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Todo lo que será distinto mañana

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El jardín de las delicias, de El Bosco, recreado por Studio Smack. Ampliar imagen El jardín de las delicias, de El Bosco, recreado por Studio Smack.
Valentín Carrera | 06/04/2020 A A
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Todo lo que será distinto mañana
Lo pequeño es hermoso Nuestras vidas no serán distintas mañana: ya son distintas hoy. El coronavirus ha reseteado el planeta y solo hay una opción: adaptarse a la marea
Somos capaces de decir juntos cien cosas que serán distintas mañana? Vamos allá. Mientras algunos se afanan en poner podre al gobierno de Pedro Sánchez, como si esto fuera una batalla política doméstica, demostrando que no han entendido nada de lo que está pasando, el día después avanza implacable. Ya les avisé en esta tribuna que el coronavirus ha venido para quedarse y que la opción inteligente para sobrevivir es resetear nuestras vidas y costumbres y “adaptarse a la marea”, título de un lúcido ensayo de Eduardo Punset que les recomiendo.

Podemos permitir que el virus sea más hábil que nosotros y nos gane la partida; o mirarle cara a cara y demostrar que somos la especie más evolucionada, lo que a veces cuesta creer. Evolucionismo, darwinismo puro. Vamos a por esas cien cosas que van a cambiar nuestras vidas:

1. Las relaciones sociales: Se acabaron los abrazos y apretones de manos; todos japoneses, unos por prudencia, otros por protocolo; los más extremistas, por histeria. Todos y todas a distancia: incluso en la cama y en el sexo.

2. La confianza: A partir de ya estamos todos bajo sospecha. Tú puedes ser el infectado, yo el contagioso. El virus no da la cara: ¿Esa tos? No salgas a la calle, no vayas al trabajo; peor, tu propia familia te confinará en la habitación del fondo y dejará el plato de sopa en la puerta. Ha vuelto la lepra. El miedo es libre.

3. Los colegios, institutos y universidades: se acabó el modo presencial como norma. Más bien, se acabó la norma. Clases on line, evaluación no presencial. Hace años que lo inventó la UNED y nadie ha cuestionado sus títulos. ¡Cuánto vamos a ahorrar en calefacción y catarros! Nuestros hijos y nietas socializando por ‘wasap’.

4. El trabajo: como en la enseñanza, millones de puestos dejarán de ser presenciales. Menos atascos cada lunes, menos desplazamientos, menos CO2. Cuando no quede otra opción que el trabajo presencial, cambiarán los vestuarios, los aseos, las máquinas de café. Nuevo convenio colectivo universal. Pandemia sindical.

5. Las fiestas populares: ¿Verbenas? ¿Romerías? Ya han caído las Fallas ―que nunca fue una fiesta muy ecológica― y caerán los toros y los sanfermines. ¿O habrá encierros respetando el metro y medio de distancia entre corredores? Reconversión de orquestas y churrascadas. Se acabó “la alegría contagiosa” de los carnavales: pierden las garotas de Río, ganan las máscaras de Venecia, recuerdo de la peste en 1630. Todos cuervos y arlequines. Carnavales en blanco y negro.

6. Los oficios religiosos: se acabó el beso de la paz recuperado hace años por la Iglesia Católica. La Conferencia Episcopal ya ha dictado normas: la comunión en la mano, retirar el agua bendita y dar la paz con una inclinación de cabeza o una sonrisa. Todos japoneses y con mascarillas en misa: está pasando. La Semana Santa, suprimida en 2020, nunca volverá a ser igual. Tarea creativa para las cofradías: reinventar las procesiones de la nueva era. Y los entierros.

7. El fútbol: ¿Iremos al Toralín con mascarilla blanquiazul? ¿Suprimirán uno de cada dos asientos en el Bernabéu? Los jugadores que se abracen después de meter un gol, tarjeta roja. Nuevos cromos para la Liga 20-21: Messi y Ronaldo con máscara anti estornudo, los árbitros enfundados en equipos de protección individual.

8. Deportes: Igual que el fútbol, cambiará todo el imaginario deportivo, empezando por los gimnasios y pistas de entrenamiento. Cuando Tokio acoja en 2021 las Olimpiadas de 2020 canceladas, será distinta la ropa, la higiene, las aglomeraciones. Y el control: millones de análisis antes de cada competición y a la entrada de cada estadio.

9. La política: pues sí, ahora que hemos abierto la veda de los votos virtuales (negada en su día por el Supremo a los catalanes), veremos plenos on line de ayuntamientos, cortes y senados. Habrá cambios estructurales en la cadena de mando y en las prioridades sociales. Otra sensibilidad es posible.

10. Los presupuestos: municipales, autonómicos, estatales y europeos; los conceptos de recaudación, inversión y gasto cambiarán. La renta básica universal dejará de ser una utopía podemita y la reclamarán hasta los de Vox. La Seguridad Social, las pensiones, el paro: todo será redefinido con nuevos criterios, y pronto.

11. La sanidad, los hospitales, las farmacias y laboratorios: nada será igual mañana porque ya nada es igual hoy, ya han cambiado usos, protocolos, formación, suministros, logística. Pero también cambiará el concepto de enfermedad; y quizás asumamos la responsabilidad con nuestra propia salud.

12. La vejez. Tiene que cambiar y cambiará el trato despiadado que la sociedad europea ha dado a sus mayores en las últimas décadas. Es un asunto antropológico y cultural de primera magnitud, y sabíamos que estaba ahí, hacinado, semioculto. El coronavirus solo ha desnudado el problema. Este sí será un asunto de Estado.

Les invito a seguir añadiendo pequeñas y grandes cosas que ya han cambiado o están mutando sobre la marcha, como el maldito virus, que también es mutante. Nuestras vidas no serán distintas mañana: ya son distintas hoy. El coranovirus ha reseteado el planeta y solo hay una opción: adaptarse a la marea. La primavera avanza.
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