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Sólo le pido a Dios

Sólo le pido a Dios

OPINIóN IR

27/06/2019 A A
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Sólo le pido a Dios
Su traje negro desgastado, como si hubiera sido testigo de incontables bodas, y su camisa blanca arrugada no hubieran llamado mi atención si no estuvieran combinados con unas chanclas, eso sí, negras. Sus pies, parte del cuerpo más cercana a la tierra, es decir, a la realidad, eran los que contaban la verdadera situación personal y económica del modelo que portaba ese llamativo conjunto. El traje no era más que un disfraz para imprimir algo de seriedad impostada junto a la guitarra que llevaba entre sus manos. Personajes como éste no escasean en el metro de Madrid, pero es lo que tiene ser de provincias, que cuando vamos a los madriles nos fijamos en detalles o personas que seguramente para los lugareños se han vuelto invisibles.

Subió al vagón en la parada Rubén Darío, por pura casualidad lógicamente, pero yo lo quise entender como una posible señal premonitoria sobre lo que podría salir de sus cuerdas vocales. Sus facciones hacían imposible adivinar su edad exacta, aunque creo que rondaría los sesenta años. Mirándole de reojo estaba expectante por escuchar la canción que serviría de excusa para posteriormente pedir la voluntad a sus compañeros de viaje. Los primeros acordes me eran familiares pero no conseguía identificarlos, no sé si por mi ignorancia musical o por errores continuados provocados por los gordos dedos que presionaban las cuerdas de su guitarra marrón oscura. Pero mis dudas se disiparon cuando escuché sus dos primeras palabras, que no fueron otras que ‘bailar pegados’. No sé ustedes, pero el escenario y el solista hacían prever cualquier cosa excepto esta balada de Sergio Dalma. Versionada, eso sí, pero su efecto era el mismo. No desentonaba, pero si fuera un concursante de Got Talent recibiría merecidamente cuatro noes por parte del jurado.

Mientras él seguía cantando, mi atención fue diluyéndose hasta pasar únicamente a escuchar en la lejanía palabras sueltas como delfines, corazón con corazón o bailarines. Y de repente y tras unos acordes imprevistos pronunció cinco palabras que volvieron a captar mi atención. Y es que ese ‘sólo le pido a Dios’ me trasladó de repente a la década de los noventa e irrumpió en mi recuerdo esa portada negra y blanca del disco ‘Mucho más que dos’ de Víctor Manuel y Ana Belén. En ese mismo momento decidí que ese eterno aspirante a músico se había ganado parte de la calderilla que llevaba en mi bolsillo.

Al finalizar la canción dirigió sus pasos al otro lado del vagón. Mientras se alejaba, sin recibir ninguna moneda de los viajeros sentí impotencia porque no iba a tener la oportunidad de darle unos euros en señal de gratitud por el viaje gratis al pasado que me había regalado.

Pero el destino quiso que se diera la vuelta hasta llegar a mi vera, momento en el que le deposité en sus rudas manos mi voluntad. No me dio las gracias, pero a cambio me hizo la siguiente pregunta: ‘¿Sabes quién compuso esta canción y por qué?’. Mi movimiento de cabeza de un lado a otro fue mi respuesta, lo que le obligó a resolverme este enigma. ‘La escribió el cantautor argentino León Gieco en 1978 debido a la difícil situación de su país que vivía una dictadura militar y a pesar de que fue censurada en un principio, luego se convirtió en un himno a la paz durante la guerra de las Malvinas.

En ese mismo momento supe que esta columna tenía que dedicársela a este desconocido que ejerció de Wikipedia de carne y hueso. Y no sólo por haberme regalado unos datos de los que debido al emisor y al lugar de emisión no olvidaré nunca, sino por su sinceridad, ya que al darle las gracias por la información exclamó sin ruborizarse «te lo cuento a ti porque eres el único que me has dado algo». Y sin más se dio la vuelta y se acercó a las puertas para bajar en la siguiente parada, mientras no me conseguía quitar de la cabeza ni la melodía ni la letra de esa canción, lo cual me ayudó a tomar conciencia, al menos durante unos segundos, de que en la actualidad por desgracia además de la guerra hay muchos más monstruos grandes que pisan fuerte toda la pobre inocencia de la gente.
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