El largo aullido de una corneta y el estruendo de tres sacudidas de una gruesa cadena con un cuerpo desplomándose contra un entarimado de madera. Los sonidos de las Caídas de Almanza son sin ningún género de duda uno de los más característicos de la Semana Santa en el medio rural leonés, en un acto genuino declarado de Interés Turístico Regional. Una tradición de cinco siglos que, cayéndose, se mantiene en pie gracias a las nuevas generaciones implicadas en la representación.
En este sentido, cabe señalar son los jóvenes de este pueblo los que han dado un paso al frente para sostener la más singular de sus tradiciones. En especial, aquellos que han interpretado durante la última década el siempre complejo papel del Nazareno, el Jesús viviente que, descalzo y cargando en alto unas cadenas macizas, se desploma tres veces sobre la madera de la Iglesia de Santa Marina en la tarde del Viernes Santo acompañado por un judío que, con su lanza, le apremia a ir a cargar con su cruz para recorrer las calles de Almanza.
Alberto Fuentes, Mariano Cardoso y Roberto Gallego, ya los tres superando la treintena, han recogido el testigo de esta tradición centenaria y, sin miedo a lesionarse, se han puesto una corona de espinas, una larga melena y una túnica de color púrpura para que las Caídas no dejen de ser la seña de identidad de la Semana Santa de Almanza. Un compromiso que nace, según todos ellos coinciden, del «amor por el pueblo» y del «orgullo» por mantener viva esta Pasión que cada primavera congrega a centenares de visitantes.
Estos jóvenes han dado un paso al frente, conservando la tradición en esta última década
El papel, como el derecho a llevar los pasos, se subasta el Domingo de Ramos y es normal que pujen para ser Nazareno aquellos vecinos que quieren cumplir con un voto o quienes ese año alcanzan los 33, la edad de Jesucristo cuando fue crucificado. En el caso de quien asumirá en este 2026 este honor y esta responsabilidad, Mariano, se juntan ambas circunstancias.

Mariano tiene 33 años y hace solo unos meses que falleció su padre, Toño, quien también protagonizó el papel central de las Caídas del Viernes Santo en numerosas ocasiones. Por tanto, el Nazareno quiere que su representación de este viernes a las 18:30 horas, además de mantener la tradición una Semana Santa más, sirva como «homenaje».
Legado de padres a hijos
Será la segunda vez que Mariano sea el Nazareno de su pueblo, después de una procesión «corta por culpa de la lluvia» hace dos años. Mucho tiempo atrás, cuando era un niño, ya se había puesto la túnica púrpura y había cargado con una cruz mucho más ligera en la Semana Santa infantil de este pueblo. Los más pequeños, vestidos todos de esa característica tonalidad morada, se sitúan junto al altar de la iglesia de Almanza y son los espectadores más privilegiados de las tres caídas que, como en este caso, algún día tendrán que representar. «Me acuerdo que una vez coincidió que hizo mi padre de Nazareno grande y yo de Nazareno pequeño, el que lleva la cruz pequeña. Lo pasaba mal cuando hacía las Caídas. Me escondía en la sacristía porque lo pasaba mal con los ruidos y con todo», relata este almanceño.
El Nazareno va descalzo y porta unas pesadas cadenas, con las que cae tres veces contra el suelo
Ahora será el hijo de Mariano, Iker, el que vea a su padre mantener vivo este legado que quién sabe si algún día también tendrá que asumir. De hecho, forma parte de una saga familiar, la de los Cardoso, muy vinculada al papel del Nazareno puesto que Lolo y Urín, hermanos de Toño, también lo representaron en su día.
El testigo que recoge Mariano lo entrega Alberto, Nazareno del pasado año y quien a pesar de su juventud es todo un histórico de la Semana Santa de Almanza. Cinco veces, bromea que «siete con las que no se pudo hacer por la pandemia y estaba en el cargo», ha completado las Caídas y la procesión de después, en la que van descalzos y cargando una pesada cruz sobre sus hombros. «La procesión es lo que peor llevo. El recorrido se hace largo y tienes que ir todo el rato agachado», valora este otro almanceño afincado en La Virgen del Camino.
Alberto es un histórico de la Semana Santa de Almanza y ya ha hecho cinco veces de Nazareno
El debut de Alberto respondió al deseo de que su abuela Tina lo viese como Nazareno del pueblo. Después, tras su muerte, volvió a hacerlo en su recuerdo. Estos homenajes a seres queridos que ya no están son habituales y Roberto también representó un par de veces el papel de Jesús en memoria de su abuelo Tino y su tía Belén.

Roberto, otro de estos jóvenes de Almanza que mantienen vivas sus Caídas, destaca lo «icónico» del ruido de unas cadenas de casi 20 kilos contra la madera. «Lo tengo metido dentro desde pequeño. Es oírlo y ponerse los pelos de punta», comenta este Nazareno de la nueva generación.
Nervios previos
Los tres coinciden en que lo que «más largo se hace» es la espera previa en un cuarto al fondo de la iglesia, con todos impacientes de que termine el sermón de la Soledad y que el judío, con su lanza, su corneta y su bota de vino, vaya a buscar al Nazareno. «Los minutos antes se está muy nervioso. Una vez empiezas, ni te enteras. Lo vas haciendo sin darte cuenta, pero escuchas a toda la gente que hay. Se hace corto, lo que se hace larga es la espera», explica Alberto sobre estos nervios previos.
Mariano lo hará este año por segunda vez y será en "homenaje" a su padre, recientemente fallecido
El par de minutos que, a lo sumo, dura la representación son más que suficientes para justificar el reconocimiento de Interés Turístico Regional, el cual solo tienen en la provincia de León en Almanza y en La Bañeza, además del nacional de la Semana Santa de Astorga, Ponferrada y Sahagún y el internacional de la capital. El hecho de ser una escenificación en vivo única a nivel mundial de esta escena de la Pasión supone un acicate para que las nuevas generaciones se vayan animando a seguir con la tradición.
En este sentido, no faltan los consejos de los mayores, como el que Toño, que hizo por primera vez de Nazareno con 16 años, dio a su hijo Mariano: «las cadenas, siempre hacia adelante». Sobre todo, como en la vida, lo importante es levantarse y seguir. «Una vez, me quedé sin aire al golpearme en el pecho en la segunda caída. Me levanté y seguí. Quedaba la tercera y tenía que tirarme sí o sí», relata Alberto.
Estos nazarenos de la última década también destacan el «agradecimiento» de los vecinos del pueblo, en especial de los más mayores, a su colaboración en el acto central de su Semana Santa. Todos en Almanza «se portan muy bien» con Alberto, Mariano y Roberto o, como también les conoce de forma cariñosa, ‘Gatuso’, ‘El Santo’ y ‘Polines’.
Roberto asegura que se le ponen "los pelos de punta" al escuchar el estruendo de las cadenas
Nada más terminar el acto de las Caídas, al no poder el Nazareno con el peso de la cruz, el judío busca entre el público a un cirineo que le alivie la carga. Así, cada Viernes Santo por la tarde, da comienzo en Almanza la procesión de los pasos, que va avanzando y deteniéndose al ritmo que marca la corneta. «Al terminar todo, ya vamos a tomar unas limonadas. A ‘matar judíos’, que ya bastante mal nos lo hace pasar antes», bromean estos treintañeros del pueblo.
Mariano, a sus 33 años, se pondrá la corona de espinas este Viernes Santo y, previsiblemente, la próxima Semana Santa podría hacerlo Roberto al ser él quien cumpla esta edad. Alberto los tendría en 2028, por lo que el reparto a corto plazo, según comentan, «está claro».
Tres nazarenos para tres caídas. Alberto, Mariano y Roberto han ayudado en la última década, y todo apunta a que también lo harán en la próxima, a que la Semana Santa de Almanza siga ‘cayendo de pie’. Buenos muchachos, cada uno a su manera y amigos entre sí, que se han convertido en el orgullo para un pueblo y su Pasión.