09/01/2019
 Actualizado a 15/09/2019
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El pasado día cuatro, con motivo del aniversario de su temprana y lamentable muerte en 1960, recordamos algunos (arrogarse la representación de todos sería absurdo) a Albert Camus. Si el recuerdo es pervivencia, la relectura, solo sea de pasajes de su obra, es el mejor homenaje que, estimo, se puede hacer a un escritor. Así lo hice en el libro de su hija Catherine: «Albert Camus, solitario y solidario», en el que rememora y recorre la vida de este «hombre severo, pero tierno y luminoso» que «le abrió en su momento los caminos que le han permitido vivir y sobrevivir», como, en varia forma y medida, a tantos. Así –qué sabio es, a veces, el subconsciente– en su obra teatral ‘Calígula’.

Qué duda cabe que este será un año de metafóricos Calígulas. Calígulas dispuestos a la desfiguración de la ya herida Unión Europea, tan de los mercaderes y tan poco de los ciudadanos; tan inhumana e insolidaria con tantas personas (ah, cementerio Mediterráneo). Calígulas prestos a maltratar –por exceso o por defecto– la constitucional España autonómica (a la que se sabe, ¡ah neurosis!, estoy inclinado por constitucionalista y receloso por jacobino). Calígulas listos al remate de derechos y progresos ciudadanos, de humanas solidaridades que tanto costó conquistar en este Estado central, autonómico y municipal. Y todo, sin duda, con esas «manifestaciones suaves o decorosas de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante», que son los patrioteros eufemismos.

¿Pero qué ha hecho que, por toda parte, se extiendan estos Calígulas como indeseable mala yerba? Bien podemos encontrar guías para un sereno reflexionar estas frases de Camus: «La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas» y «en política son los medios los que justifican el fin».

Uno lee estas frases y estima que no son propias de demócratas –independientes o militantes y, en especial, de los partidos– la descalificación fácil, la apasionada transferencia de responsabilidades, las peligrosas alianzas con Calígulas, sino que precisamos una autocrítica seria, sincera y pública de las muchas dejaciones de responsabilidad y corrupciones, por todos sabidas y consentidas, y un regreso urgente a políticas no tan cortoplacistas que opacan las diferencias entre sus proyectos de sociedad, española y europea, pues carecen estos de toda ilusión, credibilidad y pedagogía social. Tal que fuésemos súbditos y no conciudadanos.

¡Nunca Calígulas! ¡Siempre Camus! y ¡Salud!
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