Veremos qué sucede con esta reforma, que unos venden como si hubieran descubierto la fórmula de la naranjada y otros critican porque sí y sin plantear alternativas que no pasen por gestionar la sanidad como si el dinero público manase de una fuente.
Cosas de la cosa pública, ya sabe usted, avezado lector. Lo proclamó en su día el inane Mariano –casi añorado en estos tiempos– cuando dijo aquello de que cuanto peor, mejor. Y en esas estamos, si fracasa la reforma de la sanidad rural, mejor para los de la gaviota y los de la rosa, que culparán a los que creían haber descubierto la fórmula de la naranjada. Si un diputado ha de dimitir por engañar con su currículum, a ninguno de los líderes de su partido se le pone la cara colorada, puesto que solo están pensando en cómo colocar a otro que sea de su cuerda, sea cual sea la cuerda.
Sigan, sigan... No dejen de mirarse el ombligo y pisar el callo del de enfrente, que las urnas se irán vaciando como los pueblos y cada vez habrá más gente que, en vez de ir a votar, se quede pasando la tarde en el teleclub.
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