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Suelo urbanizable, un regalo envenenado

Suelo urbanizable, un regalo envenenado

OPINIóN IR

29/07/2022 A A
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Suelo urbanizable, un regalo envenenado
El sentido gregario de las personas generó las tribus y su crecimiento la búsqueda de un asentamiento fijo. Nacen así las ciudades, enclaves fijos con deseos de territorio.

El crecimiento durante siglos fue condicionado por la seguridad, la existencia de agua y la facilidad de obtener los elementos necesarios para su propia supervivencia.

Se desarrollaron así las ciudades, como un organismo creciente que surtía de nuevas edificaciones a los nuevos usuarios, más bien a su aire, con los medios existentes en las cercanías (piedra, barro, etc) y adaptándose también al clima (calles más estrechas cuando hay mucho sol, ventanas grandes si hay poca luz …), como cualquier organismo que se adapta a las condiciones que tiene a su alrededor.

Pero el tiempo pasa, esas ciudades crecen, y el ‘organismo’ se hace más complejo. Ya no es posible dejar su desarrollo al albur de las necesidades del ciudadano individual y con la ‘Ilustración’, movimiento cultural que nace a mediados del siglo XVIII, empieza el estudio, también, de las ciudades. Sin mucha complejidad pero con intento de ordenación del crecimiento. Simplemente trazando viales y manzanas sencillas y con orden.

Vaya toda esta introducción, muy simplificada, como historia del urbanismo… hasta los años sesenta, en que empiezan los Planes de Desarrollo y de Urbanismo, no muy complejos pero ya con mucha más intención de previsión. Claro que, como todo es posible de ser ampliado, complicado y sofisticado, el paso de los años nos ha llevado así a unos planeamientos mucho más amplios, mucho más ambiciosos y, a veces, mucho más generosos que realistas.

Creo que más de una vez he escrito que el Plan General de León de 1962 era un plano ‘grande’ y un folio de normativa (por las dos caras), mientras que el actual son unos cientos de planos y unos miles de páginas.

Así, simplificado mucho para poder llegar al asunto de que se trata, existen hoy dos tipos de suelos: el rústico, terreno cultivable de toda la vida, y el edificable, que, a su vez, también simplificando, será de tres tipos: urbano, el que tiene todos los servicios de calles e infraestructuras, urbano no consolidado, físicamente muy próximo, pegado, al urbano, sin esos servicios pero que con ‘facilidad’ puede tenerlos, precisamente por esa cercanía, mediante los procedimientos fijados por el ordenamiento general, y lo que sería el suelo en perspectiva, el que se llama suelo urbanizable, sin servicios, en estado natural, que puede ser e incluso mantener su posible cultivo al menos hasta que se transforme en suelo usable y construible.

Con la llegada del ‘boom’ inmobiliario, ese último tipo de suelo se multiplicó de manera explosiva (en concordancia con las expectativas generales) y muchas veces a petición de sus mismos propietarios, que veían en el futuro un pingüe beneficio. Millones de metros cuadrados. Por dar una idea de lo que se planea en el desarrollo urbanístico, el PGOU de la ciudad de León se planteó para 250.000 habitantes, más o menos el doble de la actualidad y que, desde luego, visto lo visto, nunca veremos.

Pero todo tiene su parte mala. Todo suelo no rústico, en diferentes grados, paga IBI, unos por realidad y otros por perspectiva.

Con esto, los millones de metros urbanizables empezaron a tributar a las arcas municipales, un mal menor mientras había posibilidades de transformación en suelo vendible. Pero cuando esa posibilidad empezó a difuminarse, a la par que el bolsillo a dolerse, las voces de protesta por esa clasificación se generalizaron, tanto, que más de un municipio directamente propuso, sin cambiarla, la anulación del impuesto.

En concordancia, y teniendo en cuenta que sin duda las previsiones no se correspondían con la realidad, en el 2014 la JCyL fijó un plazo de ocho años para que, si pasado ese tiempo, un suelo urbanizable no se había desarrollado, automáticamente volviera a su ser rústico de siempre. Es decir, que al final del presente 2022 la enorme mayoría de esos millones de metros cuadrados perderán su clasificación de urbanizable.

Más hete aquí que, apareciendo en el horizonte todos esos millones de euros prometidos por Europa, y siendo posible que pudieran servir para poner en marcha cualquiera de estos suelos, se ha prolongado su clasificación dos años más.

Una buena intención sin duda, pero con pocos visos de realidad. No es fácil promover nuevos suelos, con los cuantiosos gastos de gestión y puesta en uso que ello conlleva, cuando, en la propia ciudad hay ahora miles de metros ya urbanizados, ya con servicios, ya disponibles, en todos los polígonos desarrollados y por tanto mejor situados.

Y claro, esos suelos urbanizables a los que se les prorroga su final, siguen tributando. Un regalo con dientes. Bueno, prorróguese, pero, al menos gratis, por favor, porque estamos hablando de muchos cientos de millones de metros en toda la comunidad.
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