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"Si no te tiras al río nunca lo cruzas"

"Si no te tiras al río nunca lo cruzas"

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Las dos generaciones de La Pradera, Blanca, Pedro, Marga y su marido, Maxi.  | L.N.C. Ampliar imagen Las dos generaciones de La Pradera, Blanca, Pedro, Marga y su marido, Maxi. | L.N.C.
Fulgencio Fernández | 11/08/2019 A A
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"Si no te tiras al río nunca lo cruzas"
Gastronomía Embutidos La Pradera de Fontún acaba de recibir en Londres dos estrellas de los llamados Óscar de la alimentación, los Great Taste Awards. Detrás del premio está la aventura arriesgada con final feliz de los padres de la actual propietaria, Blanca y Pedro
Si empezamos por el final de la historia encontramos que a Marga González y Maxi Prieto les llega una comunicación, en castellano e inglés, que dice, en esencia: "Su Chorizo Agridulce Artesano La Pradera ha sido reconocido con dos estrellas en los Great Taste Awards 2019, que se conceden en Londres" y, añaden todos los comentarios, "considerados los premios de alimentos y bebidas más codiciados del mundo". 

Es evidente que para este joven matrimonio es una enorme alegría, pero piensan, sobre todo, y así lo repiten en los padres de Marga, Blanca González Gordón y Pedro González, que fueron quienes crearon en 1997 Embutidos Artesanos La Pradera.

Y es que si la historia la iniciamos por el principio, Blanca y Pedro son la historia, un matrimonio originario de Gete, trabajadores a carta cabal, que con sus propias manos montaron lo que sigue siendo una empresa familiar, lo que nunca ha dejado de ser en su sentido más literal, desde Pedro, que es el mayor, a Iker, el hijo de Marga y Maxi, que con menos de tres años el juego que más le gusta es ayudar a embutir a sus padres.


- Este reconocimiento lo vemos como un homenaje a mi familia y principalmente a mis padres, a los creadores de todo esto, a dos enormes trabajadores que deben sentir hoy el mismo orgullo que mi marido y yo; explica Marga González.

- Ya no tenemos nada que ver con la fábrica, la llevan ellos, la trabajan ellos, pero ha sido una sensación de tanta satisfacción, de sentir que ha merecido la pena tanto como hemos pasado, porque Pedro es más echado para adelante, pero para mí fueron años horrorosos, veía al banco quedándose con todo cada vez que algo se torcía; explica Blanca, mientras Pedro reconoce que «no soy muy de acojonarme, con perdón de la palabra, y además tenías esa ilusión de que con cuatro hijas pequeñas pues habrá que pelear por ellas».

Casa Fundada en 1987


Cuenta la pequeña historia que recoge la nota de prensa de los galardones que "Embutidos La Pradera de Fontún es una pequeña empresa familiar con más de veinte años de andadura, desde que en 1997 la abrieran el matrimonio formado...". Y es cierto, pero es que la fábrica de embutidos era el segundo paso de una aventura que comenzó diez años antes, con una bar restaurante, en el mismo lugar.

- ¿Cómo fue lo de irse a Fontún?

- Pues porque mi tío —explica Blanca— nos regaló allí el terreno para empezar. Y allí nos fuimos, a abrir primero el restaurante, que a mí me daba mucho miedo, nunca habíamos trabajado en ese mundo.

- Nadie nace aprendido, si no te tiras al río no lo cruzas;  matiza Pedro, que parece que fue quien tiró del carro, aunque Blanca reconoce que le siguió porque era de razón.

"Teníamos las niñas pequeñas, tenían que ir a la escuela y no la había ni en Gete, ni en Cármenes... y pensamos que era el momento".

Lo fue, el momento. Y las cuatro hijas que siempre fueron un motor. Pese al enorme trabajo que tenían se implicaron en el Ampa (entonces APA), en la vida del colegio... y fueron excelentes estudiantes, universitarias.

Ya estaban en Fontún. Muchos vecinos recuerdan a Pedro siempre de camino de Gete a Fontún, a levantar con sus propias manos el edificio; a Blanca con las niñas, con el ganado... "Yo con el ganado me atrevía con todo, pero el bar me daba un miedo".

En el bar llamaba la atención el embutido casero. "Matábamos 10 ó 12 cerdos, lo hacíamos todo nosotros, como se hizo toda la vida, y claro que le gustaba a la gente". El paso parecía inevitable. "Todavía andábamos entrampados con lo del restaurante y Pedro ya empezó con lo de la fábrica; la verdad es que los veterinarios nos decían que tendríamos que etiquetar... hubo quien nos ofreció la etiqueta pero... tiramos para adelante, había unas subvenciones y otra vez al lío. Yo ya tenía 50 años —dice Pedro— y pensé que si lo dejaba pasar ya no iba a ser tiempo".

Y de nuevo tiraron para adelante, nuevos enredos... "pero salimos para adelante".

Y en ese caminar hacia adelante había varios factores fundamentales, la enorme capacidad de trabajo de los patriarcas, la familia y la fidelidad a una forma de hacer. "Seguimos haciendo el mismo embutido, como nos enseñaron ellos, creo que ése es el secreto. Han cambiado cosas, claro, como que ahora se ahuma menos o, mejor, antes se ahumaba en exceso", explica Marga González; y su padre abunda: "Yo siempre tuve una cosa muy clara, la situación era la que era, pero jamás se me ocurrió ahorrar en la materia prima, siempre busqué la mejor carne, los vendedores saben que devolvía los cerdos que no me parecían de calidad". Y cree que el boca a boca fue haciendo el resto, y mantenerse fiel a atreverse con lo que podía abarcar: "Muchas veces se nos acababan los chorizos varios meses antes de volver a matar y al año siguiente no hacíamos más". 

Y así fue como el experto jurado de los premios Great Taste Awards 2019 explicó para concederle las dos estrellas —es decir, para reconocer que son un producto "más que delicioso"— que "su apariencia rústica encantadora y gran color. Generoso con la carne; condimento y distribución de grasa bien equilibrados. Perfecta humedad y jugosidad, suave y untuoso, con un sabor largo y exquisito. Presencia inmediatamente atractiva, fuerte y con una hermosa profundidad de color en el corte. Aroma enormemente atractivo con un toque perfecto de humo que cumple ampliamente la promesa: profundidad rica, condimento bien modulado y gran calidad del pimentón".

Ellos lo han dicho. Y Pedro sonríe: "Si ellos lo dicen, bien dicho está".
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