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Sólo la vejez derrota a la última guerrillera

Sólo la vejez derrota a la última guerrillera

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Consuelo Rodríguez 'Chelo' a los 98 años en su domicilio en Francia. | L.N.C. Ampliar imagen Consuelo Rodríguez 'Chelo' a los 98 años en su domicilio en Francia. | L.N.C.
Fulgencio Fernández | 18/07/2019 A A
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Sólo la vejez derrota a la última guerrillera
Obituario Fallece en Francia, a los cien años, Consuelo Rodríguez ‘Chelo’, integrante de la guerrilla galaico leonesa y una de las mujeres de biografía más dura, desde que vio asesinar a sus padres y después morir en el monte a sus 4 hermanos y su marido
En la noche del miércoles falleció en Francia, donde se exilió, una de las mujeres con la biografía más dura que se pueda imaginar, desde que siendo una adolescente tuvo que ver cómo asesinaban a sus padres, después morir en el monte como miembros de la guerrilla a sus cuatro hermanos y, finalmente, a su marido, el guerrillero Arcadio Ríos. Tanto sufrimiento queda recogido en una frase suya, pronunciada en Berlanga del Bierzo en 1949: "Huyo a Francia. Ya han sido demasiadas muertes entre los míos, no aguanto más".

Y así lo hizo. No regresó del país vecino, en el que acaba de morir esta mujer a la que solo pudo derrotar la vejez y sin dejar jamás de reivindicar su historia, su lucha y a los suyos. Allí murió en la isla de Ré, mirando al mar.

Chelo fue una de las pocas que no fue ‘solamente’ enlace también se sumó a la guerrilla en el monte, para poder estar al lado de quien siempre nombraba como "el amor de mi vida" o "mi marido en la guerrilla", Arcadio Ríos, pues aún no se habían casado cuando éste fue abatido, en los montes de Casaio, ese paraje marcado por la presencia de minas de wólfram, cuyo control sería tan importante en la Segunda Guerra Mundial.

Vio cómo asesinaban a sus padres, perdió en el monte, con la guerrilla, a sus cuatro hermanos y también a su gran amor, el guerrillero Arcadio Ríos En 2004 recibió la visita de Odette Martínez, la hija del guerrillero Kiko con el que ella había coincidido, para rodar un documental y ella le confiesa: "Vienes tú, que eres la hija de Kiko, y para mí cambia todo, los recuerdos son algo que ata. Si llega a ser otra persona, que no tiene nada que ver con la guerrilla, sí la recibo bien, hablo, estoy a gusto con ella, pero no tengo la confianza que tengo contigo, aunque no te conocía, pero eres la hija de Kiko". Y llega a sincerarse aún más cuando le cuenta que se pudo casar en Francia, después de todo lo vivido, porque su marido, Marino Montes, “también había sido guerrillero, aunque yo ya lo conocí en París. No hubiera podido hablar con un hombre que no conociera la guerrilla. A Marino, mi marido, nunca le oculté nada, ¿tú crees que otro hombre aguantaría verme llorando por Arcadio? Vería que yo estaba enamorada perdida de aquel hombre, de aquel compañero de guerrilla, y no se hubiera casado conmigo”.

Estas palabras explican la emoción que muchos años más tarde de los años en el monte, ya en 2007, sintió Consuelo Fernández cuando le dijeron que habían localizado la fosa de Arcadio y ella acudió a la exhumación, desde Ré. "Tenía más miedo a ir donde estaba Arcadio enterrado que donde estaban mis padres. Tenía miedo de no soportarlo, que se me parara el corazón en aquel momento". Y cuenta con tremenda sinceridad cómo primero no quiso encargar una cinta para el ramo de flores que le iban a poner en su tumba y donde grabaran la frase "a mi gran amor" por respeto a Marino. Pero a la hora de la verdad no lo pudo evitar y pidió que le escribieran a rotulador, en la cinta sin mensaje, la frase que a ella le apetecía poner: "De Chelo, a mi amor eterno, Arcadio". Y cuando lo recuerda, añade: "No puedo hablar de él sin llorar, no puedo respirar. Muchas veces estaba en casa, en Francia, y me entraba una pena muy grande, entonces cogía una foto de Arcadio y la apretaba con todas mis fuerzas contra mí".

Chelo fue de las pocas mujeres que no solo fue enlace, se hizo guerrillera para poder estar al lado de Arcadio La aparente fragilidad física de Chelo nada tenía que ver con su fortaleza real, no solo en la guerrilla, en la vida: "En mi juventud iba a trabajar al campo, a veces desde las cuatro de la mañana, a cortar el centeno, con la hoz, y podíamos estar hasta las diez de la noche. Pero teníamos de todo, ovejas, vacas, gallinas… no nos faltaba de nada en casa, éramos muchos y trabajadores. Y comíamos la leche con pan, en el campo, son recuerdos para mí preciosos".

La guerra fue muy cruel con su familia. Eran seis hermanos y uno de ellos, Rogelio, "que era peluquero y no se quiso quedar con Franco, se escapó para casa por la montaña y lo tuvimos un año y medio escondido. Otro hermano, Sebastián, vino de permiso del ejército y tampoco volvió, por lo que vinieron a buscarlo a casa, que estaba escondido en el tejado, y lo mataron. Nos llevaron todo, hasta los quesos. Nos llevaron a la cárcel de Ponferrada, estuvimos allí ocho días, después a la de León. En la cárcel ya vi lo que nunca había visto, a hombres que eran salvajes con otros hombres, peores que lobos".

Los hermanos, le quedaban tres, huyeron al monte y Chelo se convirtió en enlace. "Hacíamos mucha labor. Vigilaba a la guardia civil, les llevaba comida, ropa… Exponíamos la vida más que ellos porque ellos tenían las armas. Yo siempre recogía a todos los guerrilleros, jugándonos la vida, la mayoría de las enlaces éramos así".

Y en esta etapa aparece Arcadio Ríos en su vida: "Vinieron muchos compañeros de mis hermanos, entre ellos Arcadio. Con el tiempo en él encontré toda mi vida, encontré a mi madre, a mi padre, encontré todo lo perdido. Y me marché con él al monte. Yo era responsable de mis actos, yo quería a un hombre y él me quería a mí y me fui con él, claro que no me pesa. Mi amor y mi profundidad no le importa a nadie. En la montaña teníamos una choza de piedra, con una ventana para vigilarlo todo, para que no nos sorprendieran. Salíamos a las praderas. Son los recuerdos más bonitos que viví, porque estaba con la persona que más quería. Yo llevaba pistola porque no quería que me cogieran como a mis padres, como a mis hermanos, no pensaba dejarme cazar".

En 1949, en Berlanga del Bierzo, dijo: "Huyo a Francia, ya son demasiadas muertes entre los míos, no aguanto más"  La historia de amor entre los dos guerrilleros no pasaba inadvertida a sus compañeros; uno de ellos, el conocido Manuel Zapico decía: "Arcadio y Chelo eran los amantes míticos de nuestra guerrilla, un amor robado al borde del precipicio”. Entre 1941 y 1946 vivieron esta aventura, pero Chelo, la que no dudaba en ponerse la pistola al cinto, se viene abajo cuando en el documental de Odette Martínez recuerda el trágico final, otro más en su vida: “Hubo un combate duro en los valles de Casaio y allí me lo mataron, a mi lado, ¡qué dolor!".

La siguiente secuencia ya está contada, en Berlanga del Bierzo. “Son ya demasiados muertos entre los míos” lamentaba Consuelo y huyó a Francia. Llegó Marino a su vida y disfrutó de “cierta paz” porque “esa cosa la he llevado siempre dentro”.

Sus palabras en el acto de exhumación de Arcadio hablan del sentido de la larga batalla de esta mujer. “Después de tantos años sin saber ni dónde estaban ahora tienen una placa, con su nombre, para que sepa el mundo entero que lucharon por una libertad que ellos no pudieron alcanzar”.

Y no pudo seguir. Entonces hablando. Ahora viviendo.
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