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Tierra hidalga, tierra mía

Tierra hidalga, tierra mía

OPINIóN IR

02/01/2020 A A
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Tierra hidalga, tierra mía
Pillome en tierras de Don Pelayo, al igual que me sucedió el 1 de octubre de 2017, día en el que unos pocos pisotearon los derechos de unos muchos. Al leerla, lo primero que pensé fue que era una inocentada, pero no, era día 27. Así que la noticia de que en el pleno del Ayuntamiento de León se había aprobado el inicio de los trámites para divorciarse de Castilla y romper este matrimonio autonómico de conveniencia era real.

Respeto y entiendo que haya personas que piensen que León se merecía otros compañeros de viaje democrático, pero lo que no puedo comprarles es que afirmen con rotundidad que a nuestra provincia le hubiera ido mejor si no hubiéramos formado parte de Castilla y León. Lo siento, pero les guste o no eso nunca se sabrá. Podríamos estar nadando en la abundancia o quizás en más miseria de la que tenemos actualmente en nuestra tierra. Por esta razón, utilizar este argumento para ganar adeptos a la causa me parece un truco barato. Es más, nadie nos puede garantizar que si empezamos a caminar en solitario nos irán mejor las cosas.

Los problemas que hemos tenido y tenemos en nuestro terruño leonés no tienen su origen en el acertado o desafortunado dibujo del mapa autonómico impuesto hace cuatro décadas. No nos equivoquemos. Quienes nos han llevado a donde estamos ahora han sido nuestros políticos, así que por favor, no desviemos el tiro y queramos ahora descargar toda la responsabilidad de nuestras penas en el supuesto engendro de Castilla y León. ¿Han defendido realmente los intereses de León o sólo los personales y los que mejor venían a sus respectivos partidos? Pero cuidado, a ver si ahora los leoneses de a pie nos queremos poner de perfil y evitar cualquier parte de culpa. Si hemos sido testigos, supuestamente, de cómo nos han sodomizado desde Castilla, con la cooperación necesaria de nuestros representantes políticos, ¿cómo es que hemos ido una y otra vez a las urnas para revalidar nuestra confianza en aquellos que han permitido que León fuera pisoteada y ultrajada? Llámenme loco, pero hay cosas que no me cuadran.

Por este motivo, me cuesta creer otra de las líneas argumentales utilizada y que afirma que la separación de León de Castilla es un anhelo y un sentimiento presente en la mayoría de la sociedad leonesa. Y me van a perdonar, pero no me lo creo, salvo que por esta tierra todos seamos unos buenos Judas. Y la explicación es muy sencilla. Si realmente la mayoría de la sociedad leonesa siente que debemos tener una autonomía propia, en las últimas elecciones generales la UPL debería haber conseguido al menos un sillón en el Congreso de los Diputados, ya que es el único partido que tiene como fin principal la consecución de un León sin Castilla. ¿Y qué fue lo que ocurrió? Gatillazo. ¿Por qué? No lo acabo de entender. ¿O es que todos los leoneses de pro ese día no fueron a votar? Lo tenían bien fácil. Dar su voto para conseguir que la UPL tuviera voz en la capital del reino español con las ventajas que ello conlleva, pero no, va a ser que a la hora de la verdad los leoneses tenemos otras prioridades. Lo que por otro lado, ojo, es lícito y añadiría yo, hasta comprensible.

Lo único que me preocupa realmente es que este tema sirva para generar enfrentamientos entre la ciudadanía, porque perdónenme pero sentirse leonés va más allá de si compartimos autonomía con unas provincias u otras. Es tan leonés el que portaba una bandera en el exterior del edificio consistorial el día 27, que el vecino de Villaquilambre o de Sahagún al que no le importa formar parte de Castilla y León. No vayamos ahora a confundirnos y juguemos a ver quién es más leonés, ya que nos meteríamos en el mismo laberinto en el que por ejemplo se ha metido la sociedad catalana.

En cuanto a las razones históricas, no voy a ser yo el que eche por tierra los argumentos expuestos ahora y que son los mismos que se pusieron encima de la mesa en 1978 con el inicio del proceso preautonómico en nuestro España. Lo único que me plantea dudas en éste y en otros casos es quién decide qué época histórica debe prevalecer sobre otras. ¿Se debe medir por los años de duración de dicha etapa o por algún episodio más relevante que otro? ¿Hasta dónde tenemos que echar la mirada atrás? Lo digo porque por ejemplo también hay unos señores que dicen que “Con el permiso de Alá, Al Ándalus volverá a ser lo que fue: tierra de califato”. ¿Sus razones históricas también son válidas? Por esto mantengo que acudir a la historia nos puede llevar a ciertas contradicciones, salvo que queramos manejarla y maquillarla a nuestro antojo, algo que por cierto está muy de moda en nuestro querido país.

Por esta razón, soy de los que opino que dejemos de mirar para atrás y lo hagamos hacia el futuro. Asumamos errores propios y esforcémonos en corregirlos, ya que sobre los fallos de los demás poca influencia podemos tener. No nos juguemos todo a una carta centrando nuestros esfuerzos únicamente en querer dinamitar Castilla y León, olvidándonos así de otros objetivos que podemos conseguir a corto y medio plazo por el bien de León y los leoneses. Eso sí, esto requiere de más esfuerzo, tanto por parte de nuestros políticos como por la del resto de los moradores de esta tierra hidalga, tierra mía.
 
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