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Tomás Sánchez Santiago: "El murmullo del mundo suena muy inquietante"

Tomás Sánchez Santiago: "El murmullo del mundo suena muy inquietante"

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Fulgencio Fernández | 20/06/2019 A A
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Tomás Sánchez Santiago: "El murmullo del mundo suena muy inquietante"
Literatura El escritor zamorano afincado en León regresa a sus particulares diarios con una complicación de los tres volúmenes publicados y uno inédito y anterior. Es ‘El murmullo del mundo’ y esta tarde (a las 20 horas)lo presenta en la Librería Alejandría, acompañado del también escritor Miguel Paz Cabanas
Tomás Sánchez Santiago, zamorano leonés (sin comparaciones, por favor) va construyendo con papelines pequeños una gran obra, con notas de la vida diaria reflexiones del mundo, con palabras en peligro de extinción una especie literaria propia, reconocida últimamente aunque a veces parece que a su pesar. Regresa, hoy presenta ‘El murmullo del mundo’, en la librería Alejandría (a las 20 horas)acompañado de Miguel Paz Cabanas. Regresa a sus particulares Diarios, «este tipo de escritura me acompaña siempre, derramada en cuadernos y libretas que voy tomando sin demasiado cuidado cuando se me ocurre publicar algo que tiene que ver conmigo, con mi manera de estar en la vida y ante la creación poética».

– ‘El murmullo del mundo’ es su vuelta a los diarios. Después de ‘Para qué sirven los charcos’, ‘Los pormenores’, ‘La vida mitigada’ reúne parte de los tres y añade ‘ Muda de siglo’, en el que retrocede en el tiempo con notas desde 1984.
– Ha sido sencillamente una labor de recopilación, de acopio. Con esa añadidura, ‘Muda de siglo’, que he sacado con pinzas de unos cuadernos que escribí entre las dos orillas de los siglos XX y XXI. Se me ocurrió que aún estaba a tiempo de dar cuenta de aquellas sensaciones que tuve entonces, entre las que predominaba una: la certeza de que se iba un siglo con muchas cuentas por resolver; y alguien, entre tantos otros, debía hacerlo saber así, en voz baja.

– ¿Cómo suena en general el murmullo del mundo?
– Muy inquietante si uno pone la luz larga. Afortunadamente, también suelo usar la luz corta, esa luz necesaria que te pone cada día delante de rostros, de voces, de la presencia entrañable de lo cercano. A esa vida mitigada también me refiero en este almanaque alborotado. De ella me nutro.

– Y el mundo cercano, ¿cómo vive esa cercanía tan diferente entre sus dos tierras, Zamora y León, de actualidad ambas por caras bien diferentes de la misma moneda electoral?
– Pues con la perplejidad y la cautela con que los ciudadanos vivimos ya en general todo lo que se refiere a la engañifa política. Pero en el caso de mi tierra, la elección de un alcalde de izquierdas, precisamente allí, en esa tierra sacrosanta, por segunda vez ratificado y ahora con una mayoría absoluta, debería servir de ejemplo a estos personajes que se aúpan al poder sobre mentiras y sobre falsas promesas. Sin embargo, no hay demasiada resonancia nacional de lo que ha sucedido allí. No parece interesar hacer ver ese ejemplo de discreción, de coherencia y de honradez sobre cualquier otra postura. Esa es la razón, por encima de su opción política, por la que se ha vuelto a elegir a Francisco Guarido. Pero, claro, es Zamora… Y en España todo lo que no sea Madrid pasa de largo como si no interesase… Así nos va en esta España disimétrica y polarizada cuyas consecuencias de todo orden seguimos pagando.

– Tomás Sánchez Santiago parece muy de murmullo, de vivir pausado y paciente y muy poco amigo de voces y voceros...
– Al menos, lo procuro. Vivimos en un país altisonante, en el que el murmullo es impensable en muchos ámbitos. La intimidad, la serenidad, el comedimiento… En fin, cualidades que no encuentro muy a menudo en la vida pública. Entonces entro en ese retraimiento fértil desde el que observo y escucho. Estoy a gusto ahí.

– Después de una vida dedicada a la enseñanza comparte la preocupación por el mundo que le dejaremos a nuestros jóvenes pero también por los jóvenes que le dejaremos al mundo
– Naturalmente. Hemos entrado por fin en esa conciencia de que el planeta está enfermo de cuidado. En realidad, nos lo hemos cargado nosotros, los del denominado Primer Mundo. Y ahora por fin se actúa con gestos y con posturas visibles que, desde luego, no son suficientes. Pero para salvar al planeta hay que educar también la conciencia de nuestros niños y nuestros jóvenes; sin embargo, tengo la impresión de que una buena parte de estas generaciones jóvenes viven abocadas al ensimismamiento, al solipsismo, a la indiferencia. Solo cuenta para ellos, conforme se les ha instruido más allá de la vida escolar, un presente continuo e ilusorio que les sigue pareciendo eterno…

– ¿Qué ‘méritos’ tiene que tener cualquier momento del día para convertirse en una nota de sus diarios?
– No hay deliberación para escribir un cuaderno de diario. No debe haberla. Cuando uno cae en la cuenta de que hay obligación de consignar lo que va ocurriendo ante sus ojos, entonces es cuando hay que parar. La escritura fresca de las anotaciones debe tener el impulso, la alegría de lo que no tiene alcance ni gobierno. Mientras eso dura, todo va bien. Cuando se incurre en una especie de profesionalización de los diarios, entonces no merece la pena estar así, alerta y con los sentidos abiertos al mundo para contar lo que va pasando. Es mi escritura privada y espontánea pero que de vez en cuando salpica a los otros porque me asiste la sospecha de que uno no puede pensar ni sentir demasiado distinto de los demás.

– ¿Cómo has sobrevivido al mundo de los premios, los reconocimientos y la presencia pública que conlleva?
– Todo eso, que se agradece, es cosa de corteza simplemente. Cuando vuelves a intentar escribir después de esos acontecimientos, compruebas que todo sigue igual de incierto que antes, igual de complicado. El escritor debuta cada día, sin reglas ni avales, ante lo que pretende decir con sus palabras. Esa es la verdadera entraña de la escritura. Lo demás son, en todo caso, accidentes alegres.
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