por antiguas y acertadas plantaciones de castaño que, con el posterior abandono, se han embravecido. La senda desciende posteriormente a la llanura de inundación del río, donde el chopo canadiense es colonizado por abundantes lianas (Clematis vitalba) que trepan sobre ellos.

No obstante lo anterior, nuestro recorrido en esta ocasión no comprende esta última senda circular, por lo que cogeremos camino arriba por el Reguerón hasta tomar la pista inferior que faldea el Pajariel en dirección a Toral de Merayo, al que no llegaremos, ya que iremos alternando pistas sucesivas (observar el plano de la ruta), en la idea de ascender con mínimo esfuerzo al pico del Pajariel.

En camino de ascenso va bordeando la cara oeste del monte, salvando las vallinas pobladas de pinares y manchas aisladas de roble y encino que descienden hacia la cuenca del río Oza. La ruta así descrita, debido a la falta de mantenimiento y a la pérdida de algunos letreros indicadores, puede presentar algún punto de confusión durante el recorrido. No obstante, si se siguen las indicaciones de los planos y se dispone de un mínimo sentido de la orientación, no hay pérdida posible por la enorme cantidad de senderos intercomunicados que presenta todo el Pajariel en su conjunto.

Bajaremos por la fachada norte, la más quebrada y afectada por los numerosos incendios que, casi cada año, asolan el monte más cercano y emblemático de la ciudad de Ponferrada. Antes de llegar al punto final haremos una breve parada en la fuente Cobos, a fin de tomar un poco de agua de este manantial tan visitado por los ponferradinos, que bien podría llamarse «la fuente del milagro», porque mana todo el año a pesar de lo escasa de su cuenca de abastecimiento. Hay que recordar aquí que de la cara septentrional del monte Pajariel manan, milagrosamente, cuatro fuentes equidistantes que están señaladas en el plano de la ruta con números sucesivos y que se corresponden con los siguientes nombres: fuente Los Caños, fuente Cobos, fuente de Las Nogales, fuente Neira y fuente del Reguerón, todas ellas de escaso caudal, pero constante todo el año, a excepción de la última.

El Pajariel es un monte continuamente repoblado. Predominan las plantaciones de pinos, en las variedades pinaster, laricio, albar y radiata, que se desarrollan sobre extensas ocupaciones de jara pringosa, lavándulas, retama blanca y amarilla. Aparecen algunas superficies con eucaliptos aislados, repoblados sobre el año 1968 (E. darlympleana), que han logrado sobrevivir a los incendios, ocupando las vallinas superiores. Las últimas repoblaciones de cerezos bravos, mostajos y cedros del Atlas, conviven con matas aisladas de roble melojo y encino, que se han respectado durante el proceso de plantación, así como otras áreas que ocupan la cara norte, junto con los castaños que se asientan sobre los lóbulos de la parte noreste. En la cara norte, una pequeña mata de robles que ocupa la vallina central, debajo de la actual antena de radio y antigua ubicación de una caseta contraincendios, conserva la mejor mancha de robles debido a que su posición de abrigo, le ha permitido sobrevivir a los numerosos incendios que cada pocos años asolan esta cara. Desde la cumbre, se iniciará el descenso por el camino que baja en dirección al pueblo de Otero, aunque nos desviaremos de este destino para coger un camino que, por la cara norte, desciende por los parajes de La Crucillada y Las Cascarinas, entre los pocos pinos y sotos de castaños.
Antes de descender de nuevo a las márgenes del río Sil, nos desviaremos por un pequeño sendero que, entre corpulentos castaños, nos lleva a la fuente Cobos, donde podemos tomar un trago de agua antes de descender a las praderías que rodean la Casa del Botillo.

El Pajariel, situado en el interfluvio de los ríos Sil y Oza y atravesado transversalmente por el Canal de Cornatel (destinado a uso hidroeléctrico), extiende sus amplios estribos que, descendiendo en cota, se alargan hacia el sur, dejando mostrar su fachada mas agreste y altiva durante unos 3 km frente a la ciudad de Ponferrada. Los materiales que lo componen son esquistos, pizarras y areniscas con niveles de cuarcitas atravesados ocasionalmente por diques de cuarzo. Todo el conjunto es de edad ordovícica y presenta una estratificación casi vertical, estando rodeado de una orla de glacis compuesto básicamente de conglomerados, arenas y limos arcillosos mezclados con piedras sueltas, sobre el que se desarrollan las tierras de labor de los pueblos aledaños.

Algunas canteras de esquisto pizarroso fueron laboreadas en el pasado por los vecinos de Toral de Merayo para delimitar con vallas las fincas y cultivos. Además, existió una mina de cobre conocida como La Generala, de unas 20 ha de superficie, que comprendía un filón subvertical de óxido férrico con sulfatos, carbonatos y pirita de cobre (malaquita y calcopirita) que seguía la dirección Este-Oeste en las proximidades de la confluencia del río Boeza con el Sil.

El origen del nombre Pajariel da pie a pensar, intuitivamente, que proviene de «pájaro», lugar donde abundan los pájaros, pero según los autores que han estudiado el término indican que derivaría del genitivo «Passarelli» que pierde la «e» final y diptonga en «ie», quedando el término «Passariel» (Monte del Pasadizo), que aludiría a un estrecho paso entre el monte y el río Sil por donde se trazaría un puente o «pasarela», con el objeto de unir Ponferrada con la localidad de Toral de Merayo. Al castellanizarse el término anterior, la «ss» sorda se sustituyó por «Pajariel».
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